miércoles, 27 de mayo de 2009

Mayami

Los patines huelen el sendero. Esculcan rutas de imagen en el pavimento que suda y se seca, se atormenta y respira. Las aceras de miami, los desagües disimulados, el obstinado gris que asciende puentes y se aturde con los motores las lanchas voladoras, nos abren paso. Alfonso desempaca su memoria de equilibrio, balancea manos y brazos para robarle empuje al aire. Lo sigo. La Lumix pide imágenes. Ladra con ansias de perro juguetón. Click-click. El instinto japonés ha sido digerido. El zoom se amedranta con la velocidad y opta por un gran angular donde quepan las aparentes piscinas de delfines y los bloques de apartamentos blanquiazules desolados. Que la crisis dejó vacíos los pisos, que es el momento para alquilar, comprar, aprovechar los atardeceres baratos, los amaneceres al detalle, en promoción, arrímense, arrímense. Rodamos y rodamos. Nos inmiscuímos en la Isla que no nos corresponde. Nadie puede detenernos. El mejicano vestido de caqui, sombrero, revólver, intercomunicador y gesto de tigra recién parida defiende la madriguera de las estrellas brillantes de Miami. Prohibido patinar por la acera, sigan la vía. Una avenida de palmeras reales divide el ir y venir de las escasas exclusivas villas malolientes. Huele a mierda. A mierda fermentada en pozo séptico desbordado. No mentimos. ¿ A qué huele la islita, alfonso? ¡A mierda!. Lo grabo. Supongo que los baños olerán a rosa. Que el desodorante de shakira, gloria Trevi, Stallone, y tal vez julioiglesiasdonfranciscovives, quién sabe quién más, huele a tinta de banco federal esplendorosa. Pero el asfalto no ha podido. Las entradas de hierro forjado, cerámica, o concreto bienenvuelto en multicoloras plantas tropicales expele un indiscutible acento de entraña desgarrada. Sigamos, vamos al puerto. Escapemos de este aroma, hedor, ardor de zobaco excluído. Y se nos viene encima la autopista. De nuevo vamos sobre un puente. La lancha pasa veloz, Le doy un espolonazo en picada. Me la atrapo. La lumix no me traiciona. Mierda. Se cayó. Se perdió un tornillito, pero sigue viva en su rally. Ahora le hace juego a mis gafas .Una patita de mi visión portátil se ha fracturado, pero no desprendido ¿Aguantará hasta el retorno? Está en peligro mi visión presencial y mi memoria futura. Las tormentas enanas del sur, las que han mojado todo el día el pavimento nos juran que no volverán hasta mañana. El cuerpo suda. El patín ha perdido el brío. Claro, se zafó un tornillo del chassis. A cada patada suena un clac, que no es el click. Es un probable tropezón sobre el asfalto. Aparece una silla de madera de parque de Miami. Me quito el patín, saco mi llave universal. Le saco la segunda rueda de 10 cm. Claro, se aflojó, se aflojó, no hay derecho roller blades. Semejante precio para que un tornillo no sea capaz de mantenerse firme. Ajusto el tornillo delantero y el trasero. Vuelvo a colocarme la nave. Ahora todo va mejor. Los adoquines no se pronuncian, no rallan, no dejan que la dicha se detenga. Y viene el atardecer. La playa vacía deja a un lado el color y se lo regala a tres barcos fondeados en el horizonte. Una torre de salvavidas se rebela y se chupa el naranja singular de un presagio de poniente. Tres muchachos nos sobrepasan levantando sus largas patas, enredándose con pericia homosexual sus brazos y antebrazos. La pista de south beach en línea de una rectitud apenas ondulada camugla los secretos de los patios congelados. Dillers y desocupados negros levantan gritos y sonrisas a nuestro paso. Que no nos corresponden. Sólo uno. Viejo terco parece decirme. Y exagero el gesto, soy olímpico. De repente una tumba blanca, otra, decenas, miles. En cada una un nombre, una fecha, un título. Soldado, soldado, subteniente... Vuelvo al recuerdo de los columbarios. No hay tumbas anónimas, son tumbas con nombre, con día y lugar de muerte. La palabra Irak se come el cansancio, el espectro de Bush llena la sombras de palmeras y se absorve el olor de los arbustos retorcidos. Muerte venerámoste e implorámoste nos aguardes un buen rato. Estamos patinando. Tengo un regalo para la señora beatriz gonzálea. Me agacho y pienso que le llevaré estas fotos. Querida Lúmix trabaja, trabaja. Y se va deshaciendo la luz. Va chorreando el sudor del único casco protector en el camino. La sal húmeda toca mi ojo. Me limpio. Ya elcronómetro indica que los dos dólares veinticinco del parqueo callejero se aproximan a su fin. Allí está el volskwagen blanco de Elsy, la mamá de Alfonso. Aquí está la dicha, en mi cámara la constancia, en el asfalto la huella de un trayecto mas, de un pedazo de camino. Hemos patinado. Muchas imágenes de un miami on the road, imprevistas,inútiles se han guardado en la cajita negra. Esperen, esperen. Voy a meterlas en el compu y las mandamos para algún destinatario bien lejano, de estos que están casi aquí, aquí... Aquí vamos , aqui vamos.
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.