martes, 15 de septiembre de 2009

a una amiga afligida en septiembre del 2001


Nenita,

He estado pensando en el tono angustiado de tu carta
y me han dado deseos de escribirte algo.
Algo que pudiera también decirle a los sobrevivientes de Armero y New York,
a los de la explosión del Das y a los que se agarraron del árbol
cuando tronó en el Salvador y en CostaRica,
a los que se les varó el tren llegando a Auschwitz y los salvó un matorral,
a todas las lagartijas que se treparon en las hojitas de plátano que
flotaban cuando el meteorito más grande tropezó contra el Caribe
e inundó todos los valles
y arrasó hasta con el último dinosauro.
Algo que pudiera escuchar el japonesito aturdido que Dios sabe cómo no se
deshizo en Hiroshima,
o a los que no se tragó el mar en las costas de Chile cuando vino la gran
ola y comprendieron la palabra maremoto,
a los que que quedaron pendiendo de un hilo el día que atacó el sida en el
África central,
o a los que mandaron a pelear en la guerra contra el Perú y los envolvió
una nube de fiebre amarilla en el Putumayo,
a los que la Virgen les tendió la mano
o el demonio un salvavidas cuando el témpano inmenso de hielo le rompió la
humanidad al Titanic,
o a los que tiritando del pánico olvidaron su paludismo en la arremetida
paramilitar contra Pavarandó
a los que han sobrevivido al tedio de la peste burocrática en las oficinas
de Srilanka, Quito o Pasadena,
o a los que no se apearon en el submarino nuclear ruso que ahora tratan de sacar a flote
de las heladas aguas del norte de Europa,a los que sobreviven la puñalada del hambre en Río de Janeiro, Bombay o
Juanchito,
a los que no han perecido en Barcelona, ni en Haití ni en Alaska, envueltos
en las bocanadas de mercurio que exhalan por sus axilas los pescados,
o las señoras de las misas en las polvoredas de azufre que expelen las iglesias,
a los que se creen vivos y nadie puede darles el certificado pertinente,
a todos aquellos que por terquedad, azar, o astucia, nos creemos remando en
la canoíta de la vida
y narramos orgullosos lo que no nos ha matado, estripado, degollado.

Alguna palabrita quiero decirte, pero todavía no la encuentro,
cuando me la pille te la cuento,

Diego

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He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.