lunes, 15 de noviembre de 2010

Contra Escena
CINE EN EL CEMENTERIO.

14/11/10| Por:sandroromerorey

Diego García siempre me ha rimado con la Dirección de Fotografía. Sé de su existencia desde hace muchos años, cuando era estudiante de cine en Francia junto a su hermano Sergio. Los llamaban ¿los hermanos Taviani¿, como sus émulos italianos. A su regreso a Colombia, Diego y quien escribe nos cruzamos en el rodaje de dos de los documentales memorables de Luis Ospina (¿Antonio María Valencia: música en cámara¿ y ¿Ojo vista, peligra la vida del artista¿) donde Diego ofició como el hombre de las luces. Años después, coincidimos por las mismas calles parisinas, mientras él armaba proyectos imposibles de largo metraje y rodaba, sin ningún afán, las imágenes de lo que luego sería uno de sus trabajos más destacados: ¿Las castañuelas de Nôtre Dame¿. En el nuevo milenio, ambos sentamos cabeza en Bogotá, tuvimos hijos casi el mismo año (por supuesto, cada uno con su respectiva fémina) y tomamos resoluciones contundentes con respecto a nuestros destinos: haríamos lo que realmente nos diera la gana. En ese sentido, Diego ha triunfado. Al decidir que la utopía del cine en Colombia no está de su lado, optó por inventarse su propia manera de distribuir sus películas. Con ¿El corazón¿, para no ir más lejos, ha viajado por todo el país, con el film en su mochila, inventándose foros interminables con los espectadores y convirtiendo el acto de la proyección en un punto de partida para la reflexión. Diego no le ha querido vender el alma a ningún diablo. Cada vez es más rebelde, más intransigente y más convencido de la eficacia de sus trabajos. Por eso, luego de reencontrarnos en el Festival de Cine de Cali, donde presentó su último documental sobre la artista Beatriz González (titulado ¿¿Por qué llora si ya reí?¿), le pedí el favor de que me dijera cuándo sería otra proyección de su nuevo largo. ¿La próxima vez será en el Cementerio Central de Bogotá¿, me dijo, con una temible cara de palo. Al principio pensé que me estaba tomando del pelo, pero luego me di cuenta de que me estaba cursando una invitación. Sí. La proyección de ¿Beatriz González, ¿para qué llora si ya reí?¿ sería el 11 de noviembre del año de gracia de 2010. No lo dejé pasar por alto y, acompañado de Vivian Newman (quien sólo admite bailar con parejos como Diego) nos fuimos a la cita funesta. Yo sabía que en el Cementerio Central le habían rendido un homenaje a Jairo Pinilla (el conocido ¿Ed Wood colombiano¿) y, poco antes de morir, Carlos Mayolo había seguido la saga con una memorable proyección de su ¿ópera prima¿ titulada ¿Carne de tu carne¿. En este caso, Diego había sido invitado a un evento insólito: ¿El primer encuentro de cementerios patrimoniales de Colombia, gestión y valoración¿. ¿Por qué a Diego? Porque su película era la recuperación del trabajo de Beatriz González con las nueve mil lápidas del derruido columbario del camposanto capitalino y, prácticamente, dicha necrópolis era su principal locación. Así que hasta allá rodamos, en una noche helada donde, por fortuna, no cayó ni una sola gota de la infinita temporada invernal colombiana, que me adelanto a llamar ¿la temporada infernal¿. La proyección estaba programada para las seis y treinta de la tarde, pero todo se atrasó. No puedo decir que esto era típico de los encuentros de cementerios patrimoniales, por razones obvias, pero no nos arrepentimos, puesto que tuvimos tiempo para conversar con Diego y luego para oír una interesantísima ponencia, que limitaba con el surrealismo, donde una ¿especialista¿ del cementerio de Barcelona explicaba las ventajas de su propia necrópolis, como si ella fuese la directora de la oficina de turismo del Más Allá. Diego nos contó que no quería haber hecho la proyección en la capilla del Cementerio Central sino en el mismísimo columbario, puesto que allí era el epicentro de la obra de su homenajeada. ¿Menos mal¿, pensamos con Vivian al unísono. De lo contrario hubiésemos sido los próximos habitantes del camposanto, víctimas del frío sobrenatural que allí reinaba. Por fin, a las nueve y treinta de la noche, la película de Diego García-Moreno vio la luz. Hora y media después, entendimos la insistencia de Diego por hacer la proyección en el columbario. Nuestro amigo quería organizar una instalación que funcionase como el hombrecillo de la antigua lata de la Avena Quaker (ya se sabe: un hombre que sostiene una lata en la que se ve a un hombre que sostiene una lata en la que se ve a¿). En este caso, una proyección en un columbario, donde se ven las imágenes del columbario, etc. Y, por supuesto, ello justificaría esta nota, el hecho de que esté publicada en un espacio donde se escribe sobre las artes escénicas. Porque, una vez más, insisto. Las artes escénicas cada vez más dependen de las artes plásticas. Y éstas dependen cada vez más del cine. Y las artes escénicas cada vez más son ejercicios dancísticos, en fin. En el arte, todo ya es todo. El evento del Cementerio Central era un ¿performance avant la lettre¿, si se me permite el políglota juego de palabras. Por su parte, la película ¿Beatriz González, ¿por qué llora si ya reí?¿ es un fresco impresionante sobre la historia colombiana, a partir de una reflexión sobre el tema de la muerte. La obra de González en el cementerio es un punto de partida, pero el punto de llegada apunta mucho más lejos. Es un viaje al Hades nacional, donde García actúa como Caronte. Al comienzo, el realizador se plantea la pregunta: ¿por qué una artista como Beatriz González, que tanto había hecho reír a su público con su ácida versión de los acontecimientos locales, se decide a pintar un autorretrato donde se la ve llorando? La respuesta la da la misma Beatriz: la realidad colombiana ya no es motivo de burla, después de lo sucedido en el holocausto del Palacio de Justicia. Tomando como hilo conductor la historia de Beatriz González, Diego se encarga de contar la historia de Colombia y su obstinada relación con la muerte. Desde los suicidas del Sisga, pasando por el estatuto de seguridad de Turbay o diseccionando a Belisario Betancur con sus altos mandos militares, la obra de la artista santandereana es un pavoroso motor que impulsa a la reflexión sobre un país y a contarnos cómo la historia del arte también se tiñe de sangre. No creo equivocarme si digo que el film de Diego García es una obra de madurez, que consolida el recorrido de un artista y, al mismo tiempo, es la historia universal de la infamia colombiana. Creo que, guardadas proporciones, este trabajo es equivalente a obras como ¿Un tigre de papel¿ del citado Luis Ospina, ¿El abogado del terror¿ de Barbet Schroeder o ¿Guest¿ de José Luis Guerín. Películas-río, donde un tema (una artista, un hombre de izquierda, un abogado, un realizador en los festivales de cine¿) sirve como hilo conductor para contar una totalidad, un universo, una generación, un macrocosmos. Tanto Vivian como yo, quedamos consternados. E igual sucedió con la centena de necrófilos que fueron, que fuimos, al Cementerio Central. Allí supimos, a su vez, que el recorrido del film no será en las gastadas salas de cine del país, según García. Las proyecciones se harán en los distintos camposantos nacionales (San Agustín, fosas comunes, cementerios de distintas religiones, templos¿). Ya tiene trazado todo un mapa. Yo lo seguiría de todo corazón, pero el tiempo no le da tiempo al tiempo. Le di, le dimos, las gracias a Diego por la invitación y salimos del cementerio. Buscamos el carro, salimos en reversa, antes de que nos diera la medianoche. Pero nos perdimos. Increíble pero cierto. Nos perdimos en el laberinto de nuevos columbarios. En una oscuridad digna del film ¿La noche de los muertos¿ de mi pariente George A. Romero, seguíamos el rastro de los focos pálidos del Volkswagen de Vivian y comenzamos un asfixiante recorrido en redondo. ¿¡Diego!¿, gritamos al unísono. Pero el cementerio ya había sido cerrado. Por fortuna, en la cripta donde yacemos, hay espacio para escribir estas líneas. Esperamos que algún alma buena se encargue de rescatarnos y de llevarnos a un sitio seguro. El histriónico Diego García-Moreno se ha salido con la suya.

por: sandroromerorey - (0 comentarios )
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jueves, 11 de noviembre de 2010

Mensaje para la Inauguración del 42 Salón de Artistas

He solicitado a Sally que lea ante los presentes estas palabras.

Bogotá, noviembre 11 de 2010


Mensaje para el acto de INAUGURACIÓN DEL 42 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS en La Cueva- Barranquilla


“Al tiempo que mi película BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ? participa en la jornada inaugural del 42 Salón de Artistas Nacionales en Barranquilla, en presencia de la artista que la inspiró, a la misma hora, en el Cementerio Central de Bogotá es proyectada en la clausura del primer encuentro de Cementerios Patrimoniales de Colombia donde estaré presente. ¿Azar o destino? De todas formas, afortunada coincidencia que simboliza el espectro del “quéhacer” artístico y el profundo compromiso que el cine documental tiene con el devenir del territorio que le da su sentido de existencia.

Cómo quisiera estar con ustedes en el recinto donde se celebra el arte y se rinde homenaje a la maestra que dio pie al relato que van a ver. Pero el plan de difusión para esta película, como un nuevo plan de rodaje, es una larga ruta, como un eco a la labor de la maestra y como un acto de reflexión y reparación con la muerte violenta que ha invadido a Colombia; entonces debo permanecer solidario, estar presente para darle inicio al ritual. En esta oportunidad, el arte peregrinará entre espacios funerarios: Imágenes y ánimas, fantasmas y presencias se conjugarán ante los espectadores con el propósito de reflexionar y celebrar la vida.

Para todos los artistas de Colombia, para los gestores de la cultura, para todos aquellos que ayudan a la creación y circulación de nuestras obras, un gran abrazo. Espero poder acompañarlos en la segunda etapa de su recorrido Caribe.”


Diego García Moreno

¿Azar o destino?

HOY , 11 de noviembre 2010,¿azar o destino? BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ? Inaugura el 42 salón de artistas en Barranquilla. Y clausura en el cementerio central de Bogotá El primer encuentro de Cementerios Patrimoniales. El arte crea su territorio... o lo reconstruye... o lo vive?

jueves, 21 de octubre de 2010

La película Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí? inaugura la Muestra Internacional Documental El documental Beatriz Gonzá



El documental Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí? de Diego García Moreno será la película de inauguración de la edición 12 de la Muestra Internacional Documental. El evento que se lleva a cabo del próximo 25 de octubre y hasta el 31 del mismo mes, es organizado por la Corporación Colombiana de Documentalistas Alados-Colombia en asocio con el Ministerio de Cultura, y una de las novedades de este año es la realización del seminario “Miradas sin fronteras” que contará con invitados de Alemania, España, Brasil y Estados Unidos, y que estará abierto al público en general.




Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí? es un documental colombiano, de 77 minutos, que se plantea la pregunta: ¿Qué le pasó a la pintora Beatriz González, quien tantas veces nos hizo reír con la ironía de su obra, para que un día llegara a pintarse un autorretrato desnuda llorando? Desde hace tres años, mientras Beatriz elaboraba el proyecto Auras anónimas -una faraónica intervención con nueve mil lápidas en los columbarios del cementerio central de Bogotá- me di a la tarea de seguirla para contestar esa pregunta. El resultado es un documental que devela la ruta de una obra que acompañó el día a día de un país que durante más de medio siglo ha deslizado hacia la tragedia. “...Me fascinó la puesta en escena de su palabra en frente de su trabajo y confrontada a la historia reciente de Colombia. La película me parece el relato de una reflexión al mismo tiempo artística, política y humanística”, comentó sobre el documental, Luciano Barisone, director del Festival dei Popoli de Florencia, Italia.

Su director, Diego García-Moreno, lleva más de veinticinco años dedicado a la creación documental explorando a través de personajes, espacios, objetos y símbolos el sentido de nuestro tiempo, nuestro territorio Colombia y de la humanidad que nos ha correspondido vivir. Partiendo de simples elementos compuso la trilogía Colombia elemental (1992), Colombia horizontal (1998) y Colombia con-sentido (2000); así como los documentales Las castañuelas de Notre Dame (2001), El corazón (2006), ¿Y como para qué de arte de qué? (2008) y ¡Danza, Colombia! (2009). Gran parte de su obra, coproducida con Francia –país en el que realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Cine Louis Lumiere- ha sido proyectada en canales europeos y en innumerables festivales cinematográficos.

Por su parte el seminario “Miradas sin fronteras” invita a realizadores, investigadores, productores, docentes, estudiantes y todos aquellos interesados en el lenguaje y la reflexión acerca del género documental, a compartir durante cuatro días, del 26 al 30 de octubre de 2010, de 9 de la mañana a 12 del mediodía, la experiencia de Volker Koepp (Alemania), realizador de Sommergäste bei Majakowski y Wir haben schon eine ganze Stadt gebaut, cuyo cine se centra en un número reducido de personajes a los cuales dota de voz protagónica para que relaten de primera fuente la historia personal y colectiva de los pueblos de Europa del Este, es considerado uno de los documentalistas más importantes de Alemania y su última película Flor de lila resultó ganadora en el Festival Cinema Du Reél en el año 2008; Marta Andreu (España), actual coordinadora del Máster en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona); Lawrence Hott y Diane Garey (Estados Unidos), empezaron a trabajar juntos en el año 1978 como miembros del consorcio Florentine Films, en 1981 fundaron Florentine Films/Hott Productions Inc. Y han recibido premios como el Emmy, dos nominaciones para el Oscar, cinco premios del American Film Festival, catorce premios Golden Eagle del CINE, un premio George Foster Peabody, entre otros; Orlando Senna (Brasil) director Presidente de TAL (Televisión América Latina), inició y dirigió el proyecto de TV Brasil en 2007, creador y promotor de DOCTV Iberoamérica, propuesta asociativa entre TVs Iberoamericanas para la producción de documentales; Daupará (Colombia), experiencias documentales de y desde las comunidades indígenas colombianas vistas por sus creadores, las producciones participantes en la 12ª Muestra Internacional provienen de los pueblos Nasa, Arhuaco, Kogui, Wiwa, Kankuamo, Wayuú, Awá, Embera y afrodescendientes.

El valor de inscripción para el seminario es de 120 mil para profesionales y 60 mil pesos para estudiantes, para mayor información se puede escribir al correo electrónico muestradoc@gmail.com. Para mayor información del documental Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí?, se puede consultar y www.diegogarciamoreno.blogspot.com.

viernes, 17 de septiembre de 2010

OPINIONES de directores y críticos sobre "BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ?"


…El film es emocionante. Me gusta mucho la fluidez con que se entrelazan los diversos relatos: la palabra de Beatriz, las obras del pasado, las pinceladas, los archivos y la relación con los obreros en los Columbarios. Y, como si fuera poco, es un verdadero curso de historia: no aquella que nos cuentan en los libros, sino la del pueblo y sus sufrimientos.

Nicolas Philibert, documentalista francés

... después de ver este documental, la primera lección que aflora es la existencia de una gran artista, y su búsqueda incansable de todos los días durante cuatro décadas, ensayando formas atrevidas e imperfectas para no dejar escapar un ser de mil rostros y mil brazos…. la segunda lección del documental: el conocimiento del material del que está hecha esta obra, que es no es otro que nuestra historia.

…La tercera, es el documental mismo: tanto silencio, tanta discreción, tanto desaparecer para que aparezca el arte, es también arte...

Víctor Gaviria – realizador colombiano de cine

…Me fascinó la puesta en escena de su palabra en frente de su trabajo y confrontada a la historia reciente de Colombia. La película me parece el relato de una reflexión al mismo tiempo artística, política y humanística.

Luciano Barisone- Director Festival dei Popoli, Florencia, Italia

…Es afortunado que en este momento aparezca el documental sobre Beatriz González (su era de risa y su era de llanto) de Diego García Moreno. Es el resultado de la exhaustiva exploración de esta “artista de provincia” que durante cuatro años accedió a un monólogo interior hecho frente a una cámara muda, presencia que llegó a ignorar y que constituye en su cuidada edición el duro y veraz testimonio de una artista que se debe toda al país en que nació y cuyo arte es universal. …Gracias a Beatriz. Y a Diego.

Ana María Cano, editorialista, El Espectador

…Un documental que es luz y bruma, sol e invierno. Y que es lúcido y visionario. Dos artistas unidos por su capacidad de decir, de documentar nuestra realidad y trascender la anécdota. Beatriz González y Diego García dejan un fuerte testimonio de lo que está pasando en Colombia. Es el artista como relator de su tiempo.

Beatriz Mesa- Periodista- Generación “El colombiano”

…las imágenes se deslizaron por mi condición individual a manera de testigo que ha sabido de la historia reciente en Colombia, como un viaje cifrado por el desconcierto, la tristeza, el repudio ante la que ha sido nuestra forma desalmada de matarnos vs. la salvación que permite un documental como el tuyo para reencontrarnos en la pantalla.

Hugo Chaparro – escritor y crítico de cine

lunes, 30 de agosto de 2010

BEATRIZ por Ana María Cano

Ana María Cano Posada | 12 Agosto 2010 - 11:15pm

Beatriz
Por: Elespectador.com
CANSADOS ESTAMOS DE IDENTIFIcaciones socorridas con motivo de las efemérides y de palabras vacías pronunciadas para encontrar un hecho fundacional en este país ausente de referentes.
Se acudió a próceres y a historias patrias, a nuevos caudillos, sin que concurrieran en esta orfandad fuerzas más íntimas para poner en pie una voz ni una idea con la cual reconocernos como colombianos abarcados por un mismo legado. Esta insatisfacción de pátina política durante 200 años de república tiene un remedio a mano que debe suministrarse en la dosis indicada para ir conjurando la anomia que padecemos.
Y es que faltaba excavar en otra cantera para encontrar la persistencia y la coherencia de alguien que ha entregado su talento a la búsqueda de lo que Colombia siente e ignora. Por esto es afortunado que en este momento aparezca el documental sobre Beatriz González (su era de risa y su era de llanto), de Diego García Moreno. Es el resultado de la exhaustiva exploración de esta “artista de provincia”, que durante cuatro años accedió a un monólogo interior hecho frente a una cámara muda, presencia que llegó a ignorar y que constituye en su cuidada edición el duro y veraz testimonio de una artista que se debe toda al país en que nació y cuyo arte es universal.
A pocas naciones les ha tocado en suerte un artista que dé cuenta suya. Porque son escasos los que logran tener clara su obra y el sentido de lo que hacen como para ser representativos, sin que su propósito sea patriótico ni mucho menos encarnen la identidad nacional, términos peligrosos por los excesos que engendran.
Franz Kafka es Checoslovaquia como Van Gogh es Holanda y Goya, España. Buscar un artista en Colombia sin época ni moda ni lo reconocido que sea en el mundo, como el Botero de ayer o la Doris Salcedo de hoy. No es un asunto de galerías ni de circuitos comerciales, porque Andy Warhol es para Estados Unidos más que el testimonio del consumo y del sueño americano, es el dolor de sí mismo puesto afuera para ser explorado y por eso significa tanto para el mundo entero.
A Beatriz González en su comienzo la encasillaron en el arte pop y la llamaron de las bienales para que fuera controversial, cosa que le choca tanto como cuando le dicen que es muy inteligente. Ella sólo recuerda que su papá le mostraba paisajes y naturaleza y le decía ‘ahí viene la niña que va a ser artista’. A ella la nutre el gusto popular, la imagen vista a través de los medios, donde encuentra lo visto de forma no vista. Y motivos del arte universal, o recortes de periódicos, o corazones de Jesús o últimas cenas, con la sorna en el color y el sello de su pintura, que fueron sus motivos iniciales, se transformaron con el Palacio de Justicia al dolor que entró a protagonizar su obra honda y diversa. Los desplazados, las viudas, las masacres embargaron sus obras.
Esto está mostrado en el documental en sus propios tonos, con su propia voz, con la música que la inspira, como la lección que necesitamos oír de una maestra a sus alumnos. Esta tarea bien cumplida por un documentalista avezado como Diego García, se agradece. Pero apenas comienza la misión de entregar al país este gran retrato que le pertenece, de alguien que ha hecho una mirada colombiana, universal, penetrante, talentosa. Una letanía dolorosa que sabe entonar y que sólo una voz creíble y un ojo humedecido como el suyo pueden remover la sequedad renuente. Una peregrinación le espera a este documental de Beatriz González con la solidez de su vida y obra. Gracias a Beatriz. Y a Diego.

jueves, 26 de agosto de 2010

HUGO CHAPARRO carta tras ver el documental BEATRIZ G....

De: Hugo Chaparro
para: usuario

24 ago 2010

Diego querido,

No te había escrito antes sobre tu documental porque lo he visto varias veces y, justo anoche, en el peor de los insomnios, regresé a él y su visión, como la primera vez, me evidenció a través de la inteligencia formal y narrativa protagonizada por Beatriz González el hechizo al que hemos estado condenados desde siempre en este país que tan bien diagnosticaste con tu película cardíaca, El corazón. Suponía que te estarías preguntando qué sucedió con el entusiasmo que siempre ha despertado en este amigo tuyo el documental, más aún cuando siempre ha sido mi placer mantenerme como un espectador atento a tu trabajo. En el caso de ¿Por qué llora si ya reí?, mi demora en escribirte se debió a que las imágenes de la pantalla se deslizaron por mi condición individual a manera de testigo que ha sabido de la historia reciente en Colombia, como un viaje cifrado por el desconcierto, la tristeza, el repudio ante la que ha sido nuestra forma desalmada de matarnos vs. la salvación que permite un documental como el tuyo para reencontranos en la pantalla, reconocernos y pensar acerca de nosotros mismos a través del testimonio que ofrece Madame González. Leí entonces una semblanza que hizo de ella Carolina Vanegas en la que tu personaje asegura que sin humor "sería insoportable una realidad tan irracional como la colombiana". Surge entonces el sentido de la pregunta sobre la risa que se anula después de la tragedia del Palacio de Justicia en el 85: ¿Es posible reír cuando tenemos tras nosotros un pasado sembrado de muertos? Aparte que el documental apareció ante mis ojos como la construcción de otra pintura: con breves pinceladas fragmentadas a través de la edición, completas progresivamente la mirada de Beatriz González que se prolonga en sus cortinas, en sus pinturas vendidas a retazos, en la inteligencia abrumadora de una artista que supo descubrir con las visiones del mundo popular una posibilidad creativa, considerada antes de ella de forma desdeñosa por los académicos del arte en formato nacional. Sus Divinos Niños, sus materas con texturas de uniformes para el camuflaje militar, los recortes de prensa que mira y repasa en la película, revelan que ante nuestros ojos ha pasado la historia y su brutalidad como escenas pasajeras que se rescatan en el documental, con la misma eficacia en contra de la amnesia que tienen sus pinturas. Aparte, el contraste entre el lead de Schubert que escucha Madame González mientras trabaja y el país que espera al otro lado de la ventana, confirman que el arte y sus bondades permiten una salvación, quizás precaria, pero salvación al fin y al cabo que permite reinventar la realidad que nos ha tocado en suerte. ¡Y qué decir del proyecto que trata de encerrar a los muertos que aún vuelan por el aire viciado de los columbarios! ¡Cerca a un parque llamado Renacimiento! La progresión y la repetición en cada nicho del muertito cargado en una hamaca, estremecen por lo que al final de la película se pregunta Beatriz -si puedo llamarla así, de manera familiar y cercana, aunque nunca la haya conocido pero siempre la he querido-: "¿Por qué siempre en Colombia se le pide a todo el mundo que repita lo que dijo?". Acaso porque es necesario, pensaría yo, que no olvidemos lo que se nos dice y lo que nos dice, en este caso, la historia, describiéndonos en el ámbito del Sagrado Corazón de Jesús, seguramente dormido o extraviado en alguna estratosfera mística cuando ya sabemos que se olvidó por completo de cuidar a este país. Diego querido, gracias, como siempre, por filmar y recrear con el vigor de tus imágenes lo que significa vivir en este rincón del mundo. Con un abrazo del tamaño que tiene tu trabajo, es decir, enorme,

Hugo

lunes, 16 de agosto de 2010

Beatriz G. un texto-carta de Rodrigo Pérez Gil

Date: Sat, 14 Aug 2010 12:25:22 -0700
From: luzagosto2003@yahoo.com
Subject: la vuelta del Corazón
To: diegogarciamoreno@hotmail.com

Diego,
Es como si el documental El Corazón trajera replegado este nuevo documental sobre Beatriz González, pues el corazón es el órgano amoroso de la repetición. Si hay unarepetición que enferma, por ejemplo la de Fernando Vallejo en su última novela El don de la vida, que no sale de la representación alrededor del cordón umbilical del autor, hay otra repetición que alivia y es ésta de Beatriz y Diego en este documental. La pintora lo dice, "Hay que repetir", y lo hace una y otra vez con los cuatro grabados
sobre las bóvedas del Columbario que muestran a unos portadores llevando en andas, en cada grabado, un cadáver hacia una fosa común, por fin hallada de manera simbólica en el antiguo cementerio restaurado con este propósito, para "sellar sus auras", las de aquellos desaparecidos por fuerzas oscuras a plena luz del día o al amparo de la noche. Estas vueltas al Columbario a lo largo del documental que muestran el proceso
de su restauración hasta sellar las bóvedas con los grabados de la pintora, creo yo, son el hilo conductor del hermoso documental. Si los poemas se aprenden de memoria(by heart, par coeur) es porque el corazón es el órgano amoroso de la repetición. Eros debe ser repetido, no puede ser vivido más que en la repetición, y es Tánatos (o la muerte en Colombia) el que proporciona la repetición a Eros, el que somete a Eros a la repetición, al calor de las canciones de Schubert y las otras piezas exquisitas que acompañan el trabajo de la artista en su taller y que nos reconfortan
en la visión del documental, una visión del grito más bien que del horror que late desde el arranque del documental.
¿Cuándo tenderemos la oportunidad de ver de nuevo ¿Por qué llora si ya reí?,
Felicitaciones de nuevo en tu aniversario,
Ro.

domingo, 6 de junio de 2010

¡Tenemos el afiche!

SUSANA CARRIÉ, artista plástica, diseñadora, amiga y maestra colombiana de las artes gráficas, se ha vinculado a la producción del documental "BEATRIZ GONZÁLEZ ¿Por qué llora si ya reí?" ocupándose de todo el diseño gráfico que acompañará el lanzamiento de la película. Este es el afiche que fue aprobado por el equipo de realización con gran beneplácito de la maestra Beatriz G. ¡¡¡Gracias Susanita!!!

sábado, 5 de junio de 2010

Invitación a los amigos interesados en arte y documental

Bogotá, junio 7 de 2010.


Querid@s amig@s:

“¿Qué le pasó a la pintora Beatriz González, quien tantas veces nos hizo reír con la ironía de su obra, para que un día llegara a pintarse un autorretrato desnuda llorando? Desde hace tres años, mientras Beatriz elaboraba el proyecto Auras Anónimas, una faraónica intervención con nueve mil lápidas en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, me dí a la tarea de seguirla para contestar esa pregunta. El resultado es un documental que devela la ruta de una obra que acompañó el día a día de un país que durante más de medio siglo se ha deslizado hacia la tragedia...”

Realizar un largometraje documental de autor en Colombia puede ser visto como un acto quijotesco, patriótico o quizás esquizofrénico. Los apoyos para la financiación son cada vez más reducidos y los espacios de difusión casi inexistentes, pero a pesar de esas limitaciones, algunos estamos convencidos de la importancia que tiene este tipo de creación y no desfallecemos. Gracias a esa convicción me encuentro a punto de culminar un nuevo largometraje documental colombiano: “Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí?”. El hecho es que esta odisea -que tal vez tiene algo de todo lo dicho anterioremente-, dejó muchas facturas pendientes y en un futuro cercano serán muchísimas las que tendrá que saldar para lograr la calidad técnica que requiere su empaque final, su promoción, lanzamiento y difusión.

La maestra Beatriz, quien durante todo el proceso de grabación no tuvo idea de lo que yo estaba haciendo, al ver el corte final de la película reconoció en el film algo importante: el respeto que le dimos a su trabajo, así como la lectura ética del papel del artista en el mundo que ella promulga, y la re-escritura que hicimos del camino hacia la tragedia del país que su obra ha ido narrando durante medio siglo de labor artística. Ella, sorprendida al enterarse de las condiciones económicas con las que se ha producido la película me dijo:” Por Dios, yo no quiero ser cómplice de la quiebra de su familia. ¿Cómo puedo ayudarles?” Su ayuda se concretó en el ofrecimiento del tiraje gráfico de una de sus obras:“Voy desapareciendo como sombra que se alarga” (Salmos/109.23).

Entonces fui al Taller Arte Dos Gráfico donde mi amigo Luis Angel Parra, le mostré la película y, sin vacilar, decidió colaborarme con el tiraje en serigrafía de una de las versiones de Yolanda Izquierdo que la película había sido testigo de su creación. Los galeristas que han difundido la obra de Beatriz desde sus principios, Alonso Garcés, Alberto Sierra de la Oficina de Medellín y María Eugenia Niño de Sextante, aceptaron generosamente realizar un evento para presentar la película e invitar a sus clientes a comprar una de las copias. A sabiendas de que la obra de Beatriz cada día se afianza más en el panorama internacional del arte, comprendieron que una invitación de este tipo representaría no simplemente una colaboración con la película sino una inversión económica que a no muy largo plazo rendiría sus frutos a los compradores, sin mencionar lo esencial: el disfrute que significa convivir con una imagen cargada del peso plástico e histórico que la Maestra le infunde con toda su contundencia.

Querid@s amig@s , quiero extender a ustedes la propuesta. Los invito de corazón a los eventos y a que consideren esta inversión en el arte y en un documental que sabemos importantísimo en la memoria del país.
Un abrazo,
Diego García Moreno.

Para tener información detallada sobre los eventos y la obra, favor contáctenme a través de los correos:
diegogarciamoreno@hotmail.com
diegogarciamoreno@gmail.com
lamaracaprod@yahoo.com

miércoles, 12 de mayo de 2010

La cama destendida

LA CAMA DESTENDIDA

Si la cama no está tendida el aire enceguecedor del mediodía es puro lastre. Y si el final de la noche fue un jolgorio de alcohol revoloteando en las encías no habrá bestia capaz de arrastrar la carreta de la vida. El apartamento se llena de suspiros de acordeón con fuelle roto y mi cráneo con aullidos de buses frenando en seco y alarmas de bomberos o ambulancias asesinas que ahogan con desprecio un motín acalorado de taladros.

Todo truena, los tenedores , los olvidos, y este chorro de humedad que intento acomodar en el vaso donde tu labial aun respira.

Me atacan estas ganas de llamarte, de invitarte a invadir esa cama destendida, de agarrarme a tus barandas limpias, a tu sabor a café amargo y naranja fría, de lubricar esta sequía entre la neblina calma, oscura, extensa, que conduce al mar donde supongo se disuelven los remordimientos , las vergüenzas, las mentiras.

Pero tus manos vagan en teclados blancos y lejanos. Tus pensamientos fabrican el pan amasando transacciones hasta que llega la noche y entras y suspiras y me miras con una pisca de desprecio y me hablas simulando la ternura:
-¡No jodás, querido! Tendé esa cama, limpiá la cocina, abrí la persiana, ponete las pilas… preparame la comida.

Mayo 12 de 2010

martes, 11 de mayo de 2010

11 de mayo

japiberdei.....
Mi hijo cumple hoy quince años
Pero hace siglos se lanzó al río

embolate......
Las que creía perdidas, las palabras,
Dormían en la misma almohada
Donde mis pesadillas tejían
Desilusiones macabras
Escarpines y carcajadas

internet.......
Cuando pienso en poesía
intento comunicarme con mi amigo
gabrieljota@hotmail.com
pero algo me avergüenza y vuelvo al chat

Relleno de olvido el escritorio
y espero
que su nuevo libro llegue ataviado de papel
envuelto en color de naturaleza muerta
espero
verlo armar nido junto al farol de la noche
vigilar el pacto en apariencia silencioso que
sellaron por costumbre unos ojos fatigados
y un alboroto desconsolador
de párpados y pupilas.


ciberespacio.......
Lanzando atarraya en la red
He pescado medusas y tiburones.
Un día, bruscamente caí de la canoa
Y la corriente me llevó hasta un puerto
Donde los náufragos virtuales
Con ojos desorbitados y sedientos
Devoraban las carcazas inodoras
De blogs escuálidos
Y amantes secas,
interactivas

martes, 9 de marzo de 2010

Palabras para la presentación de ¡Danza, Colombia! En Milán.

La vida es un mínimo gesto sorprendente, un ritmo cambiante, un movimiento de apariencia regular que visto de cerca emite infinitos latidos, voces, sonrisas y gemidos diferentes. Danzar es la vida hecha pensamiento en forma de movimiento.
En Colombia, país que desde hace varias décadas padece de una guerra apestosa, danzar se ha vuelto una práctica de vida clara, contundente. Un acto y una filosofía de resistencia que hoy vamos a compartir con quienes la profesan.
Debería estar con ustedes para marcar el un-dó- tré- cuá, que une a la sociedad de los danzantes, pero la vida da giros inesperados y a veces nos obliga a detenernos para ver el último gesto de uno de ellos. En este caso es el de mi padre. Que sea esta función un homenaje, un adiós a quien me enseñó a amar el ritmo y a ser partícipe de los rituales del cuerpo acompasado.
Agradezco a Martha Raquel ese esfuerzo enorme que hizo para que pudiera estar con ustedes, pero un designio mayor nos dice que aún no es tiempo. Ya bailaremos en otro escenario, querida.
Y para todas las personas presentes en la sala y para los organizadores del Festival va mi agradecimiento y un enorme abrazo. Disfruten la película.

lunes, 15 de febrero de 2010

San Valentín

¿Fechas? ¿Qué te dice una fecha? Ahí va una...:

Febrero 15.

Ayer fue día de San Valentín. El día del boleteo americano. Cartitas con corazones colorados circularon de mano en mano. Esta celebración al igual que el "jalouín" no hace parte de mi memoria cultural, pero sí de la de Tomás. Él cayó a fondo y se pasó quince días preparando tarjetitas para toda la clase, diecisiete, mas la de la tía, la de la mamá, los primos, el papá... La técnica preferida se la enseñó Sally: pintar el corazoncito con colbón y rociarlo con escarcha brillante. Plateada, dorada, verde. Y escribía con su letrita de principiante "amor, de Tomás, para..." Por supuesto que el rosado fue el color dominante de los fondos. C’est la vie. Si no va a conocer el correo aéreo, pues el “imeil” lo borró del mapa, no está mal que le quede un recuerdito de la correspondencia manual aunque sea pintando vísceras idealizadas.

Desde hace varios días habíamos quedado en celebrar la efemérides con unos amigos de Sally que hacían una corta escala en Chicago en su viaje from New York to Honolulu. Caren, su esposo Neil y Zack su hijo llegarían a las siete y media de la noche al aeropuerto Midway y pasarían la noche en el hotel Marriot. Nosotros los recibiríamos en el aeropuerto e iríamos juntos a tomarnos un trago y a comer algo en el restaurante del hotel. Sally estaba ansiosa por contarle todo a sus más queridos amigos. A las siete y media estábamos allí. Veinte minutos por el highway desde nuestra caverna en el noroeste cercano al down town de Chicago hasta el aeródromo de los vuelos internos en el south side. Sally y Tomás se bajaron y me pidieron que esperara en el "loading zone", la zona destinada a recoger ,"pick up", los pasajeros rápidamente y que si la policía no me dejaban estacionar, que permaneciera girando en el "loop" del aeropuerto. La gendarme sopló su pito en el instante que mi señora y mi hijo corrieron hacia la puerta del edificio huyéndole al frío. Y con histérica convicción me hacía señas con su mano experta, nos hacía señas a todos los autos que repetíamos la misma peregrinación de buena voluntad, para que continuáramos, que no nos detuviéramos. Parecía querer decirnos que luego del 11 de septiembre todos somos sospechosos y en su otra mano tenía el arma eficaz de las contravenciones. Suavecito dejé deslizar el auto y me aparqué al final de la rampa donde presentía que había salido de la vista de la dama. Pero otra mujer del mismo color, la misma edad, un poco más gorda, y de gafas, apareció de las penumbras y sopló con vehemencia su pito. ¡Cómo soplan las mujeres del sur! Chicago siempre ha generado buenos músicos de jazz ¿no? Tenía el ánimo en alto. Bueno, giremos. Di siete vueltas. La primera en paz, con el radio encendido bajo la excusa "tengo que escuchar hablar en inglés todo el tiempo". Es una vergüenza que después de tantos ires y venires por este país, mi inglés sea un desastre. “Loro viejo no aprende a hablar,” decía mi abuelo. Yo estoy empezando la vida, la juventud es una actitud. Me detuve frente a la mujer del pito. La miré a los ojos. Los infló al tiempo que sus mejillas y pitó. Le sonreí y volvió a pitar enfurecida. Aceleré como un adolescente. Movió su mano como un ventilador. La segunda y tercera vuelta fueron giros resignados, o mejor, camuflados. No quise que ninguna de ellas me reconociera. El oído se había acostumbrado al inglés noticioso de NPR. Afganistán está lleno de locos traumatizados por la guerra. El borde de Camboya y Tailandia infestado de tuberculosis. Colombia al borde de una guerra. Una comisión internacional se halla en el Caguán tratando de reestablecer las conversaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc. EN. PI. AR. ¡mpeorar!. National Public Radio... Comencé a entorpecer el tráfico y a sentirme incómodo. Sally y Tomás aparecieron tras el cuarto giro a confirmar lo que ya no cuenta. El avión está retrasado. Ya lo sé. Sigue girando. Sigue. ¿Será un círculo o una espiral? ¿Estaré descendiendo en el tiempo o acaso floto? Al terminar la séptima vuelta, cuarenta y tres minutos después de nuestra primer stop frente a las policías, cuando ya estaba dispuesto a aceptar mi destino: que atropellaría las viejas bullosas con una simple presión de mi pie derecho, que les haría comer las frías latas azules de mi Buick y aceptaría sin protestas un vuelo especial hacia la base prisión de Guantánamo donde a las seis de la tarde de todos los días mi sombra tropical se alargaría como un bulto hacia el oriente y compartiría la fila india con los talibanes naranjados en su retorno a la celda subterránea donde conversaría con los cangrejos y haría el amor con los mosquitos y mandaría para la mierda a todos los mariners de origen latino y a los infiernos a los de todas las razas que decidieron castigar nuestras actitudes de límpida venganza... cálmate hombre, ya van a llegar, no es para tanto. Ya no soportaba más tanta presión de mi vida de trompo cuando, tras la grúa que atrapa los carros que sus dueños abandonan para correr al terminal para ver si llegaron sus queridos, divisé los gestos sonrientes de las siluetas de Sally y Tomás y nuestros amigos en tránsito para Honolulu. No más guerras. Hoy es el día de San Valentín. Amémonos todos los amigos lejos de las islas de este mundo en el frío acogedor de Chicago. ¿Vamos al hotel?

Saludos cálidos de rigor. No les conté nada. Yo era un americano medio más. Un amigo. Nos dirigimos al hotel Marriot más cercano al aeropuerto. A una milla se encontraba un conjunto de hoteles iguales, construidos al mismo tiempo, con variaciones imperceptibles entre el clásico contemporáneo amarilloso, y el clásico actual prefabricado. El Holiday, el Marriot, el Sofitel y otros que no recuerdo, y rodeados de MacDonalds, Fridays y White Castles y Burger Kings, la perfección práctica para un encuentro rápido, un sueñito corto, una piecita barata, en fin. Descendimos las livianas valijas. Flotaban como ellos en sus propósitos de veraneantes hibernales. Que compraron casa en Hawai, ¿no? Si. ¿Van a venir? Les encantará. Es a lo alto, al lado del volcán. Dudé. Recordé la catástrofe del nevado del Ruiz. Los volcanes, uno nunca sabe. Me arde el estómago del hambre, ¿vamos? Todos tenían hambre. Lo mejor es Fridays, ¿cierto? Ninguna duda.

En fila india entramos a Fridays. Al empujar la puerta que contenía el aire recalentado en el invierno, se vino una bocanada de gritos, humo de cigarrillo, un aroma de carne asada y cerveza procesada en vientres humanos, y la mirada desalentada de docenas de parejas negras con vestido dominguero sentadas en el hall haciendo fila por un puesto. Incrédulos, nos miramos. ¿Si la autopista está vacía y la noche en el sur de Chicago se presiente desolada, qué patraña inesperada nos preparó el destino? Debe ser una bandada de aviones recién llegada del África con el noble propósito de conocer la nieve, deben ir para los juegos olímpicos de invierno, o van a una reunión étnica en Alaska. “Cuál.” como diría mi hermano Alvaro, el marquetero. Son novios. Puras parejitas de enamorados pagando su promesa. Corazones rosaditos celebrando el San Valentín. Que si esperamos cuarenta y cinco minutos tendremos derecho a una mesa dice la mesera que nos atiende y grita nombres por el micrófono. Y los parlantes vociferan como locutoras de aeropuerto practicando de afán un manual para graduarse de sargento: Miller, your table is ready!!!!, Budweiser, va a perder su puesto! Porter, to the right! Clinton! Bush! Powell! MacNamara y Lincoln!!! Parecía llamar a los vivos y a los muertos. Y como nadie contestaba gritaba más fuerte. Y sin vacilar, como un buen equipo, sin ninguna seña entre nosotros, corrimos al auto.

Vámonos a otro sitio. Hacia el Chicago impuro. Hacia los mejicanitos del sur. Comeremos burritos con taquitos y quesadillas y mole. Nunca más una hamburguesa gringa, un perro, un barbiquiú ahumado de los “fraidis”... Repletitos de esperanza y sonrientes, volvimos a encontrarnos en las calles desoladas de Illinois, en los alrededores del Midway, donde una cuadra es una milla y un lote vacío tiene la dimensión de un potrero enorme de Los Llanos Orientales con garzas azules enflechadas y sin prisa. Mirá, por allá hay un letrero. La pericia del chofer había olvidado las lentas cavilaciones de hacía un rato. Tomás era el único traidor. Que vamos a MacDonald. ¡No¡ respondíamos en coro y sonreíamos. Blaaaa... replicaba con su voz de niño. Y ahí estaba, imponente y sustancioso, el gran restaurante mejicano. "Feliz día Lupe" habían escrito en su vitrina con escarcha artificial con aroma de chipotle. No tuve tiempo de cruzar la puerta. Sally y el cortejo transeúnte estaba ya de vuelta, que es una fiesta privada. Que vayamos a Los Panchos, recomendó el mesero. Que está a allí no más, meritos trescientos metros. Y allí llegamos en un brinco.

Era un enorme restaurante con escenario y televisiones, adornado como era de suponer con centenas de corazones, repleto de familias concentradas en el aturdidor aullido de los compadres en la escena. Y como hay música, las quesadillas son a diez dólares y las cervezas a cinco. Vaya el silencio que ninguno interrumpía. Una miradita para Sally, una ojeada a Caren. Y ella que se levanta a pedir la carta, la de verdad. ¿Mande? What? Que no, le replica el macho, pos que hay músicos y hay que pagar el arte... Mierda, si los mariachis hacen más baratos los aguardientes en Colombia. ¿O no es así, mi querida esposa? De nuevo en fila india, hacia el hotel. En silencio. Ya deben haber pasado los cuarenta y cinco minutos. Volvamos a Fridays.

La noche se volvió más fría entre el auto y el contraplano de la puerta. El otro ángulo de las mismas parejas que esperaban y el olor del tabaco y la algarabía que se había vuelto un puñal en el ombligo, un martillo en nuestras sienes. San Valentín es sólo una vez al año y quienes por amor allí estaban, no querían desperdiciarlo. Sus pieles africanas habían palidecido un poco y sus ojos silenciosos simplemente esperaban. Pero no nosotros que comenzábamos a ladrar y a mirarnos sin cariño. Llevamos a los amigos en tránsito para Honolulú hasta su cuarto. La despedida fue sencilla y sin muchos comentarios. Esa noche de tanto amor y amistad nos encontramos en el auto, de regreso a casa por la Highway 94, masticando papitas de MacDonald mientras Tomás agradecía la suerte de digerir esa delicia de carne artificial, descolorida, que como sus compañeritos del colegio, consideraban la mejor maravilla de la vida.

Diego García-Moreno
Chicago, marzo 2002

martes, 19 de enero de 2010

El re-ré


Re-dacto. Re-cuerdo los letreros en las zonas cafeteras: haga el re-ré. Re-corte, re-siembre, re-coja... re-tornando a Bogotá tras unas largas vacaciones el sonidito del re- re- ré me aturde: re-greso a la re-alidad, ¡re-cupere el re-lato! ¡re-tome los quehaceres! ¡re-pítase que el ciclo re-inicia! ¡re-asuma sus re-laciones!... ¡qué re-guero de olvidos! pero siquiera hay testimonios visuales del re-poso... re-viso algunos re-tratos... re-pito y re-pito:
FELIZ AÑO !!!
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.