jueves, 28 de febrero de 2013

AL FINAL



AL FINAL

Todos los días mi papá comía huevos revueltos al desayuno.  Eso de ponerse ruana, solo fue al final. Él era más bien un viejo de suéter de Medellín. El bastón tampoco fue su herramienta cotidiana. No recuerdo haberlo visto  nunca caminar apoyado  en una vara de madera, a pesar de la cojera  que le dejó el polio de su infancia. Cuando íbamos a misa, colocaba firmemente su mano en mi nuca o en la de cualquiera de mis hermanos. Quién sabe quién, al final, le regaló ese bastón. El gesto de su boca devela que al final se había quedado mueco. Extraño, en mis recuerdos tampoco lo veo desdentado ni colocando en un vasito una caja de dientes antes de dormir. Pero, lo más insólito, al final, es la  correa roja del reloj que, seguramente, le colocó una nieta cuando descubrió que un abuelito es un muñeco exquisito que camina, se viste, come, y que nunca se niega cuando lo invitan a jugar.

Diego García Moreno
febrero 28 de 2013
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.