miércoles, 20 de marzo de 2013

BARRANQUILLA SIN ÁLBUM



Olvidé la cámara. ¡Mierda! dije durísimo. Una mirada silenciosa de chofer de taxi  por el retrovisor sonó a "¿y a este qué le pasa?". Olvídelo, no le contesté. Y empecé a ver fotos fallidas durante el recorrido hacia Barranquilla. En el recién nacido aeropuerto El Dorado levantado a codazos sobre las ruinas  futuras -aun activas- del viejo edificio;  desde la ventanilla del avión cuando su sombra cruzaba la serpiente brillante del Magdalena para lanzarse a la pista dura, seca, larga, del aeropuerto Cortissoz donde todavía bailan los fantasmas de los primeros aviones que vinieron a oxidarse en este trópico  arenoso.   Frente al muelle deteriorado por los azotes del mar y el tiempo terco de Puerto Colombia; en la plaza de San Nicolás vacía, retocada, falseada, aparentemente remodelada por los afanes higiénicos de un alcalde progresista. Ante los portones o frente a los  balcones cargados con añoranzas libanesas y huellas  de un siglo disuelto por la avalancha de vidrios y paredes blancas extraídos de una postal de Miami.  En los ventorrillos desplazados a las callejuelas del centro, atestados  con una panoplia de flores sintéticas de insoportables colores. En las conferencias del festival donde los nuevos amigos exponían bajo el hielo de los aires acondicionados las razones que los impulsaban a escribir o hacer cine; entre tintos con fondo de cocoteros y baldosas del damero blanco y negro donde proponíamos que para el año entrante la sede del FICBAQ debería ser el Hotel del Prado sin importar quién lo administre. Frente a La Troja vacía de un lunes sin carnaval donde hubiera querido bailar "yo soy el cantante" y zamparme un aguardiente.  No hubo fotos. Tres días después, de retorno al aeropuerto, esquivando trancones asentados en vías empolvadas y arenosas por donde bajarán tras el próximo aguacero los arroyos arrastrando carros mal parqueados y millones de bolsitas plásticas caídas con desdén de las manos de cientos de miles de barranquilleros desprevenidos, ví mi último cliché fallido: sobre unos montículos de tierra seca, apoyados sobre las bocas de sus tazas que tantas veces calmaron las necesidades humanas, siete inodoros ajados, moribundos, tomaban el sol y me susurraban al oído: vuelve, pero en carnaval; prepara tu cuerpo para el jolgorio y el olvido, pero  no olvides la cámara: la memoria es un juguete que adora atravesarse y jugar entre la deriva de los  vivos.   

Aeropuerto de Barranquilla, marzo 20 de 2012
Diego García Moreno
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.