viernes, 15 de marzo de 2013

Espumas



El naufragio de la canoa del viejo Willi en la "Balada del mar no visto"  (1984) fue en un espumero del río Medellín en el tramo encañonado entre Barbosa y Porce. Esa imagen idílica esconde un líquido cuya esencia ácida es capaz de  corroer cualquier trozo de piel u elemento orgánico que caiga en su corriente. Cuanta mierda química y humana que se le vierte al gran desagüe se convierte en un seductor manto blanco, liviano y terso a la vista, que hizo exclamar a mi tía como tres veces: Ay, qué belleza.  Cuenta  don Tomás Carrasquilla que un siglo atrás el río Medellín tenía un hermoso cauce que recorría el valle de Aburrá  jugueteando entre meandros y que sus playas expelían  brillitos de oropel o de pura arena de oro - el mismo mineral  que alimentó el desastre de la conquista, y el que ahora buscan como locos los beneficiarios de la locomotora minera-. Regresé casi treinta años después al sitio donde descargamos la canoa.   Imaginaba que la ciudad más innovadora del mundo había solucionado el desastre producido a su río, pero vaya desilusión la que me llevé: el espumero se había dimensionado. Abstraído en el  caudal sospechoso, no me dí cuenta de  que un copo de espuma  había despegado  de su lecho y volaba con rumbo a mi observatorio hasta que  tropezó contra mi cámara  y empañó su lente.
Diego García Moreno.
Marzo 15 de 2013
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.