viernes, 19 de abril de 2013

LA GARZA Y EL GALLINAZO



LA GARZA Y EL GALLINAZO

La enorme señora dispuso para la venta un arrume de bagres y bocachicos destripados y cargó a sus espaldas el espejo brillante del río. El Sinú se despertó tranquilo. El gallinazo, atento en la baranda, sabía que era cuestión de espera. Por costumbre aprendió que no requería de mayor esfuerzo para obtener el sustento. Y la garza blanca, picoteando en el fango entre latas, plásticos y trozos de icopor,  prolongaba  su desayuno con apetitosos alevinos.

Bastaron diez minutos para que el mercado callejero alrededor de la plaza de Lorica se convirtiera en una pelotera y que la belleza morisca que habíamos alabado al amanecer fuese devorada por la gritería y el sofoco; para que el gallinazo se volviera un buitre negro en un lodazal maloliente y la garza una especie de pajarraco absurdo adornando una cloaca.


Cuando el taxi, cargado con las cajas de cartón repletas de  frutas y verduras que compramos para llevar a Isla Fuerte abandonó el pueblo y aceleró en dirección al mar, miré las fotos que había tomado al amanecer. La iglesia y la plaza de mercado acariciadas por una luz diáfana bajo un cielo azul no guardaban ningún trazo de la ofuscación que un par de horas después habían mellado mi paciencia.El calor, el sudor, el olor, la gritería, los mosquitos, el tropel habían echado al traste las vivencias, pero no las imágenes, de un de un trópico multicolor que había salido a buscar para borrar el otro agite gris, impersonal y congelado de Bogotá.  

Envidié a la garza y al gallinazo. Me desconcertaron sus actitudes imperturbables ante los atropellos del sol enfurecido y del incontrolable gentío. Sonreí al verlas disfrutando los torbellinos del trópico entre el paraíso y la mierda. "Calmate, hombre", me dije, "zambullite en el mar y ahogá tus lamentos de intolerante citadino.

Diego García Moreno- Bogotá abril 2013




He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.