viernes, 3 de mayo de 2013

SE ROBARON LOS CABALLOS





SE ROBARON LOS CABALLOS. Eran de madera finísima. Los esmaltes de colores soportaban la inclemencia del tiempo. Cuentan que unos galeristas avivatos aprovecharon el traslado del carrusel hacia el Parque Nacional para cambiar los originales por unas copias en fibra de vidrio de colores desteñidos y que los vendieron por sumas astronómicas a unas galerías Newyorkinas. Pero los designios burocráticos de la capital son inciertos y el tiovivo volvió a su emplazamiento de origen. Desde hace varios años la estructura giratoria permanece abandonada en el Parque de la Independencia. Las réplicas de los corceles desaparecieron. Los niños escuchan de sus padres relatos de unas bestias orgullosas sobre las que cabalgaron acompañados por músicas de feria. Últimamente han llegado jóvenes que hacen acrobacia entre sus hierros y piñones. La fuerza centrífuga obliga a que las miradas de los transeúntes se concentre en las acciones corporales que adornan su núcleo. Solo algunos cuerpos ansiosos, resguardados por eucaliptus centenarios, logran protegerse de su atracción y se funden en reacciones químicas que la piel celebra y  la moral pacata bogotana mira de soslayo y se sonroja.


Bogotá, enero 3 de 2013
Diego García Moreno 

He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.