lunes, 29 de julio de 2013

TIQUETE PARA ADULTO MAYOR




El primer descuento que obtengo en vida como adulto mayor me lo han dado en el Museo de las momias de Guanajuato. En vez de pagar 52 pesos, cancelé solamente 15. Confieso que mentí. En ese justo momento mi edad verdadera era de 59 años, 11 meses y 11 días.  Para evitar que me solicitaran mi pasaporte o alguna tarjeta de identidad que validara mi derecho, arrugué todas mis arrugas, encanecí todas mis canas, exhalé un vaho a armario enmohecido y pronuncié temblorosamente mi solicitud: una entrada, por favor, para un adulto mayor.  No hubo la menor sospecha por parte de la vendedora. Y, para ser sincero, a las momias que me vieron desfilar al lado de sus vitrinas les importó un carajo  ese par de semanas que yo me había cargado en mi afán por visitarlas económicamente. En su aparente eternidad, aferradas a su propio gesto, cada una de ellas me enseñó una particularidad del tiempo que pareciera privilegio de su estado: la certeza.



He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.