domingo, 25 de agosto de 2013

NEIVACILACIONES - las esperas...


Una mujer dispone su culo descomunal  en el sillín de una motoneta, bosteza y espera a su marido a la sombra de una ceiba madura. La licra fucsia del pantalón amansa sus carnes fofas y disimula la monotonía del entorno. Se avecina el viento.
Un leve crujido de guadua se disfraza de bambú, 
un pétalo de guayacán rosado tirita en el cemento, 
un indigente mendiga de mesa en mesa. 
Un tejedor de atarrayas contrapuntea nudos de nylon en la red y calla. 
Un pescador ofrece bagres y bocachicos a una señora de grandes nalgas que regatea el precio de las cuchas, el capaz y los barbudos.
El brazo del río Magdalena que bordea a Neiva se desliza en su cauce ignorando  la ribera, los samanes, la escultura de caballos desbocados,   la cachama  moribunda que boquea en el piso de una canoa.
Un varón se encabrita, se levanta y putea al indigente que mendiga y escupe y le maldice su avaricia. La figura deforme del mohán,  un gigante de color cafe oscuro, patas atroces, bigote espinoso y erizado, que esconde una construcción donde un teleférico eléctrico averiado dormita, ignora por principio  los detalles del día.   Al parecer, en las mañanas, mientras las mujeres del restaurante barren la terraza, el ritual del malecón es siempre el mismo.


No muy  lejos de allí, en el parque, a la sombra de un grupo escultórico  que recrea en metal una comparsa de sanjuanero y pretende alegrar por siempre los días y las noches de la ciudad bambuquera de Colombia, una mujer madura, con un culo descomunal dispuesto en el borde de una fuente vacía, espera a que el coloso que antecede a los danzantes le arroje el mundo  a cualquier transeúnte para irse a prepararle el almuerzo a su marido. El cielo se indispone y amenaza con una lluviecita pendeja. 

Entre tenis chiviados, balones plásticos, chancletas chinas, ventiladores y medias de colores, una mendiga ciega indispone a los compradores con un gesto de dolor que produce envidia al domador de la res de metal que se desgañita en el parque. El cargador de camisetas chinas refunfuña y desprecia, las palomas practican desbandadas aeróbicas en torno a una mujer de  culo descomunal que asienta su espera en una banca de cemento.

Baratijas, esculturas y oficios,  mitos, agresiones, calor  y una naturaleza que pareciera resistir a los embates de las modas y el tiempo. Sin embargo, sobre las motos y las sillas, los voladizos de cemento y las piedras al borde del río, unos culos enormes esperan.   
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.