jueves, 29 de agosto de 2013

TRICICLOS Y CACEROLAS








A mi oficina llegó el estruendo. La noche empezaba con un concierto de cacerolas. Apagué el computador y salí. Dos niños apostaban carreras de triciclo en el profundo y pálido corredor del tercer piso. 





El gentío se había tomado  la carrera séptima, no había circulación de carros. Me encontré inesperadamente con Susana Carrié, Bátori y María Amaral. Susana tenía ruana y tomaba fotos. Bátori hacía ruido con dos tapas de ollas. María los acompañaba y afirmaba que era mucha gente espontánea. Sin hablar, espontáneo, me uní a la manifestación y nos dirigimos a la Plaza de Bolívar. 

 A diferencia de cualquier manifestación que recuerde, caminábamos rapidísimo.  Imaginé el largo corredor urbano, en la penumbra,  repleto de triciclos. Los manifestantes ocupaban un cuarto del área de la plaza frente al congreso.




El ruido daba la sensación de inundar todo la ciudad, el país. Los cacerolaceros eran en su mayoría jóvenes. Algunos emocionados gritaban que el pueblo unido jamás será vencido. Un habitante del sector me dijo "falta un líder".  Entre el gentío perdí de vista a mis amigos. 






Al libertador le habían puesto sombrero y una ruanita con un letrero identificándolo como boyacense. Me encontré con la Búnker, la fotógrafa. Tienes el don de la ubicuidad, me dijo. En la tarde había visto en facebook unas fotos en  las que yo aparecía en el Huila.  Ella le solicitó a alguien que nos tomara una frente al libertador campesino.  El Bo-yaco-lívar. La envió por su celular a las redes con el mensaje "Del desierto de la tatacoa, al concierto de cacerolas". Habían muchas pancartas y banderas rojas y de Colombia. En un letrero se protestaba contra las papas a la francesa. En otro contra el TLC. En otro contra las multinacionales. En otro contra el presidente.  Somos ateos, no creemos en los santos. 








Algunos manifestantes repartían la alarma: vienen tanquetas, hay militares con fusiles. Nos están rodeando. Atentos, atentos. Pasen la voz. Algunos intérpretes de ollas habían acompasado el ritmo. Tatatá, tacataca y algunos bombos hacían pum, pumpumpúm. Nos mirábamos y decíamos como María que somos muchos.  Nos sentimos espontáneos, solidarios, sensibles. Ya, suficiente. Tengo hambre. Marcha atrás. Ya todos nos desahogamos.  Sin que nos hubieran lanzado gases lacrimógenos, regresamos a casa. Le dije a Sally que la cacerolada había estado fantástica. Encendí la tele para ver las noticias de las nueve. El presidente, en Tunja,  pedía perdón a los agricultores por los abusos de los agentes del ESMAD,  aplaudió las protestas con cacerolas, "eso sí es saber protestar sin violencia" y aseguraba que mañana se iniciarán los diálogos en una mesa de trabajo.



La mamá salió al corredor y dio un ultimátum a los niños: Me guardan ya esos triciclos. Rigoberto Urán quedó de cuarto en la etapa de la vuelta a España y los patinadores arrasaban en los mundiales de patinaje. Calenté una arepa, le puse encima una gran tajada de queso campesino envuelto en hoja de plátano. Hay muchas maneras de pedalear, pensé.


Diego García Moreno.


Bogotá, agosto 27 de 2013

He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.