lunes, 2 de septiembre de 2013

EL HOLTER Y LA MARACA



-Señorita, que la doctora Roa me recetó un examen de esos en que le monitorean a uno el corazón  durante 24 horas... 
-Sí, un holter. ¿De qué empresa de salud? 
-Aliansalud... 
-Ok. Puede ser el 14 de agosto a las 9 am. 

Pues...bueno. Acepté, pero dudé porque ese era el día de mi cumpleaños. Y justo celebrar los 60 repleto de electrodos y cables sin poder tomarme ni un trago ni moverme a mis a anchas me pareció algo incómodo. Volví a llamar a la señorita, le dije que me iba de la ciudad, que si podía cambiarme la fecha.  ¿Para el 27? Listo.  Cuatro días antes del día previsto para la fiesta que decidimos hacer con Sally para celebrar mi aniversario. Es perfecto. 

Tras dictar un taller de cine en Neiva y de regresar como turista por el desierto de la Tatacoa esquivando los bloqueos de las carreteras en mitad del paro agrario, un aparatico registró la información eléctrica de mi bomba vital durante 24 horas.  Tiempo suficiente para recordar en continuidad  la presencia del corazón, eso que tanto enfatizaba en la voz en off de la película que con el mismo nombre realicé hace ya casi siete años: "Aunque muchas veces olvide que tengo un corazón... su latido siempre me acompaña..." 

Aún no me han dado el resultado. Se trata de saber si tengo arritmia. Dos años y medio después de un infarto es bueno averiguarlo, me dijo la doctora.  Siento que a pesar de su renguera, pues la puntica se quedó tiesa, mi corazón está funcionando mejor que nunca; sé que me toca tomar  no sé cuántas pepas diariamente e ir al gimnasio siquiera cinco veces a la semana, que tengo que ser relativamente juicioso y tratar de no ofuscarme tanto, lo sé, lo sé, pero también sé que este juego de vivir es un problemita musical y que es maravilloso colocarle una maraca como acompañamiento cada que se pueda porque cuando uno cree que lo que hace es escuchar el corazón, él mismo se la pasa atento de tus acciones y está dispuesto a bailar al ritmo de todos los estímulos que le enviamos desde el exterior. Por el momento me conformo con saber que se acompasa con el currulao y los sones, con los boleros, las cumbias y las guacharacas. Esperemos a ver qué nos dice el misterioso holter.

He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.