viernes, 7 de marzo de 2014

Posando en Machupichu.

Disparen, disparen, mátenme hijueputas. A pesar del ahogo y la tembladera de piernas tras jijuemil escalones de piedra, primero, para llegar al Machupichu y, después, a la cima del Waynapichu, abrí los brazos, cerré los ojos, respiré fuerte y me dije “¡No te vas a resbalar, enfrentálos!”. Que disparen si son verracos. Yo ya me morí hace rato. Después de semejante infarto y no sé cuántos días de cuidados intensivos, si no me desbaraté en esta trepada es porque yo ya me fui. Estoy del otro lado, ya no hay vergüenza. Les puse pose de Ediciones Paulinas y esperé, pero nada. Como que se asustaron. Volvieron a sus guaridas, se escondieron en las caletas enmarañadas que habitan desde que los abandonaron sus naves. Ellos no acostumbran mostrarse. Pero esa mañana la bruma era tan espesa que creyeron que nadie los vería. Pero se rasgó la neblina y ahí  quedaron, expuestos al natural como una realidad espantosa. Pobres navegantes cósmicos convertidos en cargadores de piedra para un imperio alucinado con el brillo del sol, y, ahora, en cazadores esporádicos de humanoides rezagados de una procesión interminable de turistas desvalidos. Después de perder a sus amos en antiguas invasiones de conquistadores burdos que adoraban un metal dorado, estas pobres criaturas desconocedoras del mundo, cobardes y poco curiosas, quedaron condenadas a cazar lechuzas en la noche con unos arcos destemplados y, cuando la madrugada les recuerda la atmósfera lechosa de su mundo, roedores dormidos en las bocas de sus madrigueras. Disparen, disparen, pero no pasó nada. Cuando volví a abrir los ojos solo atiné a ver una manada de turistas mirando hacia el abismo, tomándose fotos con un fondo de ruina de piedras a lo lejos, y repitiendo en muchas lenguas ¡“Qué hijueputa belleza”!


Diego García-Moreno 2014 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.