jueves, 15 de enero de 2015

EL REPOSO DE LAS GOLONDRINAS

4pm
Un revoloteo al atardecer frente al ventanal de mi apartamento. Salgo al balcón a mirar las golondrinas.

5pm
Algunas golondrinas hacen escala en la fachada de mi apartamento.  Es el final  de un  día azul de enero de esos que vienen acompañados por una helada al amanecer y un sol abrazador al mediodía. Es el verano andino. Ahora lo llaman el fenómeno del niño. ¿Qué dirá el almanaque Brístol?


Los pájaros atletas se acomodan, uno tras otro, en el  mirador del piso dieciocho. Veo las sombras de sus cabecitas proyectadas sobre la cortina difusora que  protege el salón de los rayos del atardecer.  Unas sombras redonditas, nerviosas, que picotean su propio cuerpo como separando las plumas endurecidas por el  sudor 

Sacó mi camarita de su cartuchera y me acerco. Logro tomar un par de fotos . Sienten mi presencian y se lanzan al vacío.

Abro la ventana, miro hacia el cielo. Manchas negras trazan círculos en el cielo. Algunas fatigadas han encontrado refugio en un nicho entre el ladrillo.  Enfoco y click, clack.


11pm.
Apago la televisión. La ciudad está silenciosa. No hay rastro de las golondrinas. Abro el computador. Miro las fotos del día.  En la pantalla reposan sus huellas. Me acuesto. Cierro los ojos. Antes de caer dormido revolotean las preguntas.
¿De dónde vienes golondrina?
Golondrina…¿para dónde vas?
¿Estás cansada golondrina?
¿Dónde pasarás la noche golondrina?
¿De qué te alimentas golondrina?
¿Dónde nacen tus hijos golondrina?
¿Dónde amas golondrina?
¿Con qué sueñas golondrina?

Bogotá, enero 11 de 2015

diegogarciamoreno






He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.