martes, 20 de junio de 2017

EL CAUCHO... Taller de la Memoria- entrega 2

- Lo puse Osiris y a su hermanita Isis. Esos son nombres egipcios. A mí me gusta mucho eso de las culturas antiguas,- dijo el viejo.

Osiris sonrió, y los brackets metálicos de sus dientes  brillaron con el reflejo de la luz de los leds que iluminaban tenuemente el comedor de la finca. Esta gente vive actualizada, pensé: están equipados con pantallas de energía solar que durante el día alimentan una batería.  El joven cultivador de caucho me miró como preguntándome ¿Qué le parece mi papá, profe? ¿Será que sí sirve para personaje del documental?

-¿Que si sirve...?- 

En media hora, en un monólogo lento y lucido,  mientras Osiris con  Fabio y Jefferson, sus compañeros de curso, alistaban tres linternas y una escopeta y se preparaban para salir a cazar una babilla en la cañada -invisible en esa noche de un Caquetá sin luna- don Esteban me había contado la escapada de su casa en El Socorro, Santander, a la edad de ocho años; sus primeras aventuras como mano de obra infantil, su vida de músico al regresar a su casa a los doce, su servicio militar por  todos los rincones de Antioquia desde  Medellín hasta Urabá pasando por Urrao; de sus andanzas como parrandero, tomatrago y trabajador de lo que fuera entre plantaciones de tabaco y fincas ganaderas por toda Colombia antes de emigrar a Venezuela donde conoció a su mujer, la mamá de mi alumno, que hace ya treinta y pico de años se trajo para el Caguán; me había hablado de la Biblia, de las virtudes prácticas y técnicas de su hijo, de la coca, los raspachines y el enriquecimiento ilícito, de  la guerrilla, de  las plantas para mantener en orden la presión sanguínea y, ante todo, de gerontología, su nueva obsesión.  Las referencias al cuerpo y a la  salud,  su desprecio a las farmacéuticas multinacionales,  la alimentación sana y las transformaciones de la energía  son y serán su obsesión ahora que es consciente de su desgaste y no está dispuesto a convertirse al final de sus días en una carga para su familia. 

Cuando me fui a dormir los muchachos no habían regresado de la cañada.

Al día siguiente, al abrir los ojos no vi ninguna babilla en el  piso. Vi una casa amplia construida con grandes tablones, rodeada de árboles frutales y plantas tropicales, envuelta en un revoloteo de pájaros y gallinas y pavas y conejos. Mientras la mamá nos preparaba el desayuno en un horno de carbón, Fabio grababa los quehaceres del viejo y de su hijo. 

En el cortometraje documental que haremos, con énfasis en el retrato de un  personaje cargado de memoria,  Osiris quiere hablar de ese hombre que años atrás sembró un bosque de caucho pensando en el futuro de su hijo. 

¿Habrá un material más maleable que su padre?








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He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.