sábado, 7 de abril de 2018

LA CANOERA, EL VIACRUCIS Y EL AUDAZ .


Fragmentos de la fase 3 del TALLER DE LA MEMORIA en Florencia,  Caquetá. Primera entrega.

Palomo, el perro que en alguna etapa de su genética tuvo un ancestro labrador, no ladró al vernos llegar el lunes santo al campus. El perro mono, gordo y bajito, simplemente siguió con su oficio de anfitrión. Lo habían dejado solo o, más bien, él había despachado a vacaciones toda la muchachada y los empleados, con profesorado incluido. Orondo,  se unió a nuestra procesión rumbo al salón Chairá  sin inquietarse por las cámaras, trípodes, micrófonos, computadores, cañas y cajas de refrigerios que habíamos traído. Viéndonos instalados, regresó a la portería y se acostó a dormir sobre el asfalto sin prestarle atención a las conversaciones de los celadores de la Universidad de la Amazonia.

Las nubes gordas del invierno tropical hacían que el sol atacara los edificios y el follaje y se fuera repentinamente dándole movimiento a las esculturas camufladas entre la flora amazónica. Iguanas de cemento mimetizadas con bromelias y palmeras. La manigua, un armatoste escultórico con manos de enormes dedos, en un estilo tipo expresionismo artrítico que se camuflaba con las ramas peludas y los helechos aferrados a los pomos. 


-Palomo es la mascota de los estudiantes-, dijo una mujer con cara de primípara sabelotodo, como tratando de ganarse un espacio en el grupo.

-Veo caras nuevas … Deberíamos comenzar por presentarnos-. Ese protocolo de introducción personal, que a veces solo sirve para matar tiempo en jornadas que se extienden durante todo el día, sirvió en este caso para comprender lo difícil que es mantener un grupo estable en estos procesos de formación a largo plazo y diseñar de afán un método de inclusión acelerada de los recién llegados. A medida que escuchaba sus hojas de vida, hacía en silencio un listado de los ausentes y extrañaba la  presencia de algunos de ellos. Sobre todo de Diana y Yuli, que habían realizado esa hermosa película sobre la abuelita que escuchaba continuamente una canción de amor, y el documental experimental sobre la Plaza de Toros que construyó el mafioso Leonidas Vargas asesinado en España. Recordé a Paula, la energética directora de la película sobre la Satélite, la plaza de mercado de Florencia. Pero nada que hacer. Tenemos claro que, por una parte, es todo un rollo hacer que coincidan los horarios laborales o de estudio con las fechas del taller -por eso lo estamos realizando en semana santa-;  por otra parte, sabemos que en su búsqueda de perspectivas de futuro, muchos emigran a estudiar o trabajar en otras ciudades, y, hay otros que simplemente desertan porque descubren que el audiovisual no es su cuento, y ahí no hay nada que hacer.

A los ocho sobrevivientes de los primeros talleres se sumaron seis caras nuevas: Wil, Brayan y Johan, tres muchachos con el mismo molde, -es que somos primos, dijo el más nerdo-,  que tienen ya un proyecto audiovisual en marcha, bienvenidos sean; Yusseth, un estudiante desertor de la carrera de literatura que busca redireccionarse hacia la comunicación; Sandra, una artista plástica, algo mayor que la media del grupo, apasionada por la fotografía, y Fabián, alias Mango, un músico con bastante sensibilidad social que había trabajado en proyectos comunitarios con Acnur. Una camada interesante que aporta al grupo un nivel de estudios avanzado y pareciera tener más claro su interés por el cine y el audiovisual. Sumados a los 8 que han permanecido desde el comienzo de los talleres tenemos entonces un grupo nuevo a configurar. A amasar, entonces, saberes y experiencias, vacíos e intuiciones.

-En esta tanda, chicos, vamos a hacer énfasis en el sonido.

Tratando de sintetizar el contenido de los talleres anteriores para las caras nuevas, hice un esfuerzo pedagógico en el que quedaba claro que, de nuevo, narraríamos una historia ubicada en un espacio cargado de memoria del conflicto como es el Caquetá, que trataríamos de profundizar y retratar unos personajes bajo los efectos de la vida y su espacio social,  con el impacto de la luz, bajo el tono de sus dichas y conflictos, que tendríamos obligatoriamente que llegar a una síntesis de acontecimientos, pero que en esta ocasión, la tercera fase del proyecto, estaríamos atentos, más que nunca, al mundo sonoro.

- Supongo que ya leyeron la cartilla, pero sería bueno que la repasemos juntos...:

"Activa tus oídos. Empieza a evidenciar el sonido con el elemento más cercano que tienes. Tu propio cuerpo. Eres una caja de música. Escucha tu corazón, tu pulso. Escucha tu respiración. Tu corazón y tu respiración cambian en función de tus estados anímicos, de los estímulos que recibes, de las acciones que realizas. Se aceleran, se agitan, aumentan su volumen, se calman.  A veces olvidas que suenas, pero este es el momento de tener conciencia de que cada ser produce ruidos. Ruidos que son voluntarios o involuntarios, orgánicos. Escucha los roces de la piel. Todas las acciones humanas producen un ruido. Cuando comes, cuando das un beso, cuando tu barriga está revuelta, cuando duermes. Camina. Escucha tus pasos. Si escuchas con atención te darás cuenta de que no suenan igual cuando pisas la tierra, o una baldosa, o marchas sobre el metal o sobre el pasto; que cada material, cada textura influye en el ruido que escuchas. Que no suenan igual si estás en un interior o en un exterior. En una iglesia o en tu cuarto, en el parque del pueblo, en la cancha  de fútbol o en la selva.

Cierra los ojos y escucha. No necesitas de la vista para escuchar el sonido. El sonido se esparce por el espacio. No necesitas estar viendo el objeto que produce el ruido para escucharlo. A diferencia de la imagen, que necesitas ver la acción para comprenderla, el sonido puede existir sin ver su fuente de origen. Las imágenes tienen sonidos sincrónicos que son los que producen los personajes, objetos, máquinas, las acciones que ves. Y los asincrónicos, que son aquellos que no están justificados por una acción en la pantalla o que tu agregas a la imagen por alguna razón.

Hagamos un ejercicio. Busca un espacio silencioso que para ti sea importante pues allí ocurrió algo muy trascendental de tu vida. Con la ayuda de un equipo de compañeros cinéticos haz una grabación donde escuchemos los sonidos de tu cuerpo. Fíjate que para escucharlo necesitas mucho silencio. Que no hayan otros ruidos que impidan escuchar. Y luego interviene con tu voz. Cuéntanos ese recuerdo. Utiliza la palabra. Dale importancia a los silencios.

El ritual quedó lanzado. Me pareció que al grupo se le crecieron las orejas y que empezaban a diferenciar en el paisaje la distancia de las chicharras, las motos y el estruendo de las motosierras.  Pero vamos a lo que vinimos. A ver, ¿cuáles son los proyectos? Joghis, nuestra tallerista anfitriona, protagonista hace años de la hermosa película La Sirga, miró con sus ojitos redondos y vivaces a sus nuevos alumnos,  y les hizo un gesto como de "pilas, a mostrar pues lo que han avanzado, no fueron en vano este par de semanas que he hemos trabajado".

Yusseth salió al tablero. Rubio y peludo, de mediana estatura y apariencia serena, con varios semestres de universidad a cuestas y un estilo que delataba su iniciación en el mundo literario, contó la saga de don Manuel, el abuelo de un gran amigo suyo, que fue ciclista, motociclista, rumbero, dentista, marinero, seductor, finquero, coquero, negociante. Pero lo que más me llamó la atención en su relato fue el comienzo de su vida, el periplo intercontinental de sus padres hasta su concepción enun pueblito del Huila. ¿Y cómo vas a contar todo eso, compadre?

Manuel "el Audaz". Sinopsis.
Pedro sabe que su abuelo Manuel fue el fruto de la odisea de un seminarista marinero catalán que se enamoró de una monja y huyó con ella a la amazonía. Ahora, cuando el viejo Manuel es visitado todas las mañanas por una enfermera que le hace terapia respiratoria, quiere saber cómo llegó al Caquetá y cuáles fueron las etapas de su vida. Las pistas están en las fotos y cuadernos que ha guardado la mamá de Pedro donde se le ve entre motos, bicicletas, citas de dentistería, juergas y mujeres.





Mango, también es nuevo. Este muchacho grande, gordo y comelón, paciente y  buen escucha, con  bastante sensibilidad social, aparte de un músico es un defensor de los derechos humanos  que trabajó en  Acnur, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados en varios proyectos en el Caquetá. Fabian, su verdadero nombre, tenía otra saga por contar: la de Paloquemao, un barrio de invasión en Florencia en una vega, zona de riesgo, al lado occidental del Río Hacha, donde una mujer trabaja de canoera cruzando la gente de lado a lado. Trajo una investigación tan detallada sobre los aconteceres del barrio que lo urgimos a tomar una pronta decisión sobre el aspecto consideraba más importante y viable para trabajar por el momento. Después tendría todo el tiempo, si la pila y el convencimiento permanecían,  para contarnos en una serie o en un largometraje todos esos aspectos que le parecían importantes.

La canoaera. Sinopsis.
Doña Consuelo consiguió su trabajo como canoera porque en su natal Puerto Boyacá, de niña, aprendió a remar. Todas las mañanas inicia sus labores pasando en su canoa los transeúntes que van de Paloquemao, un barrio de invasión, habitado por desplazados en una vega de riesgo del río Hacha hasta la Atalaya, un barrio comercial de Florencia donde muchos de ellos trabajan, mendigan, o asisten a la escuela.  Menuda, blanquita, esta mujer de cincuenta y cuatro, rema con sus ojos tristes que parecieran guardar muchos secretos bajo sus gafas.  Al terminar su jornada vuelve a su rancho a medio construir donde vive con su hija, sus nietos y el recuerdo del hijo decapitado que perdió por la guerra en el Putumayo y la violencia que la hizo buscar una nueva vida en una improbable tierra prometida.




La Nanis, es una vieja conocida. Estudiante de derecho, habitante del barrio popular la Gloria, hermanita de Giselle, la chica que después de haber hecho un curso de criminalística, entró al taller de la Memoria y colaboró en la edición de La Satélite, el docu sobre la plaza de mercado de la fase 2. Recuerdo que Nani en el anterior taller hacía parte del proyecto sobre el Curiplaya, pero, por incumplida, se ganó muchos regaños; pero en esta ocasión llegó cargada de energía y presentó un proyecto sobre el caserío donde vive su abuela, La Mono, un corregimiento de Belén de los Andaquíes que padeció la violencia paramilitar más terrible a principios del 2000. En  semana santa mucha gente retorna al pueblo.... escuchen, pues.

El Viacrucis de la Mono. Sinopsis
Cada  viernes santo la población de La Mono se reúne para desfilar en la procesión del viacrucis. Este corregimiento de Belén de los Andaquíes fue víctima de la más terrible barbarie paramilitar  a principios del siglo 21. Los pasos de la marcha religiosa son un espacio para recordar. Los testimonios de las víctimas de la guerra se superponen al desfile. Este documental conjuga en una ceremonia de reflexión, reconciliación, sanación de heridas, un ritual  de la tradición judeocristiana y el flagelo de un pueblo.







CONTINUARÁ...

viernes, 9 de marzo de 2018

SANTAS MARTAS


-->
En Medellín no existían las santas Martas. Todas las Martas tenían su historia sospechosa o, como decía mi abuelo José, su prontuario. Todas las casas de cita de Lovaina eran  propiedad de una Marta. En el barrio de tolerancia Marta Pintuco era la reina de las Martas, la doña, la gran señora, la gran puta. Y las otras, las Martas, meseras, enfermeras, empleadas del servicio, madres de familia, monjas, cajeras, secretarias de abogados, notarías o despachos parroquiales,  eran putas ya fuera porque sí, por herencia o simplemente por reputación. La cola de la cometa Marta arrastraba decenas de estrellitas que daban brillo y acción a la noche de aquel pueblito medieval que se travestiaba de día en moderna ciudadela  y atizaba los fuegos del infierno al caer el sol.
Mi madre tenía una prima que contradecía el destino de todas las Martas. Quizá por eso tuvo que irse a vivir a Bogotá.  Marta Arango no regentó burdel alguno en la capital, a duras penas administró un restaurante de almuerzo ejecutivo que solo abría al mediodía. Era una mujer alta, esbelta, bella, deseable pero  infinitamente sufrida. Todo su fino rostro estaba marcado por el signo de la tragedia cotidiana y bastaba mantener la mirada fija en sus ojos durante un par de segundos para presentir el tormento que acompañó su desvelo la noche anterior, y la anterior y todas las noches del lustro o la década precedente. Las Martas bogotanas se asociaban a un mar de lágrimas que no les aseguraba el título de santas, apenas, tal vez, de mártires. 
Amanecí en la hamaca pensando en las Martas marinas por simple asociación mental, sonora,  locativa. Estoy en Santa Marta después de varios días en el festival de cine de Cartagena donde también la palabra Marta caló en mis despropósitos y condimentó una buena dosis de recuerdos. Hace un par de décadas la ciudad amurallada representaba para mí una ciudad de Martas. El apartamento en Crespo de Bibiana, mi amiga pintora que amablemente me alojaba, era  el destino de las Martas en la tarde. Marta Yances, ángel y demonio tropical , llegaba casi a diario con un proyecto de película Caribe y, por supuesto,  con un varillo en la boca. Marta la pulga, escapándose de su destino de Marta medellinensis, coincidía a la hora del varillo y se asociaba a la nueva aventura de la Yances agregándole velas y redes a sus proyectos. Y nunca faltaba  Marta la pequeñita, no recuerdo su apellido, ¿Gómez? algo impreciso como su presencia; seguramente esta volaba con los mismos humos, pero sus aficiones plásticas no se inmiscuían con el mundo audiovisual de las otras Martas: Marta la pequeñita era escuetamente pintora. En esta semana no me topé en Cartagena con ninguna de las tres Martas en carne y hueso. Por carambola del destino, me alojé en la casa de Bibiana donde ahora vive su primo David Covo, mi colega de aventuras pedagógicas en el Caquetá.  En las noches, por el cuarto improvisado en el estudio de la pintora en exilio donde dormía, desfilaron los fantasmas de Marta Yances, muerta en mitad de la grabación de El Vampiro Vegetariano,  de Marta la Pulga quien ahora navega entre archivos de noticieros y retazos de telenovelas en una productora que es la Marta de las productoras comerciales.  Mientras Marta Yances producía películas en mis sueños, Marta la pulga proponía conservar lo producido, y Marta la pequeña, inhalaba el humo de un varillo mientras observaba por la ventana el edificio del Hotel Corales que apareció de la nada para tapar el mar que Bibiana pintó tantas veces.
Cada quien deambula entre el aroma y el significado de sus Martas. Mi abuelo con sus martonas de la noche paisa,  mi Cartagena con sus tres gracias ahumadas y la biblia ajena con su propia Marta, hacendosa y servicial.  Para el best-seller sagrado, Marta es simplemente la hermana de María Magdalena, la de Betania, y de Lázaro el resucitado; y como todo lo que ese libro cuenta ha sido objeto de representación mural o al óleo, los pintores la han puesto en escena con su manojo de  llaves, escoba en mano haciendo el oficio de la casa, o  sacudiendo el polvo o lavando trastos, haciéndole honor a su función de santísima anfitriona ya que hospedó a Jesús en dos o tres ocasiones. Con qué facilidad aquella Marta se ganó el título de santa y la treparon a los altares. Es extraño que yo nunca haya conocido a un o a una feligresa que tenga por patrona o deidad preferida a Santa Marta. ¿Será que aparte de trapear y tender la cama no logra realizar un milagrito?  
La Marta pintada me hace pensar en el arte contemporáneo colombiano que afincó sus críticas en la voz de otra Marta: la temida y respetada Marta Traba. Marta de las Martas de la Argentina errante,  y Traba de traba, de enredos o viaje alucinado; estrambótica mezcla de palabras  que pareciera simplificar la retahila de párrafos retorcidos que últimamente acompaña por obligación la creación plástica y que ella dejó ordenadita para que se la fueran colocando a cada artista de mediados del siglo veinte en adelante, uno por uno, a medida que en cualquier exposición cuelguen sus cuadros o amontonen sus esculturas.  Marta la que juzgaba, la que dictaminaba si la razón de ser estética de una obra reunía las condiciones necesarias para ser valorada como tal, a diferencia de las Martas que exploraban las posibilidades expresivas de sus cuerpos y lo ejercitaban y lo exponían  hasta borrar gestualmente las referencias literarias. Las Martas del escenario del siglo precedente.  Las Martas del cuerpo del siglo veinte, el que me tocó vivir y que aun, casi a diario patalea o hace mímica en el presente, se retuerce y contorsiona finamente en las tarimas de madera de las grandes capitales con las propuestas de la pittsbourg-neoyorkina Marta Graham, y en mis recuerdos parisinos sus imágenes de tensión sublime buscan reposo en Marta Moore quien se me aparece como un ángel que expande con calma las propuestas de su icónica compatriota. 
De Medellín vuelven  a mi hamaca los ecos y las Martas domesticadas en Marticas. Los diminutivos le imponen un halo  de ternura a  sus caras formidables  y me relajan. Martica Hincapié, buena amiga, ex-abogada pero siempre litigante, documentalista y bailarina, inteligente, picara y risueña en casi todos mis recuerdos;  Martica Ramírez,  dibujante y criticona, peluda, contundente, cantaletosa y genial en casi todos mis recuerdos… en casi todos.
Mi hamaca en Santa Marta quisiera continuar meciéndose con la materia dispersa de aquel nombre y  extraerle un sentido más eólico a sus sílabas. Encontrarle un gentilicio o tallarle un epitafio.  Aquí nacieron las Martas o aquí yacen todas ellas. Martas Santas, putas Martas, Martas las hacendosas,  las artistas, las inútiles, las bondadosas, las pirañas. El vaivén del viento zarandea mi columpio y en el vaivén de los días sobrevuelo el Mar de Marta, los mares de Santas Martas, la Marta del marsupial, de la martucha y la martilla, del martirio y las martejas. Mares de mareadas, de Martas, marimondas y santorales, de Martas y martejas y martillos.
Hoy es martes. Ha caído la tarde y en el firmamento oscuro refulge un planeta: marte.  La vocal A comienza a entregar su dominio territorial. La E invade sin sobreexponer su integridad, de manera sencilla lanza frases, juguetitos, triquiñuelas.
Vuela, vuela con Marta a marte todos los martes.


“Marta es también el nombre de un bello animal de la familia de los mustélidos que vive en los árboles. Es carnívoro, de cabeza pequeña, cuerpo delgado, cola larga y pelaje suave y espeso, es feroz y salvaje. Se alimenta de pájaros, huevos y ardillas. Su piel es sumamente apreciada por su suavidad. En esta mascota tienen las que lucen el nombre de Marta, la cara opuesta de la humilde y servicial Santa Marta, que bueno es disponer de ambos modelos.


Diego García Moreno-
Santa Marta, Colombia, marzo de 2018.




martes, 30 de enero de 2018

LA VENTANA -de mi oficina-.

A una ventana en la Calle 26 x carrera 10 en Bogotá. 
Esta ventana sabe de tormentas y arcos iris,
de amaneceres radiantes y de grises mediodías.
Conoce la penumbra, los estruendos… y el silencio:
el silencio melodioso y el espantoso silencio.

Esta ventana no conoce el vértigo y es experta en el vacío.
Reconoce el atropello y distingue el gemido en el umbral de la muerte.

Esta ventana
urbana
  se ufana
      de acariciar el hielo en la mañana.
 
Esta ventana es capaz de detener el calor cuando el asfalto rechina
y la prisa desconcierta y los buses se encabritan
y las monjas convulsionan y los mendigos vomitan.

Esta ventana es testigo de marchas por mil razones,
De legiones rojas, azules  y amarillas, de arengas blancas y negras ,
de procesiones,
inundaciones,
extorsiones,
confusiones,
invasiones,
De banderas multicolores entre motos y perros, empanadas, bolillos  y pancartas,
Vírgenes en andas que tallan cicatrices y confusión en las pieles,
Ojos de mártires prematuros en ataúdes abiertos adornados con venganza,
Caravanas raudas, trancones espeluznantes, bicicletas desbocadas,
Corrillos, marchas, paros, huelgas, motines, pedreas y explosiones.
Explosiones, explosiones… y un manojo de aguaceros.

Esta ventana ha visto, ha escuchado y visto, el terror y la miseria
Y, en silencio, ha guardado los secretos de lo visto y lo escuchado.
Esta ventana urbana, tan amplia, tan manoseada, tan limpia hoy,
Esta ventana tan ventana, 
tan urbana,
tan sana,
tan loca
y tan lozana,
Esta ventana se ufana de dormir desnuda en la noche
 y acariciar el hielo en la mañana.


Diego García-Moreno
Bogotá, enero  de 2018

jueves, 25 de enero de 2018

EFECTOS LUMINOSOS

Cuándo Bogotá amanece iluminada con este tipo de luz, pareciera que la contaminación es fantasía, que los políticos son honrados, que La Paz es un don estable y la miseria un relato medieval... voy a mirar el pronóstico del tiempo para ver cuánto tiempo estará mi paraguas en vacaciones y mis improperios confiscados.


jueves, 11 de enero de 2018

DESAYUNO SOLAR versión 2

...la misma ropa, el mismo alambre, las mismas fotos, distinta forma...
Los habitantes de Isla Fuerte tienden su ropa  sobre alambres de púas para que el sol desayune con una cazuela de colores.  Abre la boca y les chupa la humedad, les absorbe el sudor de tanto brinco entre rumba y ron y sexo y arrebato. Desnudos frente al mar esperan a que termine la bacanal de luz y de calores.  Bienvenido el año nuevo. Es tiempo de  sumarse a los mil verdes de la Isla.
                                                                                               Damasco, enero 8 de 2018.

Si quieres ver las fotos, ve a la publicación anterior: 

domingo, 7 de enero de 2018

DESAYUNO SOLAR


Los habitantes de Isla Fuerte saben que
El sol prefiere desayunar con ropas de colores
Generosos cuelgan en alambres de púas sus más bellas prendas
Pacientes después de tanto agite en las  fiestas de fin de año
Duermen poseídas por esa boca ardiente que les absorbe la humedad
Se evaporan los restos de sudor de pasiones y arrebatos
Los mil verdes del follaje se hacen invisibles 
para que la bacanal de luz celebre voraz la lluvia de colores

Diego García Moreno
Santafé de Antioquia, enero 7 de 2018




 


                                   





viernes, 5 de enero de 2018

LA TARJETA DE AÑO NUEVO

En Damasco, Antioquia, muy lejos de la atribulada Siria,  un apacible corregimiento de Santa Bárbara depositado en un nido de montañas por el tiempo y los viajeros de a pie que  antaño transitaban con recuas de mulas la ruta  Medellín-el viejo Caldas, las ventanas de madera están lacadas con sólidas figuras geométricas de colores vivos y protegidas por rejas de hierro pintadas en su propia gama. La primera sensación al recorrer su columna vertebral, una calle empedrada en leve descenso de norte a sur, es de alegría.  El paisaje urbano de este pueblito de escasos trescientos habitantes hace olvidar que por esas tradicionales hendiduras en la pared de bahareque de una planta pueden entrar a robar los amigos de lo ajeno, o que hace apenas 15 años, los paramilitares del bloque del Cacique Pipintá se habían asentado en sus fincas aledañas y exigían, ametralladora en mano, el pago de la vacuna a los propietarios de las parcelas de la región y los favores carnales de sus lindas adolescentes.  


Ayer, dos días después de navidad,  como es costumbre cuando vengo a los encuentros familiares en el Pajaral del Sol, la casa de campo de mi hermano Luis Fernando, salí a caminar temprano con Vicky.  Remontamos los potreros empinados de la antigua Cimarronas hasta el caserío con la intención de continuar por la carretera sinuosa que asciende hasta Cordoncillo en la cima de una montaña al occidente del casco urbano.  Varios obreros esperaban por algo, vaya a saberse qué, sentados en la pequeña acera que bordea las casas o en la baranda que protege uno de los pocos jardines exteriores  de la calle central. Por las herramientas dispersas, las piedras amontonadas en el centro de la vía, las bocatomas del desagüe recién instaladas, supuse que estaban construyendo, por fin, el alcantarillado del pueblo. ¿Recuerdas Vicky -le pregunté a mi hermana recién llegada de Barcelona donde estudia un doctorado en artes plásticas-  el tramo de quebrada putrefacta que debimos recorrer el año pasado cuando hicimos nuestra caminada anual? Seguramente van a vaciar los excrementos más lejos del cruce de los rieles que la atraviesan para subir a las fincas del cerro Quita Sol. ¿Cuándo llegarán los purificadores de aguas residuales a estos espacios pastoriles, donde las puertas, a pesar de las rejas en las ventanas permanecen abiertas y al caminar por la acera puede uno ver los patios interiores, las salas decoradas con orquídeas, o flores de plástico y sagrados corazones? 



Dejar las puertas abiertas da a entender que la confianza persiste en el pueblito a pesar de toda la mierda que contamina la quebrada que desciende la montaña tratando de recuperar su oxígeno por el despeñadero que va al río Buey. Dejar la puerta abierta significa que en este pueblo no hay ladrones, significa que después de tanta zozobra creada por los personajes del conflicto – no entiendo por qué les dicen  “actores”-, el tiempo logró unificar la vivencia pacífica cotidiana y cada cual puede cruzar el umbral para llamar a doña Teresa, que si me puede prestar unos huevitos, un poco de aceite, unas arepitas, cualquier cosa. El derecho a la circulación, más allá de las rejas, que se han vuelto un elemento estético, es un hecho irrefutable y un estímulo para la representación.
Tengo la costumbre de hacer desde que nació Tomás una tarjeta de feliz año en la que aparecemos Sally, Tomás y yo. Al pasar frente a una ventana colorida y enrejada, me pareció que el espacio entre los barrotes era enorme. Pensé que en esos hierros de vívido color amarillo, naranja, verde,  podía vivir un circo. No eran los barrotes de la cárcel, ni del pánico, eran unos soportes para jugar. Decidí hacer una foto de cerca, eliminando las paredes, profundizando en la simetría y el color de la madera y el hierro. Y allí cabemos nosotros. El resto es problema de photoshop. Al llegar al mediodíaa, cansados, sudados, satisfechos del esfuerzo, me ví en el escenario foto ventana colorida agarrado en uno de sus barrotes y convencí a los miembros de mi núcleo famiiar para que se dejaran tomar una foto para la composición. Aquí está el resultado. Feliz año para tod@s.

Damasco, diciembre 26 de 2017

miércoles, 20 de diciembre de 2017

NUBE

Nube nave,
nube caleta,
nube animal,
oveja o delfín
o zorro o amiba
o cualquier cosa
nube que engulle
y desconcierta,
nube pasajera,
nube tromba,
nube presagio,
nube de rayos y centellas,
nube débil,
débil nube,
nube nube,
pobre nube condenada
al destierro y al recuerdo,
a la nada,
a deshacerse
en un blanco insoportable
o en un azul profundo,
quizás a reaparecer
furtivamente
en cualquier ranura
de un sueño.

Nube nave, nube caleta, nube animal, oveja o delfín o zorro o amiba o cualquier cosa, nube que engulle y desconcierta, nube pasajera, nube tromba, nube presagio, nube de rayos y centellas, nube débil, débil nube, nube nube, pobre nube condenada al destierro y al recuerdo, a la nada, a deshacerse en un blanco insoportable o en un azul profundo, quizás a reaparecer furtivamente en cualquier ranura de un sueño.

Diego García Moreno,  Bogotá, diciembre 2017

miércoles, 20 de septiembre de 2017

ADIÓS A RIRE

El cine documental ha amanecido muy triste. Ricardo Restrepo, Rire, Rirehe, murió. Durante años trabajó cotidianamente para que el gremio existiese y tuviese una representación, una voz. Diariamente veló para que el cine documental del mundo, la memoria y realidad del planeta, de nuestro propio país, fueron accesibles a una sociedad que urgía y urge de memoria activa. Alados y la Muestra Internacional documental de Bogotá MIDBO fueran durante más de una década sus espacios de acción. Ricardo se fue justo cuando el cine documental colombiano está alcanzando un vuelo de proporciones mayores. Algún día sabremos cuánto le debemos a su paciente y generosa labor.
Te fuiste, amigo, cuando abrías tus alas de creador. Las que durante mucho tiempo mantuviste serenas para que muchos voláramos. Gracias, querido colega. "Cesó la Horrible noche" podría ser el nombre para tu adiós, pero es mucho más: quedará para siempre como un documento indispensable en los anales de las visiones fílmicas de la historia de Colombia. Hace apenas unos meses te ganaste Doctv con un proyecto ligado al presente, tus ojos se centraban en el proceso de paz a través de la reinserción en la vida civil de unos músicos que cesaron su vida entre las armas. Ese registro y este proceso no pueden detenerse. Tu aliento era fuerte y necesario.
Patricia, el impulso fue lanzado, adelante con el legado, en tu amor, sensibilidad y talento está la continuación de una labor que es una necesidad de todos. Te abrazamos, te queremos, te acompañamos. Ricardo se ha transformado. Poco a poco, tras las lágrimas, aprenderemos a existir con su nueva presencia.

lunes, 18 de septiembre de 2017

LA MUERTE DE LOS JUSTOS

                                                       


In memoriam de mi madre.

Beatriz Moreno, mi madre, murió hace seis años. Lo hizo como siempre lo prometió: "Un día, sin ponerle problema a nadie, me van a encontrar tiesa en la cama". Cumplió su promesa y agregó una sonrisa. En aquel momento, yo recorría Colombia reflexionando sobre la muerte con el evento Proyectando Memoria, haciendo rituales de reparación con el arte en espacios donde "el conflicto" había herido de muerte violenta el concepto de la muerte como parte integral de la vida. ¡Qué contraste! Tuvimos el privilegio en mi familia de recibir como regalo algo que muchos no tuvieron la dicha de conocer: aquello que la cultura popular llama "la muerte de los justos"; de saber que tras las lágrimas por su ausencia compartíamos una sonrisa de agradecimiento porque Beatriz había cumplido a cabalidad su contrato en este mundo. El destino, los arcanos, el azar, vaya a saberse qué fuerzas misteriosas forjaron ese final. Quisiera uno desear que esa fuera una ley aplicable a todos los humanos, pero sabemos que eso nunca será así. Bienaventurados nosotros en este caso por haber sido privilegiados con el quite que te hizo la tragedia. Gracias Beatriz por tu sabiduría simple y profunda, tu generosidad, tu ecuanimidad y tu paciencia.
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.