domingo, 22 de septiembre de 2013

LOS SUEÑOS DE LA SELVA




Todas las mañanas al levantarme sonreía y le decía a Alirio "No, ¡qué belleza de sueños los que tuve anoche". Mis sueños en los cambuches del camino Andaquí, tras las extenuantes caminadas por la selva, entre la lluvia y el pantano, tras los escarpados y resbaladizos ascensos y descensos, fueron de ensueño. En el día, muchas veces sentí que era incapaz de soportar el peso del morral, que no podría levantar una vez más la rodilla para dar un nuevo paso en esa loma interminable,  que ese corazón frágil que ya se había infartado una vez ya no era capaz de absorber el oxígeno que agitadamente inhalaban mis pulmones y que volvería a fallar en cualquier momento, pero era imposible detener la marcha; me inventé un estribillo que repetía sin cesar: "este es el primer paso, este fue el primer paso, este será el primer paso" y recomenzaba "este es el primer paso...", trataba de borrar el tiempo y mantener el cuerpo en un estado de presente permanente, era como una especie de estimulante que pretendía engañar al desgaste de fuerzas que consumía las últimas calorías que me dio el trozo de panela  o la cucharada de leche condensada que Erasmo nos repartíó una hora antes; era un esfuerzo continuo por controlar la fatiga pues  sabía que no había donde reposar, que no era posible hacer marcha atrás, que no era ni siquiera imaginable convertirse en un lastre para que los baquianos ágiles y fuertes alzaran con  mis ochenta kilos con destino a una tumba o un hospital. Cuántas veces me sentí desfallecer y rodar por un despeñadero sin fondo porque no lograba mantener estable el talón de mis botas pantaneras, las "venus "ecuatorianas que ilustran los noticieros cuando muestran el infortunio de los secuestrados retenidos por guerrilleros o paracos, pero vaya a saberse qué ángel se encargó de protegerme para que pudiera llegar al campamento en la noche y, bajo la carpa  de plástico negro que levantaban en cinco minutos don Ismael, el Zorro, y el Gumarra,  comenzara una fiesta de visiones donde todos los buenos amigos y los espacios hermosos que he visto en la vida se entremezclaran conformando una ciudad ideal donde pasaría mis próximos años. Extraño y deslumbrante premio. Defensa de la vida y de las células que entremezclan la fascinación de un paisaje apenas tocado por la presencia humana, ese manto verde lleno de fantasías botánicas que el ojo ciudadano apenas ve, con las innumerables visiones de arquitecturas, personajes y colores encontrados a lo largo de la vida.





lunes, 16 de septiembre de 2013

VUELO AL SUR

¡

El avión giró hacia el sur, y  Bogotá apareció desnuda. Hubiese podido decir "¡qué belleza!¡qué ciudad tan pujante!¡Cómo crece!", pero, por el contrario, sentí pánico. Esta enorme costra me aterroriza. Bendije la existencia de los límites naturales que frenan el paso arrollador de la peste humana que cubre la faz de la tierra con cemento, asfalto, acosos y ladrillos. La sabana ha desaparecido, por fortuna,  los cerros orientales  están allí, como una muralla,  conteniendo, ojalá por mucho tiempo, el paso arrollador de la urbe.


El avión siguió con rumbo sur hacia Florencia, Caquetá, sobrevolando el río Magdalena sobre el Huila .
Abajo están los cultivos. que alimentan los habitantes de la urbe. La tierra domada por el hombre. Me provoca volver a decir, qué belleza, qué empuje, que capacidad de dominar la tierra. Vuelvo a sentir espanto. La naturaleza virgen es historia del pasado.



Aterrizando en Florencia. Voy hacia Belén de los Andaquíes y de allí partirmos en expedición a recorrer el camino Andaquí. De Acevedo  hasta Belén. Atravesaremos el parque Andaquí en el límite del Caquetá con el Huila. Un trozo de selva virgen que algunos humanos se han empeñado en proteger. Espero reconciliar este espanto con el arrollador impacto que provoca la naturaleza. Espero traer muchas imágenes y crónicas para continuar con este oficio de bloguero.

viernes, 6 de septiembre de 2013

MIRADAS QUE MATAN. Alerta en el DF




El de la izquierda tenía la corbata metida entre el segundo y el tercer botón de la camisa. Cuando fui a tomar la foto, la sacó y colocó su mano izquierda en el bolsillo del pantalón, al lado del revólver.  Los tres cargaron con pistolas sus ojos y las fijaron en nosotros  dejando en claro que no teníamos por qué mirarlos y mucho menos fotografiarlos. Dos atacaban, el tercero guardaba la retaguardia. Simulé que tomaba una foto a mi amiga. Ese trozo de perfil al lado derecho del cuadro comprueba que la dirección de mi lente delataba lo precario de mis intenciones.  Al ver estos varones me pareció que se nos venía encima la imagen del Méjico que desde hace algunos años fabrica y nos produce tanto espanto. Dudé en publicarla.  A ciencia cierta, no sé si son narcos, detectives, un acaudalado señor con sus guardaespaldas o qué. Opté por deformarles la cara y dejar intacta su mirada que con los días guarda el mismo gesto amenazante, violento. 

Diego García Moreno 
México DF julio 2013

jueves, 5 de septiembre de 2013

NEIVONADAS- Los espanta-en-sueños




Neiva esta llena de esculturas dramáticas, tormentosas. En su obsesión por alabar sus mitos y leyendas y la pujanza de sus gentes, sus administradores de turno han llenado las plazoletas y el malecón con unos muñecos gigantescos que ordenados en las alacenas del imaginario conforman una  brigada de "espanta-en-sueños". 
Algunos, ya sean caballos, novillos o jinetes, se desbocan, se desgañitan, se hernian tratando de demostrar su energía y otros se hacen espantosos tratando de provocar espanto. Imagino la dicha de los escultores al recibir la autorización para soltarle la rienda a sus alaridos plásticos.  Afortunados ellos que comparten su sensibilidad con el panteón de sus mecenas. 

El de malas es uno que va a tener que soportar los embates de esas figuras en una o en muchas de las tantas pesadillas que aún faltan.


lunes, 2 de septiembre de 2013

EL HOLTER Y LA MARACA



-Señorita, que la doctora Roa me recetó un examen de esos en que le monitorean a uno el corazón  durante 24 horas... 
-Sí, un holter. ¿De qué empresa de salud? 
-Aliansalud... 
-Ok. Puede ser el 14 de agosto a las 9 am. 

Pues...bueno. Acepté, pero dudé porque ese era el día de mi cumpleaños. Y justo celebrar los 60 repleto de electrodos y cables sin poder tomarme ni un trago ni moverme a mis a anchas me pareció algo incómodo. Volví a llamar a la señorita, le dije que me iba de la ciudad, que si podía cambiarme la fecha.  ¿Para el 27? Listo.  Cuatro días antes del día previsto para la fiesta que decidimos hacer con Sally para celebrar mi aniversario. Es perfecto. 

Tras dictar un taller de cine en Neiva y de regresar como turista por el desierto de la Tatacoa esquivando los bloqueos de las carreteras en mitad del paro agrario, un aparatico registró la información eléctrica de mi bomba vital durante 24 horas.  Tiempo suficiente para recordar en continuidad  la presencia del corazón, eso que tanto enfatizaba en la voz en off de la película que con el mismo nombre realicé hace ya casi siete años: "Aunque muchas veces olvide que tengo un corazón... su latido siempre me acompaña..." 

Aún no me han dado el resultado. Se trata de saber si tengo arritmia. Dos años y medio después de un infarto es bueno averiguarlo, me dijo la doctora.  Siento que a pesar de su renguera, pues la puntica se quedó tiesa, mi corazón está funcionando mejor que nunca; sé que me toca tomar  no sé cuántas pepas diariamente e ir al gimnasio siquiera cinco veces a la semana, que tengo que ser relativamente juicioso y tratar de no ofuscarme tanto, lo sé, lo sé, pero también sé que este juego de vivir es un problemita musical y que es maravilloso colocarle una maraca como acompañamiento cada que se pueda porque cuando uno cree que lo que hace es escuchar el corazón, él mismo se la pasa atento de tus acciones y está dispuesto a bailar al ritmo de todos los estímulos que le enviamos desde el exterior. Por el momento me conformo con saber que se acompasa con el currulao y los sones, con los boleros, las cumbias y las guacharacas. Esperemos a ver qué nos dice el misterioso holter.

He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.