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martes, 13 de octubre de 2026

RÉQUIEM POR UNA ORQUÍDEA

En estos tiempos de temblores e incendios, de sables e inquisición, qué bueno es darle la bienvenida a las minúsculas inspiraciones que se atraviesan en el camino. Jugueticos verbales que aparecen mientras se cruza el parque de la Independencia con rumbo al taller -oficina, como la llamaba hasta hace unos meses- .

A finales del temido septiembre acepté, después de una larga disputa con abonos, tierras, materas, cambios de lugar en función de la luz y la temperatura, que la pequeña mata de orquídea que nos acompañó en el apartamento durante casi 30 años había fallecido. Habrá que componer un réquiem por una orquídea, dije mientras disponía su cadáver en el balde con los deshechos vegetales. Y salí. ¿Con qué rimará réquiem? me pregunté bajando los escaleras de Las Torres con rumbo a la séptima. El pasto del parque estaba amarillento, la tierra reseca, agrietada. Pensé en los insectos de tierra fría en épocas de sequía. Imaginé un cienpiés en una de las tantas fisuras que iba dejando atrás.

Cuando llegué al taller busqué a don google en el computador y le pregunté cuál era el clima preferido por los cienpiés. Vaya sorpresa. Lo que yo llamaba cienpiés no era el mismo animal que presentaban las fotos. El cienpiés es un miriápodo, ¡no es un insecto! y tiene menos patas que el que yo imaginaba, y cuenta con dos "colmillos modificados" que al morder inyectan veneno. ¡Por Dios! El diseño gráfico vino en mi ayuda: frente a la foto del ciempiés (no cien pies) vi un resplandeciente milpiés ¡Ese es! y vaya a saberse de dónde arrancó un desespero ritmado a sonar en mi cabeza. Me excusé ante mis amigos poetas alérgicos a las rimas y, como si hiciera un exorcismo, pronuncié en voz alta el sonsonetico que había compuesto pocos días antes:

Quien a la rima se arrima

El mundo le cae encima

Pero el misterio del ritmo

Le remonta su auto-estima.

Protegido por la contra de todo mal asonante acogí con beneplácito un poemita, o cancioncita, no logro deshacerlo del diminutivo, o relato musicalizado de una aventura que hace honor al propósito generado por  mi duelo doméstico:


RÉQUIEM POR UNA ORQUÍDEA

Nos contó el viejo milpiés

que en sus andanzas sin prisa

desfiló sobre un tapiz

entre el repudio y la risa


Un eco de flor ausente

lo disfrazó de payaso

Los pétalos silenciaron

el retumbar de sus pasos


Un aroma de vainilla

fastidió al peregrino

que acostumbrado al estiércol

desajustó su camino


Resbaló y las mariposas

hormigas moscas y grillos 

soltaron su carcajada

filuda como cuchillo


El zumbido de la abeja

preguntó ¿y ese es quién?

que ultraja una orquidea muerta

con el más burdo réquiem


A veces por despistado

Dijo el ciempiés sorprendido

me entrometí en ceremonias

donde no fui bienvenido.



Diego García-Moreno

Bogotá, septiembre 2026

He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.