jueves, 26 de agosto de 2010

HUGO CHAPARRO carta tras ver el documental BEATRIZ G....

De: Hugo Chaparro
para: usuario

24 ago 2010

Diego querido,

No te había escrito antes sobre tu documental porque lo he visto varias veces y, justo anoche, en el peor de los insomnios, regresé a él y su visión, como la primera vez, me evidenció a través de la inteligencia formal y narrativa protagonizada por Beatriz González el hechizo al que hemos estado condenados desde siempre en este país que tan bien diagnosticaste con tu película cardíaca, El corazón. Suponía que te estarías preguntando qué sucedió con el entusiasmo que siempre ha despertado en este amigo tuyo el documental, más aún cuando siempre ha sido mi placer mantenerme como un espectador atento a tu trabajo. En el caso de ¿Por qué llora si ya reí?, mi demora en escribirte se debió a que las imágenes de la pantalla se deslizaron por mi condición individual a manera de testigo que ha sabido de la historia reciente en Colombia, como un viaje cifrado por el desconcierto, la tristeza, el repudio ante la que ha sido nuestra forma desalmada de matarnos vs. la salvación que permite un documental como el tuyo para reencontranos en la pantalla, reconocernos y pensar acerca de nosotros mismos a través del testimonio que ofrece Madame González. Leí entonces una semblanza que hizo de ella Carolina Vanegas en la que tu personaje asegura que sin humor "sería insoportable una realidad tan irracional como la colombiana". Surge entonces el sentido de la pregunta sobre la risa que se anula después de la tragedia del Palacio de Justicia en el 85: ¿Es posible reír cuando tenemos tras nosotros un pasado sembrado de muertos? Aparte que el documental apareció ante mis ojos como la construcción de otra pintura: con breves pinceladas fragmentadas a través de la edición, completas progresivamente la mirada de Beatriz González que se prolonga en sus cortinas, en sus pinturas vendidas a retazos, en la inteligencia abrumadora de una artista que supo descubrir con las visiones del mundo popular una posibilidad creativa, considerada antes de ella de forma desdeñosa por los académicos del arte en formato nacional. Sus Divinos Niños, sus materas con texturas de uniformes para el camuflaje militar, los recortes de prensa que mira y repasa en la película, revelan que ante nuestros ojos ha pasado la historia y su brutalidad como escenas pasajeras que se rescatan en el documental, con la misma eficacia en contra de la amnesia que tienen sus pinturas. Aparte, el contraste entre el lead de Schubert que escucha Madame González mientras trabaja y el país que espera al otro lado de la ventana, confirman que el arte y sus bondades permiten una salvación, quizás precaria, pero salvación al fin y al cabo que permite reinventar la realidad que nos ha tocado en suerte. ¡Y qué decir del proyecto que trata de encerrar a los muertos que aún vuelan por el aire viciado de los columbarios! ¡Cerca a un parque llamado Renacimiento! La progresión y la repetición en cada nicho del muertito cargado en una hamaca, estremecen por lo que al final de la película se pregunta Beatriz -si puedo llamarla así, de manera familiar y cercana, aunque nunca la haya conocido pero siempre la he querido-: "¿Por qué siempre en Colombia se le pide a todo el mundo que repita lo que dijo?". Acaso porque es necesario, pensaría yo, que no olvidemos lo que se nos dice y lo que nos dice, en este caso, la historia, describiéndonos en el ámbito del Sagrado Corazón de Jesús, seguramente dormido o extraviado en alguna estratosfera mística cuando ya sabemos que se olvidó por completo de cuidar a este país. Diego querido, gracias, como siempre, por filmar y recrear con el vigor de tus imágenes lo que significa vivir en este rincón del mundo. Con un abrazo del tamaño que tiene tu trabajo, es decir, enorme,

Hugo

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He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.