lunes, 29 de junio de 2020

DIARIO DE CUARENTENA-PANDEMIA TROPICAL 12

ENTREGA DOCE
XXXVI

Hace días que no publico canciones. Mientras llegan los invitados, como acostumbramos decir cuando esperamos el inicio de la reunión en cualquier plataforma, la pongo en el tocadiscos de tu imaginación musical.


Junio 16

Salí a patinar. Solo. Al regresar a casa, se me ocurrió una canción a dos columnas. La del lado izquierdo es la columna vals con acordeón. La de la derecha va con tono de rapero reflexivo con fondo de ruidos urbanos, así como la estrofa final que está dispuesta en la mitad de la página, en la que se mezclan los instrumentos y los ruidos mencionados. 
HOY PATINÉ.

Sudadera negra, tapaboca blanco.
Hoy patiné,
Cemento gris, oscuro asfalto.
                                                         TRES MESES HACÍA QUE NO PATINABA
                                                         Salí del encierro cargado de dudas
                                                         A buscar respiro en una ciudad
                                                         Ajena, inmutable, sospechosa, ruda
Hoy respiré
Aire filtrado, tapaboca blanco
Hoy respiré
Humo de bus, oscuro asfalto.
                                                        TRES MESES HACÍA QUE NO RESPIRABA
                                                        La mezcla dudosa de industria y  frescura
                                                        CO2 pernicioso, oxígeno amable
                                                        La esencia del páramo poco perdura
Hoy la sudé.
Pura humedad, tapaboca blanco
Hoy la sudé,
Vapores humanos,  oscuro asfalto. 
                                                        TRES MESES HACÍA QUE YO NO SUDABA
                                                         Brillante elocuencia de aceite en mi piel
                                                         Pura desconfianza rodando en las calles
                                                         Que ninguna gota tropiece en tu red
Hoy comprobé
El cansancio es mucho, tapaboca blanco
Hoy comprobé
Que quiero volver al oscuro asfalto.

                        TRES MESES HACÍA QUE NO COMPROBABA
                        QUE LA CALLE ES CAOS, QUE LA CALLE ES VIDA,
                        QUE LA CALLE  ES BULLA, QUE LA CALLE HASTÍA.
                        QUE LA CALLE AHOGA PERO SU SECRETO ES…

                        ¡QUE LA CALLE ES TUYA , QUE LA CALLE ES MÍA!

XXXVII

SOLSTICIO DE VERANO

22 de junio…  y algunas fechas importantes del pasado reciente.
Siempre termino una entrega de mi diario de cuarentena  con la palabra continuará… hoy quisiera agregarle una interrogación, ese gancho de ropa invertido que pone en duda la prolongación de los acontecimientos. Quiero dudar porque no quiero darle a esta situación la esperanza del alargue.
¿   ?
Que la ñapa de luz del día más largo en el hemisferio norte encandile los ojos del virus e incomode su accionar.
Me enteré ayer que en una vereda de Tarazá, Antioquia,  hace casi una semana un grupo paramilitar asesinó a un líder social y prohibió que  se hiciera el levantamiento del cadáver para que la población lo vea y sepa qué le puede pasar  si  se comporta de la misma manera. En esta época en que escasean los eventos públicos, este grupo le regala a la comunidad el contundente espectáculo de la descomposición humana. Supongo que el ejército y la policía no han actuado porque están en cuarentena, que por recomendación del alto gobierno, tan sensible, no pueden salir a defender la vida de sus compatriotas por temor a contagiarse con el covid 19. Los coroneles obedientes deben proteger la vida de sus hombres. O quizá, no les han llegado suficientes tapabocas, o temen que si descuidan los retenes en las carreteras, el bicho infernal se pase a otros municipios en las camionetas de lujo que se están saltando las leyes del confinamiento. Hay que valorar qué es más importante, si hacer el levantamiento de un campesino muerto tirado en un potrero, o proteger la vida de millones de habitantes de las ciudad amenazados por una pandemia planetaria. Los gallinazos se encargarán de limpiar el rincón apartado de Tarazá.

En las últimas dos semanas los noticieros han tomado un tono entre analista de bolsa de valores y profeta apocalíptico. Las cifras de contagiados aumentan en el continente. Los americanos de norte a sur somos líderes mundiales en contaminación y decesos. La cifra de muertos en Colombia al día de hoy está sobrepasando los ciento cincuenta. Los analistas  dicen que empiezan a verse los efectos del día sin IVA. Como el comercio está al borde  de la bancarrota, el gobierno promovió su reactivación destinando 3 fechas para que los almacenes y supermercados vendan artículos sin impuestos. El 19 de junio fue la primera. Hordas  de consumidores se apiñaron desde temprano frente a las puertas de los supermercados. El hormiguero humano, tentado por un descuento del 19%, volvió a sentir la dicha natural de estar amontonado. Volvieron los codazos y el empujón, la nostalgia del apretón en transmilenio en hora pico.  Que por favor mantengan la distancia social, que por favor vuelvan a la fila india. Vocecitas perdidas ante el estruendo del carrerón de quienes prefieren recuperar su estatus de clientes, fatigados de comportarse como ciudadanos temerosos, precavidos. Ganó el instinto del tropel. El consumidor aplastó por un día el lamento del necesitado. Necesitamos subsidios, ayudas, limosnas. Que no hay plata para comprar el mercado, pero sí hay la reservita para comprar lo que sea. Se ven salir de las modernas catedrales cuerpos satisfechos cargando al hombro cajas de televisores, computadoras y hasta neveras. 

El presidente Duque y su ministro de economía y el del comercio y el resto del gabinete y el presidente de la asociación de industriales y de comerciantes y los bancos levantan el pecho mientras los trabajadores de la salud se estremecen de pánico. Según la redacción de economía de El espectador a las 7 y media de la noche del 19 de junio   …el crecimiento del comercio en entretenimiento fue de 673 %; electrodomésticos (640 %); equipos y aparatos de video y sonido (366 %); artículos deportivos (296 %); productos textiles y calzado (242 %); prendas y accesorios (165 %) y elementos escolares (154 %)…Por cada región, el comercio creció en Bogotá un 65 %; en Cundinamarca (49 %); en Antioquia (146 %); y en Nariño (2.654 %)…”  

Si son tres días los previstos con este mecanismo, lograremos nivelar en algo las multimillonarias pérdidas de nuestra frágil economía. Pareciera que en el Dane, ante la desoladora perspectiva de entrar en cifras negativas se buscase consolación recurriendo a tablas que muestren curvas en crecimiento. El espíritu competitivo del deporte en recesión, el espejismo de una  medallería olímpica que definitivamente no llevó este año nuestros deportistas al Japón, nos hace coquetearle a la posibilidad de subir al podio de los más infectados. Alcanzar a Estados Unidos y Brasil es imposible, pero las cifras del resto del mundo no son récords inalcanzables. ¿Cómo es posible que el Perú, Méjico y Chile, nos sobrepasen en cantidad de muertos? Nosotros, que siempre estamos en los niveles más altos de defunciones, estamos perdiendo la reputación. Tenemos que ayudarnos. Si fuera posible ingresar a la contabilidad las cifras de líderes sociales asesinados, inclinaríamos la balanza a nuestro lado, al fin y al cabo se trata de otra pandemia y de llenar los cementerios, de vender imágenes dantescas a las redes noticiosas. Es el aporte del sector audiovisual a la economía nacional. Ya vamos llegando a un asesinato diario de líderes sociales. Cada uno de ellos  debería valer por diez en la contabilidad siniestra, pero la propuesta no ha sido avalada todavía en la organización mundial de la salud ni en la secretaría técnica de la OCDE. Lo positivo es que el país entero, de tanto ver cifras y curvas en los noticieros está entendiendo la importancia de las estadísticas.  Ventajas secundarias de la enfermedad dirían los terapeutas.

XXXVIII

Hoy es lunes, día de fiesta, puente. El cielo amaneció lechoso, el asfalto está húmedo, creo que no voy a salir a patinar. Podría resbalar. En cambio ayer tuvimos un día soleado, el cielo azul y un viento fresco. Era día del padre. Con el hijo ausente, la madre ocupada en podar y transplantar las maticas del balcón, y tres meses de encierro acumulado, tuve el ánimo para aprovechar la mañana practicando el deporte que más me gusta. Le envié un mensaje por whatsapp a Mónica. “Estoy poniéndome los patines para ir a la ciclo vía. ¿Te apuntas?” A las nueve nos saludábamos con un golpe de codos en la esquina del Hilton. Ella acababa de hacerle tensionar los frenos a su bicicleta.  Aunque no han abierto oficialmente la ciclovía, la gente sale de su encierro  a despegar sus músculos, a deshacer en sudor la sensación de prisionero sin juzgamiento que se va acumulando tras tres meses de cuarentena.  La mayoría porta un tapabocas.  Hay de todos los estilos, materiales, estampados y colores. Desde el clásico rectángulo azul claro de tela quirúrgica hasta la máscara de astronauta más sofisticada. Desde el que tiene diseño de boca y nariz de calavera hasta el de ositos pandas. Parecía un domingo normal, a pesar de no contar con los vendedores de jugos ni con jóvenes guardas del instituto de recreación y deporte. Muchos ciclistas pedaleando. Los patinadores éramos pocos.  Tomamos la ruta hacia Usaquén por la nueva cicloruta de la carrera séptima. Reservaron el carril contiguo al separador del costado occidental para ciclistas y el otro carril continuó siendo para vehículos motorizados La ciclovía es estrecha pues utiliza el espacio del carril  en ambas direcciones. Sur- norte, norte-sur,  con ligeros ascensos y descensos en paralelo a los cerros. Ëramos tantos que debíamos ir en fila india. No podíamos conversar. A veces, algún osado, nos sobrepasaba.
La respiración agitada detrás del tapabocas es  incómoda.  La sensación de ahogo le hace dúo a las palpitaciones del corazón y, si tienes anteojos, la bruma intermitente de tus exhalaciones puede dificultar la visión. Concéntrate. Usa el radar natural, distingue los obstáculos móviles y la velocidad con la que se acercan. Después de doscientos metros de patinaje por instrumentos, opté por  quitarme los lentes y mantener una visibilidad constante pero ligeramente difusa, fuera de foco. Guardé mis gafas en el bolsillo derecho y contuve mi deseo de avanzar más rápido, de quebrar el orden del trancón deportivo. Pero no todos teníamos actitud paciente. Cuando la fila en dirección contraria tuvo un vació, sentí que un gran bulto verde me sobrepasaba.  Al girar mi cabeza para  verle la cara apareció de frente otro bólido humano y un estruendo de metal que casi me hace perder el equilibrio se unió al chillido de unos frenos  de aparato grande derrapando en el asfalto.  Embestida de bestias, impacto seco, bicicletas retorcidas, cuerpos golpeando el asfalto e invadiendo el  carril de los vehículos motorizados y una moto que, tratando de evitar la colisión, frena bruscamente, pero ya no hay como evitar el obstáculo y, echando chispas y rugidos, termina, con tripulante incluido, coronando la pirámide de cuerpos, varillas retorcidas, ruedas y cadenas. Gritos. Imposible detenerse. Gemidos. La voz de Mónica atrás como una súplica quejumbrosa, no pares, no pares, sigue, no pares. A distancia la súplica: llamen una ambulancia, llamen una ambulancia!
¿Perecerán los virus con los golpes? Que el sudor transmite la infección. Que hay que guardar la distancia social ¿Quién se detendrá? ¿Quién se atreverá a socorrer sin guantes a los heridos? Patina, patina, no te detengas. El ochenta por ciento de quienes transmiten el virus son asintomáticos. ¿Seré yo un asintomático? O la muchacha que pedalea delante de mí, o el niño que va antes de ella, o los tres muchachos que van delante del niño serán asintomáticos? ¿Estaré viajando entre un túnel de viento infectado?  Mónica, salgámonos del río humano. Tomemos las callejuelas vacías, pedalea a mi lado pero no te acerques. Una sensación de ser culpable y víctima al mismo tiempo se incorporó a las endorfinas que brotaban a medida que avanzaba el supuestamente saludable paseo del domingo…
Hoy el día está gris El cielo amaneció lechoso, el asfalto está húmedo, creo que no voy a salir a patinar. Podría resbalar.
XXXIX
23 de junio.

Niña Embera de 12 años fue violada por siete soldados entre 18 y 21 años en Pueblo Rico, Risaralda. 

¿Colombia, en cuál pabellón psiquiátrico pasarás la cuarentena? 

...¿continuará?...

Estos escritos, con ritmo de diario, aspecto de prosa, canción, trova o poema, estarán apareciendo mientras dure el estado de cuarentena en el que hemos caído... y serán un elemento documental para comprender la evolución personal y colectiva de una situación que saca la cotidianidad de los parámetros vividos hasta hoy.

1 comentario:

  1. ¿continuará? Depende a que continuación te refieras. ¿A la pandemia? ¿A la vida? ¿A tu vida y a la mía? ¿A la miríada de muertes no naturales? ¿A las miles de caminatas simbolizadas por Beatriz en el sello de los columbarios que tanto has visitado? A tu crónica? Esa creo que llegará lejos, ojalá.

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He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.