jueves, 19 de enero de 2012

La Colombia de Beatriz González según Diego García Moreno

El fúnebre correr de los años en una Colombia herida por la violencia de una triada de facciones armadas marcó profundamente el alma colectiva de esa nación. Los rastros de sangre, dolor y amargura pueden encontrarse desperdigados por muchos sitios, pero se hayan resumidos, de manera contundente, en la obra pictórica de Beatriz González.

Abundan, en su quehacer pictórico, la reproducción de imágenes icónicas aparecidas en periódicos y otros medios, pero trasladadas a su particularísimo lenguaje visual de trazos simples y gran colorido, cuyos motivos, gradualmente, devinie- ron desde las obras del arte universal a sucesos destacados y acabaron por presentar el rostro deformado y amenazante del poder y la política: los sucesivos presidentes lo mismo en recepciones festivas que en rituales religiosos, que con militares rindiendo honores. Y acabó incluyendo en su pintura, pero también en muebles, cortinas y otros objetos intervenidos, las siluetas de la violencia y la muerte que campean en Colombia desde hace varias décadas. Y finalizó con un lienzo emblemático: Autorretrato desnuda llorando, en 1997.
Al mirar estas variadas etapas de su desarrollo como artista, el documentalista Diego García-Moreno fue descubriendo que detrás de esta pintora -a quien la teórica Martha Traba identificó como la respuesta pictórica, desde el Tercer Mundo, al pop estadounidense- se hallaba, ni más ni menos, la síntesis de la historia colombiana reciente. Pero no de la oficial, sino de una más íntima, cercana y dolorosa: la del ciudadano común, indefenso ante las fuerzas que amedrentan su vida cotidiana. Y al acercarse, cámara en mano, a la creadora, coincidió con el inicio de uno de sus proyectos más ambiciosos: la intervención Auras anónimas, en la que cubrió las ocho mil criptas vacías del Cementerio Central de Bogotá, conocido popularmente como Columbario, con ocho distintas siluetas de dos hombres cargando un cadáver en un palo. Esos tres años de trabajo de la pintora fueron seguidos silenciosa y humildemente por el documentalista, a quien le tomó todavía un año más concluir el documental Beatriz González / Por qué llora si ya reí (Colombia, 2010), que recorrió festivales como Bafici argentino, el Visions du Réel suizo y el FIPA de Biarritz, además de otros especializados en documentales en Buenos Aires, Tesalónica, Cuernavaca, Bogotá, Cali y Medellín.
Formado en cinematografía en París, ciudad donde residió varios años realizando audiovisuales para instituciones diversas, Diego García-Moreno retornó a su natal Colombia para fundar La Maraca Producciones y dar clases en la Universidad Nacional de Medellín. Entre sus cintas se hallan la trilogía Colombia elemental (1992), Colombia horizontal (1998) y Colombia con-sentido (2000), además de Las castañuelas de Notre Dame, el corazón (2006), ¿Y cómo para qué de arte de qué? (2008) y ¡Danza, Colombia! (2009).
-¿Cómo ocurrió este encontronazo de una forma visual tan reciente como el cine con otra tan antigua como es el arte pictórico?
-En casi todas mis películas me había tocado la acrobacia de darle importancia a las cosas, poner el cine a la disposición de un objeto o de alguien que no tuviera importancia para darle relevancia estética. El caso de Beatriz fue muy interesante porque es un personaje famoso, y su obra, que es un hecho plástico, un hecho visual, no necesita de la cinematografía para obtener conocimiento. Pero a pesar de que la obra de Beatriz hace un seguimiento en la historia, nunca se había leído como tal. Eran hechos independientes: cuadros dispersos en el tiempo, pero unidos no generaban el discurso que le diera un sentido de tiempo. Cuando veo su obra, siento que ahí hay un documental: ella la hacía sin un propósito de narrativa temporal. Entonces me pareció muy interesante hacer un documental sobre ese documental, en formatos distintos, porque uno es el cine y en el otro está la plástica. Ahí empezó el reto, digamos.
-Además, fue fruto de un trabajo prolongado, de un seguimiento metódico, de un rigor que exigió mucho tiempo.
-El documentalismo contemporáneo es difícil porque descubre procesos en el tiempo y tiene que quedarse ahí hasta que el mismo tiempo le diga al autor que ha llegado al final. No estaba haciendo un formato de televisión para poder crearlo rápido. Con Beatriz fueron tres años de grabación y casi un año de postproducción para armar la historia de una manera que no pareciera que nos habíamos gastado cuatro años. ¿Cómo voy a mezclar a la modelo con el cuadro y con el pintor del cuadro? Hay una cosa que me fascina del documental: sentir el devenir de los personajes, contar y estar en el momento preciso.
-Hay una complejidad grande en este acercamiento, porque no requiere solamente develar cierta información sino construirla en su entorno particular.
-Beatriz está acostumbrada a dar entrevistas. La misma información verbal que da durante uno o dos años la pue- de ofrecer en 45 minutos; pero yo la descompuse, la fraccioné para tener instancias dramáticas diferentes. Y la aparición de esa obra en el columbario fue como un banquete que tenía que seguir. Desde el principio uno se pregunta: ¿será que esta señora está tan loca que es capaz de hacerlo?, ¿será que su salud va a aguantar?, ¿será que tendrá problema con esta otra gente?, ¿será que va a solucionar los problemas materiales? Y es una belleza ver cómo se construye una obra del cemento, del yeso, de los palitos. Todo eso va creando una tensión muy interesante. Es un proyecto súper ambicioso. Sobre todo cuando uno ve que es una señora de casi 75 años, sola, con una voluntad férrea enfrentándose a algo importante para un país. Y ahí volvemos a entrar en el momento histórico y en el hecho ético: el suceso de la guerra, de la filosofía de la lectura, y yo como narrador de mi tiempo deseo con- tar con un hecho simbólico cómo es la vivencia de ese acto histórico.
DISTRIBUCIÓN
Y actos de liberación
El anterior documental de Diego García-Moreno se titula El corazón gratuitamente: la historia de un soldado que sobrevivió a la explosión de una mina anti- personal -o quiebrapatas, como le llaman en Colombia-; con una esquirla en el músculo cardiaco le descubrió una serie de coincidencias asombrosas. El grupo más importante de cirujanos especialistas en operaciones de corazón abierto por traumas era colombiano, resultado de la violencia acaecida en los años ochenta y noventa en Medellín. El país fue consagrado al Sagrado Corazón. A la esposa del doctor que realizó la operación le descubren una arritmia cardiaca.
Así que luego de su recorrido natural por festivales, decidió que la película tenía que ser vista por el público. Ante la negativa de distribuidores y exhibidores de programarla en salas, comenzó a darle salida a la cinta, que implicó una gran inversión de dinero y de tiempo en los sitios de conflicto, en los lugares donde están las minas y las ciudades donde los efectos de la guerra se vivían cotidianamente. Decidió que la cinta se convirtiera en un intermediario de una socie- dad polarizada.
Así, reunió a estudiantes de medicina que tomaban la presión de la gente antes de entrar al cine. Acto seguido, les entregaba una antología de poemas de escritores colombianos del siglo XIX y XX cuyo tópico fuese el corazón. En la sala pasaban canciones populares, pegajosas, sobre el tema. Y al final de la proyección se armaba un diálogo con los espectadores, ya sensibilizados, sobre el país, la enfermedad y la vida.
-Al que le tocaba ese espectáculo nunca se le iba a olvidar la película. Lo habíamos bombardeado desde muchos puntos para que su cuerpo y su reflexión tuviera ahí una huellita -recuerda el cineasta.
Con el documental sobre Beatriz González realizó durante un año la ruta Proyectando la memoria, monólogo a tres voces que llevaba cine, arte y reflexión por los espacios funerarios de Colombia, lo mismo sitios precolombinos que cementerios monumentales, campo- santos y fosas comunes.

-Los cineastas nos mantenemos llorando. Que no nos distribuyen, que no podemos hacer nuestra obra porque no nos dan la plata. Ahí digo: ¡coño, más que cineastas, considerémonos artistas! Bajémonos un poco todo ese halo de poder que nos da el cine y hagamos un acto de liberación. Yo creo que eso es un reto que tenemos los cineastas en países como los nuestros y que puede producir mucho placer si le logramos dar ese carácter de invención a la distribución.





Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (16/I/2012).


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lunes, 2 de enero de 2012

Amanecer 2012

Fuí al amanecer del primer día a la tienda del barrio. Era tal la carraspera en mi garganta tras las desgañitadera cantando en la velada de fin de año que no solicité a la tendera una bolsa de arepas, un quesito, y seis huevos; el indice de mi mano derecha habló por sí solo. Ella entendió, acató, empacó los productos en una bolsita plástica y me despidió con un saludo: feliz año. Fue en ese momento cuando me percaté del extraño paisaje en los estantes. Era de colores pero no tenía letras. Los empaques habían perdido sus rótulos. Las botellas de cerveza, los arroces, las pastas, los quesos y los caramelos, todos los empaques de harinas, analgésicos, azúcares, papeles higiénicos y sales, reposaban en sus anaqueles sin ninguna inscripción de marca que los diferenciara. Estoy grave, pensé. Hice el balance de las copas ingeridas en la víspera pero no eran tantas. Miré alrededor para ver si me percataba de la presencia de algún ciudadano alado cubierto con una túnica de seda o condecorado con aureolas o cuernos, pero tampoco. Deshice mi tendencia a conjeturar sobre mi repentino viaje a la sala de espera de los juzgados celestiales. La señora sonrió al ver mi desconcierto. Señor, no se preocupe, recuerde que estamos en el 2012. Ah, claro, me dije. Corrí entonces a empacar y a buscar en el computador un tiquete que me llevara en dirección contraria al avance del tiempo. Es cuestión de desenvolver meridianos. Había un cupo en una nave de una empresa sin nombre. La pagué con una tarjeta en blanco y aquí estoy, volando hacia el pasado. A tal velocidad que me mantengo en el límite. Logro desde mi ventanilla ver los nombres de las cosas como eran antes, justo en el instante en que empiezan a disolverse en el vacío. ¿Hasta cuándo alcanzará el combustible de mi nave? ¿A quién le pasarán la factura de este esfuerzo? Un pasajero olvidó en el asiento contiguo un sobre. No puedo contener mi curiosidad y abro. En un papel blanco una inscripción en tinta transparente encabezada con una dedicatoria a mi nombre dice: felices fiestas y próspero año nuevo. Oprimo un botón para que me atienda una azafata. Como nadie viene a prestarme ayuda, me dirijo por el corredor de la nave vacía hasta la cabina y vaya sorpresa, no hay tripulación ni instrumentos. Recuerdo que algún día fui piloto y me siento en la silla del comandante. ¡Es tan cómoda! Siento un placer inmenso y me duermo. Una brisita helada me despierta. Estoy en la hamaca, en la finca de mi hermano. Los sobrinos juegan todavía con los regalos que hace ocho días les trajo el niño. Llaman a desayunar. Mi madre me dice feliz año. Veo a Sally en otra hamaca que me saluda, hello honey, y un radio, el insoportable radio que anoche anunciaba cantando con sonsonete: faltancincopalasdoce, está empecinado en recordarnos la lista de quemados por motivo de la pólvora. Será mejor que duerma otro ratico. Y pienso en los amigos. Ojalá hayan tenido una buena transición. Que el destino los proteja, que los arcanos del 2012 los lleven con fina calma por su camino. Un abrazo, querid@s amig@s.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Los riesgos de la ciclovía

Hace unos días recibí un correo de la Revista Diners en la que me decían "nos encantaría tener un pequeño texto tuyo recomendando una experiencia..." Editarían una publicación especial con 500 recomendaciones de "personajes que sean relevantes, o que por cuenta de su profesión o permanencia en un sitio, tengan una legitimidad reconocible para hablar del tema..."

Me pareció interesante la propuesta y envié un texto a cambio de una copia de la revista. Hace un par de días me llegó la edición "quinientos". Mi primera reacción fue, "vé, esta revista está perfecta para el baño". Aprovechando una necesidad fisiológica me puse a leer experiencias en un máximo de 650 caracteres de personajes relevantes - no sabía que tenía tantos amigos con esa denominación-, y a buscar entre ellas ese instante que había marcado mi vida. Hasta el momento no lo he encontrado. Como no hay un índice se vuelve difícil localizar un texto en particular. Tras varias ojeadas de principio a fin me entró la duda... ¿Qué pasaría? ¿No les gustaría a los editores mi propuesta? ¿Será que se arrepintieron de la legitimidad que antes me reconocían? ¿Será que este tipo de experiencia no es recomendable para los lectores de esa revista? Vaya a saberse. En todo caso, para no dejar en el olvido este ejercicio de memoria, publico a continuación la experiencia que marcó mi vida y que recomiendo a los curiosos activos que se tropiecen con este blog:


LOS RIESGOS DE LA CICLOVÍA

Bogotá, domingo 10 de diciembre de 2006. Me puse los patines frente al Planetario. Al costado de la séptima, cada dos metros a lo largo de 10 kilómetros, había una silla rimax blanca. Todas lucían un velo negro en sus patas y un ladrillo blanco con el nombre, el lugar y la fecha de ejecución de alguna víctima de la tragedia colombiana. “Luego vendrán las mujeres vestidas de negro, portarán un paraguas negro y se sentarán sobre la silla ”, escuché. Caminantes, ciclistas, indigentes y patinadores desfilábamos atónitos. Retorné por mi cámara. Sin cortar el plano, durante los 62 minutos que dura el "caset", desde la Plaza de Bolívar hasta el parque de la 93 grabé la interminable representación del genocidio colombiano. Desde ese domingo recomiendo salir el día de los derechos humanos a la carrera séptima: a lo mejor los artistas anónimos nos saludan con un tremendo revolcón.

Diego García Moreno
cineasta

martes, 6 de septiembre de 2011

El blog de Diego García-Moreno: EL CORAZÓN por Jorge Ruffinelli

El blog de Diego García-Moreno: EL CORAZÓN por Jorge Ruffinelli

EL CORAZÓN por Jorge Ruffinelli

El catedrático y crítico de cine uruguayo Jorge Ruffinelli -Stanford University- hace una reseña de una película que ahora, más que nunca, palpita en mis recuerdos.

El corazón – Colombia 2006 Duración: 80 minutos. Director: Diego García Moreno. Guión: Diego García Moreno. Fotografía: Diego García Moreno. Foto adional: Diego Forero, Javier Quintero, Sergio García. Iconos y grafías: Juan Camilo Uribe, Rolando Vargas. Música: Sally Station. Sonido: Carlos Lopera. Montaje: Carlos Marciales. Asistencia general: Javier Quintero. Intérpretes: José Gregorio Usaga, Yaneth Meza, Cruz Marina González (la mamá), Yerneis Fredy y María Edelmeri Usaga (hermanos de José Gregorio), Dr. Francisco Gómez “Pacho”, Silvia García (esposa de Pacho), Dr. Gilberto Martínez (cardio-actor), Juan Camilo Uribe (artista), Dr. J. Alberto Bernal E. (record-doctor), Dr. Alfondo Mejía Vélez. Productor: Lamaraca Producciones.


En sus documentales, García Moreno ha trabajado siempre de maneras muy imaginativas y creativas, sobre los mitos culturales de su país (la cama, la corbata, la arepa, etc.). En El corazón acierta a tocar el nervio central del sistema colombiano, porque desde la religión (la afición nacional al Sagrado Corazón) hasta la perpetua guerra (por ejemplo, las temidas minas antipersonales), todo parece conducir a destrozar el corazón de los colombianos y del país entero. Real y metafóricamente. Ni siquiera necesitó García Moreno acudir al romanticismo de la literatura para buscar fuentes sobre “el corazón”: éste está en las manos (y bocas) de los cirujanos, en el discurso religioso, en el arte, y hasta en la propaganda política. De hecho, aún con escasas alusiones directas a la política, El corazón es el más político de sus documentales.
Comienza con la explicación básica del funcionamiento del órgano cardíaco en la voz y las manos del Dr. Francisco Gómez. Si la cámara subraya la expresividad de las manos y sus dedos delgados y eficacísimos, es porque muchos operados del corazón afortunadamente han dependido de esas manos. En una secuencia impresionante, se ve cómo los cirujanos extraen una esquirla de bomba incrustada en el corazón de un soldado (José Gregorio Usaga), quien se convierte con todo derecho en el otro protagonista principal del relato. Sin embargo, aunque el Dr. Gómez (“Pacho”) abre el documental desde la cirugía, otro médico (Gilberto Martínez) demuestra asombrosamente un método, que él ha perfeccionado, para auxiliar en el diagnóstico sobre el corazón imperfecto: los sonidos del corazón, que él reproduce con su boca. En un aspecto de la medicina tan caro como la detección de las enfermedades cardíacas y las operaciones muchas veces necesarias (y otras no), ese “procedimiento” oral y mimético parece un recurso milagroso para el buen diagnóstico. Aunque no todos lo acepten.
El Sagrado Corazón ha permeado a la sociedad colombiana de una manera profunda y peligrosa durante más de un siglo, hasta que un régimenos más liberal que conservador separó estado de religión. Muchos líderes políticos y presidentes se rodearon del Sagrado Corazón como de una armadura, usándolo en sus discursos de asunción de mando, pero la verdad es que la fe no le sirvió ni al país ni a sus mandatarios a lo largo de la historia del siglo XX. Las imágenes religiosas siguen prosperando, y como dice Juan Camilo Uribe, lo que se venera popularmente es un dibujo plastificado.
La realidad está en otro lugar del corazón. El documental emplea un impresionante fragmento de archivo —la intervención quirúrgica en el corazón de José Gregorio Usaga— y luego hace del joven su protagonista. Declarado incapacitado por el ejército, sin embargo no “alcanzó” el porcentaje de incapacidad como para cobrar una pensión. José Gregorio confiesa que él —como sin duda muchos otros soldados— no entró al ejército por “patriotismo” sino como a un empleo, y trabajó por su país hasta que la mina fatídica le estalló e hirió su corazón. Ni el estado ni la sociedad han reconocido su “deuda” con él, y mantiene a su compañera y a su hijo recién nacido trabajando como acarreador de botellas, en un trabajo de enorme gasto físico que podría matarlo. (No lo dice el film, pero como resultado de haber sido exhibido en un Museo, finalmente, consiguió un empleo adecuado en ese mismo Museo).
“En casa de herrero, cuchara de palo”, dice un comensal mientras comen en casa del Dr. Gómez, para referirse al hecho de que Silvia, la esposa, comenzó a sufrir irregularidades del ritmo cardíaco, teniendo que someterse a ejercicios y tratamientos y, de hecho extendiendo su preocupación y angustia a su marido, el experto cirujano. El corazón no da pausa.
En su forma y formato, El corazón apela también a la ironía y a la imaginación visual. Es muy dinámica con sus intertítulos. Convoca al arte de Juan Camilo Uribe, quien en su obra hizo del corazón un tema plástico de gran elocuencia. Y, ante todo, se fragmenta el desarrollo del documental con capítulos que, al presentarse, buscan ampliar, en su diálogo con el espectador, las vertientes y variantes metafóricas de su tema y título: “El primer latido”, “El voto nacional / Primera consagración”, “Trasplantes celestiales”, “Vena poética”, “Arterias de violencia”, “La cicatriz”, “Taquicardia social”, “Colombia en la mira / Hipertensión nacional”, “Détente”, “Insuficiencia vital”, “Nuevo pulso / Tomando impulso”, “Beat of the heart”, “Colombia es pasión”. Diego García Moreno incluye en su documental una gran variedad de temas y subtemas cordiales, desde los sacrificios indígenas antiguos, hasta algunas páginas de García Márquez, pasando por reuniones semanales de especialistas médicos, y la parafernalia religiosa de las estampitas, incluyendo el error histórico de representar a Cristo bendiciendo con la mano izquierda.
Años después de realizar este documental Diego García Moreno sufrió un infarto cuya recuperación, como buen cineasta, filmó y compartió en su propio blog. Tal vez el haber realizado El corazón le enseñó a detectar temprano los síntomas. Es que, en verdad, había realizado su película con todo el corazón.

domingo, 8 de mayo de 2011

LA CAJITA AZUL

Cuando los días amanecían así, blancos, lechosos, salpicados por una lluviecita menuda, como hoy, con una temperatura que te ordenaba ir al armario a buscarte un pesado suéter o a correr a la tina a tomar una ducha caliente, una voz melosa, interior y seductora, te proponía permanecer en la cama, esconderte entre las cobijas, acariciar tu mejilla con la almohada... reposa, guarda el calorcito, no te apures... pero tú te debatías entre la lista de oficios atrasados, tareas puntales, obligaciones de siempre, presentías el tarro del café vacío, el refrigerador pidiéndote que le llenaras su vientre con bolsitas de colores, cómprate un porrón de leche, ya se acabaron los huevos, no tienes queso ni pan ni miel ni mantequilla, hace días no traes frutas, te imaginas una mandarina, qué lindo sería ver el sonroje de un tomate, una zanahoria o un buen trozo de jamón, y escuchabas el ronroneo tuyo, el murmullo de las tripas propias haciendo bostezos sinfónicos dignos de un puerco adormecido, tengo hambre, tengo un vacío, y hasta esa insoportable necesidad de ir al baño a vaciar tus líquidos fermentados en la penumbra larga de la noche se atravesaba con sus impostergables premuras ¿será que no me levanto? ¿será que hago pereza? Soldado humano que has sido, respondías entonces a la orden fundamental de l anatomía y te encontrabas orinando a cántaros frente a la olleta de porcelana blanca. Silenciabas el murmullo de la ventisca y las dulces tentaciones se diluían al vaciar el inodoro. ¡En acción, vamos, es sábado, aprovecha del día! Qué va. Es el tiempo de una siesta matutina. Y volvías al lecho, dormías, te regalabas una casacadita de improvisados sueños, dejabas que el ritmo de la vida aceptara ese ritual de soberana pereza que creías sería el prólogo fundamental de la vida que desde ese entonces llevarías.

El día es blanco, cae una lluviecita menuda, es sábado, tengo que levantarme a tomarme una pepa. Cuáles dudas. Cuáles nostalgias de la almohada. El pastillero está vacío. Hay que proveerlo. Todos los sábados de la vida tendré que aprovisionar esta cajita azul sintética, rígida, transparente, donde leo monday morning, tuesday, wednesday… y para cada día han dispuesto unos cajoncitos rotulados con breakfast, noon, eve, bed… sabiduría gringa en inglés, el órden soberano de los días, de las horas, conciencia de la salud de un pueblo que ha aprendido a ordenar y dar órdenes sobre la faz de la tierra. Sólo pienso en cumplir a cabalidad con mi disciplina farmacoterapéutica obligatoria. El día en que salí del hospital, Sally llegó orgullosa con la cajita azul y con el primer atado de drogas que aprobó la empresa prestadora de salud. Ese señor está irremediablemente enfermo, como constata en su historia clínica, está recién infartado, cateteriado, aprovisionado con un par de stents en su coronaria descendente anterior. Ese señor no tiene salvación. Desde ahora y por siempre tendrá que practicar el ritual riguroso de las drogas. Tenga, señora, revise que el pedido coincida con la fórmula del doctor. Todo coincidía. Sally había hecho un pequeño afiche con las fotos de cada píldora y la dosis diaria que tendría que tomarme. También había llamado al médico homeopático para que diera su apoyo naturalista en el período de recuperación y recomendara sus propias medicinas. Gotitas de sulfurus y … y grágeas de omegatres, seis y nueve. El plegable contenía la información para una dosis de 14 medicamentos diarios. Y recuerde, retumbaba en mi memoria la voz de Carmen Beatriz la fisioterapeuta, ¡siempre, hasta el último día de su vida, tendrá que tomarse el copidogrel y la aspirina! Esa cajita azul me propino la primera ofuscación post-infarto. Sally había sacado de sus sobres las pepitas y las había dispuesto en las alacenas. ¿Cómo sé yo cuál es cuál? Aquí no hay ningún letrero. Sólo pildoratias de colores, pepitas coquetitas, malparidas pepas. Mi primera reacción sonó a reproche. A Sally le provocó mandarme para la mierda pero se contuvo. No quería provocar un ofusque que desembocara en una nueva crisis cardíaca. Que el señor tiene un trombito en la punta del corazón que está atrapado en una terminal de una arteria. De allí la razón de tanta droga. Porque aparte del copidogrel y la aspirina, tendrás que tomar la warfarina que es un coagulante bien difícil de dosificar. Tendrás que hacerte tomas de sangre cada 5 días y cuando logres estabilizar los índices de INR entre dos y tres, sabremos cuáles tomarás durante los próximos tres, cuatro, seis meses. Y recuerda que esta semana tendrás que inyectarte en la barriga estas inyecciones.

Estoy llenando por cuarta vez cada cajoncito con las drogas recetadas por el doctor Santacruz. Pacientemente, como me ha recomendado en sus fórmulas, coloco las pastillas de la mañana, las del mediodía, la tarde y las para antes de acostar en su sitio. He aprendido a partir en dos con mi navaja suiza aquellas que han deben ingerise por medias dosis al levantarme y después de la cena. Ya podemos bajarle la intensidad al metroprolol dijo el doctor en la última revisión. Media pildora cada ocho horas. El copidogrel sí tiene que ser para siempre, no lo olvide, una pastilla de tantos miligramos al día. Los 5 miligramos de warfarina se los dejamos durante entre tres y seis meses más. Cuando vuelva a consulta le haremos un scan y veremos si el trombo que quedó retenido en el extremo de la arteria en la punta del corazón no se ha movido. Si ha sido asimilado por la superficie del corazón lo suspendemos. Mientras tanto, no se le ocurra pelear, caerse, cortarse, herirse la boca, no use seda dental, no haga acrobacias extremas ni artes marciales. Si cuando defeque u orine llegase a detectar rastros de sangre nos avisa inmediatamente. Recuerde que peligra tener una hemorragia.

Salió el sol. Es por la tarde. Almorcé un sancocho de sierra delicioso. Qué bueno salir por segunda vez. Logré controlar la modorra de la mañana escapándome de compras. Quiroga, ¿qué hacés? Estaba en la cama esquivando la blancura del día, la lloviznita deleznable. ¿Vamos a comprar pescado? Dudó, recordó las múltiples referencias de precio, calidad, diversidad que ofrecía el supermercado de la 69 con diecisiete ¿Vamos de una? ¿En media hora? Listo. Te recojo en la quinta.

El pelo húmedo y peinado. Blancos los dos por la acumulación de semanas en la penumbra. Los cerros de un verde fundamentalista, como si nunca se hubieran quemado, como si jamás pudieran ser víctimas de los pirómanos urbanos, le hacían buen conjunta a mi toyota color esperanza. El radio hablaba de los parques nacionales, el ambientalismo en auge, de la esperanza hídrica que es Colombia para la región. No hablamos de las inundaciones. No miramos hacia la sabana y sus recién estrenados lagos. Ni mencionamos que el gobierno ha dispuesto comprar todas las hectáreas anegadas para devolvérselas al río. ¿Será cierta tanta buena voluntad? Agua y sol, ansias de devorar fauna marina. Llegamos. Pesca-mar o surti-mar? Algo así. Tres pisos. Edificio azul de arquitectura paisa muy reciente. Un narc-decó moderado. Muchos parqueaderos. Mucho campero de vidrio blindado. Mucha señora de tacón puntudo subiendo las escaleras. Segundo piso. Todo práctico. Fila india en torno a congeladores horizontales exhibiendo cuanto filete y mariscos aparecen en el diccionario. Pulpo, calamar, langostino, langosta. Mero, salmón, corvina, lenguado, sierra. Cada pieza en su bolsita plástica. El atún rojo, y la trucha y el bagre, y los caracoles, y las ostras. Puerto Bogotá a cuarenta y cinco grados abajo del horizonte de nuestra vista. Una canastilla llenándose de paquetitos. ¿Trajiste la tarjeta? Cuán poca esperanza le quedan a las especies marinas si estas culturas ancestralmete carroñeras se convierten en devoradoras de la fauna marina. Los cerdos se sonrojan de la dicha y cantan como hienas. Los perros callejeros no tendrán que ser disfrazados de conejos en los mataderos clandestinos. Aparece un pato a mitad de camino. Mirále el precio ¿lo compramos? A la canasta lo echamos tras firmar el convenio de comérnoslo juntos la semana entrante. Qué dicha. Pagamos. Qué precio. Qué orden. Qué mañana tan bien aprovechada.

Tres meses atrás, a mi regreso de Isla fuerte, traje un viajadito de ñame. El sol seguía haciendo efecto y me proponía recetas. Pero la palabra sancocho opacaba las demás. Seguro fue por el efecto resplendoroso del ñame. Si no lo comemos ahora, se podrirá. Cojí un cuchillo bien afilado y puse el tubérculo sobre una madera. Le quité su piel terrosa. Lavé los trozos, los lancé a la olla a presión. Piqué plátano colisero, cebolla, pimentón, gengibre, ajo. Agua, un poco de vino, leche de coco, pimienta, sal. Todo fuego alto. Al primer hervor introduje los trozos de sierra. En dos minutos estaban blancos, límpidos, como el amanecer que se fue, y volví a sacarlos. Dejé el perejil y el cilantro para el final. Sonreí al probar, al aprobar el primer sorbo, qué delicia. Sally ¿Quieres almorzar? Saqué la cajita azul. Busqué saturday, noon, abrí el compartimento y saque la warfarina, la media pastilla de lovastatina, una grágea de omega trés, unas gotitas de sulfurus y terminé con un vasito de leche y una galletita de oreo. Un pecadito para olvidar el estress.

Qué bueno salir por segunda vez. Hoy no he caminado. El único ejercicio ha sido darle la vuelta a unos refrigeradores repletos de pescado. Qué bueno sería hacer un ejercicio más contundente, más espiritual. Claro, Hay Feria del libro. ¿Sally, vamos a la feria? No, mi amor, tengo que terminar las traducciones. Nati, Nati. Nati no está. Sergio y Mavila están ocupados, se van a recorrer el mundo desde el martes y están ordenando sus enseres, o desardonándose entre despedidas. Fulanito de tal está ausente, perencejo no contesta. Busco el chat del facebook. ¿Quién estará por ahí un sábado a las dos de la tarde? Los punticos verdes frente a los nombres de los amigos conectados. A ver, aver. María Clara, ¿aceptarías ser la lazarilla de un post- infartado en la feria del libro? Sería un honor.

A las cinco y cuarto timbró el teléfono. Estamos abajo. Ciao, mi amor. Me voy para la feria…..

¿Llevas el pastillero, mi amor?

P:D:Este texto nació en forma de carta para Catalina Villar.

miércoles, 4 de mayo de 2011

DE LA AREPA A LA PEPA...Un sábado, un mes después...


¿Qué te cuénto...?
Por ejemplo. Un sábado cualquiera post- infartum.: Acuéstate el viernes temprano porque tienes toma de sangre en ayunas. Seis de la mañana en la ducha. No te se ocurra comer nada. No estás autorizado a conducir, pero ya te sientes bien, se quitó el mareíto, la nube en la cabeza. Hay que estar a las siete haciendo cola en el dispensario. Señorita, de nuevo por el nivel de INR, sí estoy tomando anticoagulantes, warfarina, señorita. La fecha prevista es para el lunes, señor. Si, pero como me pusieron tan temprano la cita con el cardiólogo y necesitamos el resultado antes, lo podemos hacer desde hoy, es ya la quinta muestra. Ok. Espere en la salita. Leo el periódico. Detenidos en Londres una pareja de actores que simulaba la boda real disfrazados en zombies. Se cayeron todas las carreteras de Colombia. Investigado el alcalde por procesos ilegales en contratación. Su hermano detenido, los Nule en la Picota. Falcao es el Messi colombiano. Señor García, su turno. Señorita ¿puedo tomar una foto cuando me saque la sangre? Estoy siguiendo audiovisualmente el rumbo de mi vida tras un infarto. Se pone pálida la enfermera. Tan raro usted. Es que vengo aquí dos veces por semana y quiero guardar un recuerdo. Tomo anticoagulantes. ¿Para toda la vida? No sé. Click. Le aviso. Click. Saca la aguja. Click.
Pase a las once y media. Gracias, señorita. Debería recoger una autorización para una consulta con la dietista. Entro a la oficina de permisos. Diecisiete personas antes que yo. Ya hay broncas entre clientes y oficinistas. Que yo hablo así y si no le gusta, no es mi problema. Respete. Siempre es lo mismo. Pacientes que se ofuscan porque les niegan sus citas con el especialistas, sus biopsias, sus scanners. Yo no puedo hacer nada. Es decisión del médico, de la junta, de un evaluador invisible que nunca está y casi siempre lo niega todo. Me provoca hacerle dúo a la paciente. Me callo. A lo mejor pierdo el control y me da otro infarto, o me agarra bronca la empleada y no atiende mi solicitud. En la televisión muestran cómo se amaestran perros. Cruzo una sonrisa con una pareja que ha detectado la tensión en el ambiente. Leo más periódico. Es sábado, sobredosis de promociones de autos. Dudo, esto será largo. Tengo que reclamar el copidogrel. La pastilla que siempre, hasta el final de mis días tendré que tomar. Repito mi frase preferida "si comí arepas todos los días durante mis primeros veinticinco años, ahora debo aprender a tomar pepas todos los días... de la arepa a la pepa", Me río solo. Llego a la farmacia. Espero. Me atienden. No señor, como esta droga fue aprobada por el comité científico y es muy cara, debe reclamarla en la cien con diecinueve. Mierda, estoy en la séptima con 53. Por fortuna tengo el auto. Estoy en ayunas. ¿Comer algo? No. En marcha. Bogotá de trancones matinales, verpertinos y nocturnos. Calma. Debes aprender la paciencia. La circunvalar húmeda. Los cerros húmedos. La voz de la locutora en la radio congestionada. Amparito Grisales siempre húmeda ha seleccionado sus canciones preferidas. Tiembla con sus recuerdos se humedece con el potrillo Aguilar, se inyectó no sé cuál droga para mantener la humedad de su piel. ¿Dónde parqueo? Es la Bogotá moderna, cara, un estacionamiento libre. Un Pomona, de una. Parqueo, espero no me cobren. No compraré nada. Cruzo la calle caminando, soy imprudente. Peligro de morir atropellado. Me flagelo, soy culpable. Alcanzo la calle. Pido la droga, necesita fotocopia de la autorización. Cien pesos la fotocopia. Me entregan la droga. Me autorizaron 3 meses pero sólo me entregan las correspondientes a 28 días. Que debo volver a la oficina por otra autorización. Lo haré, tengo un mes. Regresaré, regresaré. Y regreso a casa. Busco la caja de las drogas.

Saco el pastillero y comienzo a depositar en cada alacenita, desayuno, mediamañana, almuerzo, noche, la dosis de pepas que debo tomar cada día. Omeoprazol, Lovastatina, copidogrel, warfarina, aspirina, lozartan... y el omega tres, el omega tres, elomegatres. Son apenas las nueve y cuarto. Ya estoy fatigado. Debo descansar un rato porque me falta el gimnasio. Debo caminar 40 minutos sobre la banda, o montar en bicicleta, o en ese aparato que no recuerdo el nombre, debo cumplir mis tareas de recuperación física, debo, debo, debo estar paciente, no excitarme, no acalorarme, no modificar mi curva rítmica. Y así, así va el día de un sábado normal, un mes después del infato que me sorpendió en la ruta al regreso de Miami. Beso.

viernes, 22 de abril de 2011

CALENDARIO CARDIACO

Se recortan las agendas
se alargan las indescifrables esperas
se programan magistrales sesiones de paciencia
se disponen sobre la mesa las pócimas imprecisas
que definen la coagulación mantienen la presión y regulan el ritmo.
Me he inyectado en la barriga una dosis de esperanza
y el hilillo de sangre al extraer la aguja no cesa
La inocente hemofilia que espanta la conformación del trombo
el tapón, el infarto, el eco del gran susto mancha el hilván de la cintura
me deja boquiabierto desconcertado
hace que mis manos se esfuercen en borrar
con un trocito de algodón culpable
el sendero hacía el abismo
que como una estalactita
recrea el horizonte y
proyecta el asombro impreciso

viernes, 8 de abril de 2011

Rutas documentales, rutas de vida.


De MEDELLÍN a BOGOTÁ a CALI a BUENOS AIRES a BARRANQUILLA Y SANTAMARTA a ATLANTIDA a BIARRITZ a CARTAGENA a THESSALONNIKI a NYON a BUENOS AIRES... a ?¿Cómo prever el camino de una película? Jamás imaginé trazar en el mapa esta extraña ruta. La vida de una obra, en este caso una película documental, es absolutamente independiente de la voluntad de quienes la fabrican. Un día recibí una carta de Biarritz diciéndome que BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ? había sido seleccionada para participar en FIPA. ¿Cómo? Yo no he enviado la copia a pre-selección... Que a madame Teresa Cavani, la directora artística le encantó esa peli, que la vio en la preselección de Abu Dhabi, donde había sido presentada por Denis DeLaRoca el programador latinoamericano que la descubrió en el BAM (Mercado Audiovisual de Bogotá) Ah... pues sensacional. Y, sin pensarlo un segundo, dije que sí, acepto, inclúyanla en el programa. Y fue seleccionada en la competencia de la categoría Documental de Creación. Entendí que la exclusión del festival de los Emiratos, pero la inclusión en este encuentro europeo de programas audiovisuales le marcaba un nuevo derrotero. Quizás le cerraba puertas para otros festivales en Francia, pero ¿cuál es el mejor? Hay una larga lista que va por todas las ciudades de ese país y del mundo a las que uno envía porque tienen reputación, son afines al género o, en muchos casos a la lengua o región del mundo de donde provienen. En el mundillo cinematográfico se dice que uno debe intentar pasar en Cannes, Venezia o Berlín y después...? Si te seleccionan allí eres alguien, haces parte de las ligas mayores, después que venga lo que sea. Yo me había ilusionado el año pasado con Venezia. En el festival de Cartagena encontré a Luciano Barisone, director del festival dei Popoli en Florencia, le entregué el último corte sin mezcla ni corrección de color y a los pocos días me envió una carta maravillosa hablándome de la peli, de su importancia histórica y artística, y preguntándome si podía enviarle la copia al director de la Mostra porque consideraba que era una película digna para ese tipo de evento. Y esa felicidad que comienza a metérsele a uno en el alma, carajo. Retardé la salida de la peli hasta que un día recibí u correo de Venezia y otro de Florencia diciéndome que niente, que muchas gracias, que han recibido este año no sé cuántas mil películas y que no había caso... joder. Pero al mismo tiempo me entero que la selección de la Muestra Internacional de Bogotá la ha seleccionado para la sesión inaugural y me pongo feliz pues me viene al recuerdo que mi motivación mayor al realizar esta película era, como lo he venido diciendo desde hace años: jugar de local: hablar bien cerca, a los amigos, a la familia, a los que viven en este territorio azotado por los problemas o las dichas que me obsesionan. Tratar de filmar y narrar "bien", claramente, sin esconder, tratar de profundizar, de tomarme todo el tiempo necesario, de tocar temáticas que nos desbordan desde otros puntos de vista, para ver si es posible aclarar, recordar, provocar la reflexión, el entretenimiento conmovedor, la re-conquista de la fragilidad del cuerpo ante el bomberdeo de secuencias, imágenes, de relatos audio-visuales, que pareciera nos hubieran llevado a una insensibilidad lamentable. En fin. Y, si esta conversación íntima es escuchada por un oído externo, entrometido, que considera importante su contenido, pues que lo lleve, que le abra nuevos horizontes. Que internacionalice su visión. Curioso. Han pasado varios meses después de la primera presentación de "Beatriz..." y me encuentro con una sucesión de palabras que hacen parte de un mapa inimaginado. Que me comprueban que este ser camina o vuela o serpentea o nada. Que se mueve, que está vivo. He sido testigo en las presentaciones donde he estado presente que la pdelícula conmueve. A veces me dicen, su película está en competencia... ¿Competencia? ¿De qué? ¿Contra qué o quién? En el fondo una voz me dice: ¿Cómo va a estar compitiendo esta película si lo único que propone es una reflexión sobre el papel del arte en el destino de la humanidad, el compromiso del artista como relator del destino trágico de la humanidad…? Si lo único que cuenta es la obsesión de una señora artista colombiana que se volvió víctima de la historia de su país y decidió colaborar simbólicamente a darle justa sepultura a los innumerables muertos de su patria... Extraño oficio de concursante y competidor en el que caemos o en el que el oficio nos confina. Todo es cuestión de imagen. Imagen para las imágenes que hacemos, imagen para la imagen que queremos darnos a nosotros como artistas, como pensadores, como relatores.
Imagino a veces que realmente soy independiente y no caigo en eso. Pero empieza esa duda ¿será que más allá de los festivales, donde si a uno le va bien, llegan 500 personas a ver la película, podremos llevarle al "público en general" nuestro trabajo? Será que sin el peso mediático que teóricamente agregan a la película los festivales sobrevivirá en el tiempo? ¿Será que lograremos rentabilizar esta inversión económica, energética, creativa, que hemos depositado en la película? Vaya a saberse. Recuerdo que mi plan local de distribución ha sido diseñado para que se presente en cementerios, en espacios funerarios, en fosas comunes y camposantos…
Había comenzado a escribir este texto unos días antes del infarto. Curiosamente estuve al borde de volver a los cementerios pero como cuerpo o cenizas. Hoy recibí la noticia de que Documenta Madrid no está interesada en mi película, recuerdo que mañana debía salir rumbo a Buenos Aires para acompañar mi película en el Bafici. La temática de la obra curada, o aceptada, o seleccionada, o bendecida por los peritos vuelve a ser relevante. La obsesión por llegar a un público ante quien la película sea útil desde el punto de vista de lo que el artista considera útil vuelve a ser preponderante. Ahora las órdenes médicas me piden, exigen, imponen, calma. Debo replantear la dosificación de la energía. Más que lanzarme con una lanza loca contra las aspas de los molinos de la industria me tocará convencer a ilusos divertidos y eficaces de que estos rituales cargados de reflexiones locales son importantes, necesarios, más allá del esplendor mediático de los eventos cinematográficos. Que la cinematografía documental en la que me he embarcado no es más que un detonador de pensamiento vestido con secuendias de dolor y risa, un trazo más de otro proyecto mayor de acción ética, de comportamiento ante los misterios de la existencia y un antídoto contra esta barbarie humana, bien encorbatada y engallada de bijouterie barata , que tanto dolor y miseria ha esparcido a lo largo y ancho del planeta redondo.

Los paseos de la muerte



Los paseos de la muerte son unas romerías que en muchas oportunidades deben seguir los usuarios rasos del sistema de salud colombiano. Consisten en unos desplazamientos entre quejidos y blasfemias a través de unidades de urgencia de hospitales que dependen de las entidades prestadoras de servicio, las cuales colocan unos anillos de seguridad, o filtros, para impedir que se les cuele alguien que según unos evaluadores, de dudosa procedencia o malintencionada instrucción, tenga una afección que no sea "de vida o muerte", y que requiera de la utilización de tecnología costosa. Ese fue más o menos mi caso. Fueron desafortunadas cuarenta horas de dolor, desconcierto e indignación que terminaron con un infarto grave que me ha tenido ya 12 días en el hospital.

Como la Parca a veces se despista, al parecer se enrumbó en la esquina y se le olvidó recoger el bulto que tenía haciendo cola en la próxima parada de su carroza mortuoria, dejando a su contenido padecer conectado a un servicio de cuidados intensivos, ligado a los líquidos vitales por mil tubitos y sedado por gruesas dosis de morfina. No era el momento, todavía.

La sabiduría del corazón se enriqueció con dolorosas vivencias de otros pacientes multifacéticos que derramaban sus quejidos en la larga galería de camillas. Ojalá que esta infusión de realismo abrupto ayude a apaciguar muchos afanes que tanta pelotera humana, tanto insólito cataclismo terráqueo, tanta porquería social, tanta partícula mugrosa en el aire, nos traen a diario a las ventanas múltiples del cuerpo, el apartamento, la vida.

Mientras, preparo un temita por los lados de la Sierra de Santa Marta a ver si los hermanitos mayores, tan maltratados ellos, nos dan algunas pistas elementales.


Les va un abrazote desde esta salita del hospital San Ignacio desde la que logro, por fortuna, acariciar un boceto de los cerros orientales bogotanos.






viernes, 14 de enero de 2011

Feliz año y buenas noticias: FIPA 2011


¡Por fortuna fuimos al mar! El agua, la madre, la patrona que tanto azotó a Colombia a finales del 2010, fue también la dócil niñera que me libró de ese cansancio almacenado en un año de mucho trabajo. Fuimos al Caribe y tuvimos el privilegio de nadar, cantar, leer, comer, beber, vivir profundamente con amigos de los buenos y exterminar toxinas, descargarle a los sueños malos recuerdos, retonificar con vitamina sol esta piel enmohecida por el frío bogotano. En fin. Dejemos para después la croniqueadería y contemos alguna noticia interesante para comenzar el año. Aquí va este comunicado de prensa que habla de los planes nuevos y resume las acciones de la peli Beatriz G, durante el año anterior.


BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ?
Competencia oficial FIPA 2011- Sección documentales de creación.

El largometraje documental COLOMBIANO BEATRIZ GONZALEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ?, realizado por Diego García-Moreno se presentara el 28 y 29 de enero en la competencia oficial del festival internacional de programas audiovisuales FIPA, dentro de la categoria documentales de creación, que abrira su versión numero 24 en la ciudad de Biarritz, Francia.
http://www.fipa.tm.fr/en/programs/2011/beatriz-gonzalez-21930.htm
Esta película producida por Lamaraca producciones con el apoyo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia, también hace parte de la selección oficial del BAFICI de Argentina que se llevará acabo en Buenos Aires en el mes de abril.
BEATRIZ GONZÁLEZ continua así el recorrido de festivales que inicio en el 2010, con su presencia en, la clausura del Festival Internacional de Cine Sin Fronteras de Medellín, la gala de inauguración de la Muestra internacional documental de Bogotá, la selección Doc BsAs y su participación en la competención oficial en el Festival Internacional de Cine de Cali, y el Festival Atlantidoc de Uruguay .
Estableciendo una relación privilegiada entre el arte y la cinematografía, este documental de creación fue seleccionado por el SALON DE ARTISTAS NACIONALES para las jornadas inaugurales que se realizaron en Barranquilla y Santa Marta, quedando pendiente la presentación el próximo 9 de febrero en Cartagena.
Para su difusión nacional, el equipo de Lamaraca prod. ha diseñado PROYECTANDO MEMORIA, un peregrinaje artístico por los espacios funerarios de Colombia, utilizando el cine, el arte y la reflexión como un acto de reparación y sanación ante la devastadora muerte violenta que ha desangrado el país en las últimas décadas. Ya se han realizado presentaciones en el Cementerio Central de Bogotá y en el cementerio de San Lorenzo de Medellín.

Para mayor información, visitar:

http://www.lamaracaproducciones.com/
http://www.facebook.com/pages/Proyectando-Memoria/109208502477262
http://diegogarciamoreno.blogspot.com/

O escribir a
mailto:lamaracaprod@yahoo.com

lunes, 15 de noviembre de 2010

Contra Escena
CINE EN EL CEMENTERIO.

14/11/10| Por:sandroromerorey

Diego García siempre me ha rimado con la Dirección de Fotografía. Sé de su existencia desde hace muchos años, cuando era estudiante de cine en Francia junto a su hermano Sergio. Los llamaban ¿los hermanos Taviani¿, como sus émulos italianos. A su regreso a Colombia, Diego y quien escribe nos cruzamos en el rodaje de dos de los documentales memorables de Luis Ospina (¿Antonio María Valencia: música en cámara¿ y ¿Ojo vista, peligra la vida del artista¿) donde Diego ofició como el hombre de las luces. Años después, coincidimos por las mismas calles parisinas, mientras él armaba proyectos imposibles de largo metraje y rodaba, sin ningún afán, las imágenes de lo que luego sería uno de sus trabajos más destacados: ¿Las castañuelas de Nôtre Dame¿. En el nuevo milenio, ambos sentamos cabeza en Bogotá, tuvimos hijos casi el mismo año (por supuesto, cada uno con su respectiva fémina) y tomamos resoluciones contundentes con respecto a nuestros destinos: haríamos lo que realmente nos diera la gana. En ese sentido, Diego ha triunfado. Al decidir que la utopía del cine en Colombia no está de su lado, optó por inventarse su propia manera de distribuir sus películas. Con ¿El corazón¿, para no ir más lejos, ha viajado por todo el país, con el film en su mochila, inventándose foros interminables con los espectadores y convirtiendo el acto de la proyección en un punto de partida para la reflexión. Diego no le ha querido vender el alma a ningún diablo. Cada vez es más rebelde, más intransigente y más convencido de la eficacia de sus trabajos. Por eso, luego de reencontrarnos en el Festival de Cine de Cali, donde presentó su último documental sobre la artista Beatriz González (titulado ¿¿Por qué llora si ya reí?¿), le pedí el favor de que me dijera cuándo sería otra proyección de su nuevo largo. ¿La próxima vez será en el Cementerio Central de Bogotá¿, me dijo, con una temible cara de palo. Al principio pensé que me estaba tomando del pelo, pero luego me di cuenta de que me estaba cursando una invitación. Sí. La proyección de ¿Beatriz González, ¿para qué llora si ya reí?¿ sería el 11 de noviembre del año de gracia de 2010. No lo dejé pasar por alto y, acompañado de Vivian Newman (quien sólo admite bailar con parejos como Diego) nos fuimos a la cita funesta. Yo sabía que en el Cementerio Central le habían rendido un homenaje a Jairo Pinilla (el conocido ¿Ed Wood colombiano¿) y, poco antes de morir, Carlos Mayolo había seguido la saga con una memorable proyección de su ¿ópera prima¿ titulada ¿Carne de tu carne¿. En este caso, Diego había sido invitado a un evento insólito: ¿El primer encuentro de cementerios patrimoniales de Colombia, gestión y valoración¿. ¿Por qué a Diego? Porque su película era la recuperación del trabajo de Beatriz González con las nueve mil lápidas del derruido columbario del camposanto capitalino y, prácticamente, dicha necrópolis era su principal locación. Así que hasta allá rodamos, en una noche helada donde, por fortuna, no cayó ni una sola gota de la infinita temporada invernal colombiana, que me adelanto a llamar ¿la temporada infernal¿. La proyección estaba programada para las seis y treinta de la tarde, pero todo se atrasó. No puedo decir que esto era típico de los encuentros de cementerios patrimoniales, por razones obvias, pero no nos arrepentimos, puesto que tuvimos tiempo para conversar con Diego y luego para oír una interesantísima ponencia, que limitaba con el surrealismo, donde una ¿especialista¿ del cementerio de Barcelona explicaba las ventajas de su propia necrópolis, como si ella fuese la directora de la oficina de turismo del Más Allá. Diego nos contó que no quería haber hecho la proyección en la capilla del Cementerio Central sino en el mismísimo columbario, puesto que allí era el epicentro de la obra de su homenajeada. ¿Menos mal¿, pensamos con Vivian al unísono. De lo contrario hubiésemos sido los próximos habitantes del camposanto, víctimas del frío sobrenatural que allí reinaba. Por fin, a las nueve y treinta de la noche, la película de Diego García-Moreno vio la luz. Hora y media después, entendimos la insistencia de Diego por hacer la proyección en el columbario. Nuestro amigo quería organizar una instalación que funcionase como el hombrecillo de la antigua lata de la Avena Quaker (ya se sabe: un hombre que sostiene una lata en la que se ve a un hombre que sostiene una lata en la que se ve a¿). En este caso, una proyección en un columbario, donde se ven las imágenes del columbario, etc. Y, por supuesto, ello justificaría esta nota, el hecho de que esté publicada en un espacio donde se escribe sobre las artes escénicas. Porque, una vez más, insisto. Las artes escénicas cada vez más dependen de las artes plásticas. Y éstas dependen cada vez más del cine. Y las artes escénicas cada vez más son ejercicios dancísticos, en fin. En el arte, todo ya es todo. El evento del Cementerio Central era un ¿performance avant la lettre¿, si se me permite el políglota juego de palabras. Por su parte, la película ¿Beatriz González, ¿por qué llora si ya reí?¿ es un fresco impresionante sobre la historia colombiana, a partir de una reflexión sobre el tema de la muerte. La obra de González en el cementerio es un punto de partida, pero el punto de llegada apunta mucho más lejos. Es un viaje al Hades nacional, donde García actúa como Caronte. Al comienzo, el realizador se plantea la pregunta: ¿por qué una artista como Beatriz González, que tanto había hecho reír a su público con su ácida versión de los acontecimientos locales, se decide a pintar un autorretrato donde se la ve llorando? La respuesta la da la misma Beatriz: la realidad colombiana ya no es motivo de burla, después de lo sucedido en el holocausto del Palacio de Justicia. Tomando como hilo conductor la historia de Beatriz González, Diego se encarga de contar la historia de Colombia y su obstinada relación con la muerte. Desde los suicidas del Sisga, pasando por el estatuto de seguridad de Turbay o diseccionando a Belisario Betancur con sus altos mandos militares, la obra de la artista santandereana es un pavoroso motor que impulsa a la reflexión sobre un país y a contarnos cómo la historia del arte también se tiñe de sangre. No creo equivocarme si digo que el film de Diego García es una obra de madurez, que consolida el recorrido de un artista y, al mismo tiempo, es la historia universal de la infamia colombiana. Creo que, guardadas proporciones, este trabajo es equivalente a obras como ¿Un tigre de papel¿ del citado Luis Ospina, ¿El abogado del terror¿ de Barbet Schroeder o ¿Guest¿ de José Luis Guerín. Películas-río, donde un tema (una artista, un hombre de izquierda, un abogado, un realizador en los festivales de cine¿) sirve como hilo conductor para contar una totalidad, un universo, una generación, un macrocosmos. Tanto Vivian como yo, quedamos consternados. E igual sucedió con la centena de necrófilos que fueron, que fuimos, al Cementerio Central. Allí supimos, a su vez, que el recorrido del film no será en las gastadas salas de cine del país, según García. Las proyecciones se harán en los distintos camposantos nacionales (San Agustín, fosas comunes, cementerios de distintas religiones, templos¿). Ya tiene trazado todo un mapa. Yo lo seguiría de todo corazón, pero el tiempo no le da tiempo al tiempo. Le di, le dimos, las gracias a Diego por la invitación y salimos del cementerio. Buscamos el carro, salimos en reversa, antes de que nos diera la medianoche. Pero nos perdimos. Increíble pero cierto. Nos perdimos en el laberinto de nuevos columbarios. En una oscuridad digna del film ¿La noche de los muertos¿ de mi pariente George A. Romero, seguíamos el rastro de los focos pálidos del Volkswagen de Vivian y comenzamos un asfixiante recorrido en redondo. ¿¡Diego!¿, gritamos al unísono. Pero el cementerio ya había sido cerrado. Por fortuna, en la cripta donde yacemos, hay espacio para escribir estas líneas. Esperamos que algún alma buena se encargue de rescatarnos y de llevarnos a un sitio seguro. El histriónico Diego García-Moreno se ha salido con la suya.

por: sandroromerorey - (0 comentarios )
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jueves, 11 de noviembre de 2010

Mensaje para la Inauguración del 42 Salón de Artistas

He solicitado a Sally que lea ante los presentes estas palabras.

Bogotá, noviembre 11 de 2010


Mensaje para el acto de INAUGURACIÓN DEL 42 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS en La Cueva- Barranquilla


“Al tiempo que mi película BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ? participa en la jornada inaugural del 42 Salón de Artistas Nacionales en Barranquilla, en presencia de la artista que la inspiró, a la misma hora, en el Cementerio Central de Bogotá es proyectada en la clausura del primer encuentro de Cementerios Patrimoniales de Colombia donde estaré presente. ¿Azar o destino? De todas formas, afortunada coincidencia que simboliza el espectro del “quéhacer” artístico y el profundo compromiso que el cine documental tiene con el devenir del territorio que le da su sentido de existencia.

Cómo quisiera estar con ustedes en el recinto donde se celebra el arte y se rinde homenaje a la maestra que dio pie al relato que van a ver. Pero el plan de difusión para esta película, como un nuevo plan de rodaje, es una larga ruta, como un eco a la labor de la maestra y como un acto de reflexión y reparación con la muerte violenta que ha invadido a Colombia; entonces debo permanecer solidario, estar presente para darle inicio al ritual. En esta oportunidad, el arte peregrinará entre espacios funerarios: Imágenes y ánimas, fantasmas y presencias se conjugarán ante los espectadores con el propósito de reflexionar y celebrar la vida.

Para todos los artistas de Colombia, para los gestores de la cultura, para todos aquellos que ayudan a la creación y circulación de nuestras obras, un gran abrazo. Espero poder acompañarlos en la segunda etapa de su recorrido Caribe.”


Diego García Moreno

¿Azar o destino?

HOY , 11 de noviembre 2010,¿azar o destino? BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ? Inaugura el 42 salón de artistas en Barranquilla. Y clausura en el cementerio central de Bogotá El primer encuentro de Cementerios Patrimoniales. El arte crea su territorio... o lo reconstruye... o lo vive?

jueves, 21 de octubre de 2010

La película Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí? inaugura la Muestra Internacional Documental El documental Beatriz Gonzá



El documental Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí? de Diego García Moreno será la película de inauguración de la edición 12 de la Muestra Internacional Documental. El evento que se lleva a cabo del próximo 25 de octubre y hasta el 31 del mismo mes, es organizado por la Corporación Colombiana de Documentalistas Alados-Colombia en asocio con el Ministerio de Cultura, y una de las novedades de este año es la realización del seminario “Miradas sin fronteras” que contará con invitados de Alemania, España, Brasil y Estados Unidos, y que estará abierto al público en general.




Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí? es un documental colombiano, de 77 minutos, que se plantea la pregunta: ¿Qué le pasó a la pintora Beatriz González, quien tantas veces nos hizo reír con la ironía de su obra, para que un día llegara a pintarse un autorretrato desnuda llorando? Desde hace tres años, mientras Beatriz elaboraba el proyecto Auras anónimas -una faraónica intervención con nueve mil lápidas en los columbarios del cementerio central de Bogotá- me di a la tarea de seguirla para contestar esa pregunta. El resultado es un documental que devela la ruta de una obra que acompañó el día a día de un país que durante más de medio siglo ha deslizado hacia la tragedia. “...Me fascinó la puesta en escena de su palabra en frente de su trabajo y confrontada a la historia reciente de Colombia. La película me parece el relato de una reflexión al mismo tiempo artística, política y humanística”, comentó sobre el documental, Luciano Barisone, director del Festival dei Popoli de Florencia, Italia.

Su director, Diego García-Moreno, lleva más de veinticinco años dedicado a la creación documental explorando a través de personajes, espacios, objetos y símbolos el sentido de nuestro tiempo, nuestro territorio Colombia y de la humanidad que nos ha correspondido vivir. Partiendo de simples elementos compuso la trilogía Colombia elemental (1992), Colombia horizontal (1998) y Colombia con-sentido (2000); así como los documentales Las castañuelas de Notre Dame (2001), El corazón (2006), ¿Y como para qué de arte de qué? (2008) y ¡Danza, Colombia! (2009). Gran parte de su obra, coproducida con Francia –país en el que realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Cine Louis Lumiere- ha sido proyectada en canales europeos y en innumerables festivales cinematográficos.

Por su parte el seminario “Miradas sin fronteras” invita a realizadores, investigadores, productores, docentes, estudiantes y todos aquellos interesados en el lenguaje y la reflexión acerca del género documental, a compartir durante cuatro días, del 26 al 30 de octubre de 2010, de 9 de la mañana a 12 del mediodía, la experiencia de Volker Koepp (Alemania), realizador de Sommergäste bei Majakowski y Wir haben schon eine ganze Stadt gebaut, cuyo cine se centra en un número reducido de personajes a los cuales dota de voz protagónica para que relaten de primera fuente la historia personal y colectiva de los pueblos de Europa del Este, es considerado uno de los documentalistas más importantes de Alemania y su última película Flor de lila resultó ganadora en el Festival Cinema Du Reél en el año 2008; Marta Andreu (España), actual coordinadora del Máster en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona); Lawrence Hott y Diane Garey (Estados Unidos), empezaron a trabajar juntos en el año 1978 como miembros del consorcio Florentine Films, en 1981 fundaron Florentine Films/Hott Productions Inc. Y han recibido premios como el Emmy, dos nominaciones para el Oscar, cinco premios del American Film Festival, catorce premios Golden Eagle del CINE, un premio George Foster Peabody, entre otros; Orlando Senna (Brasil) director Presidente de TAL (Televisión América Latina), inició y dirigió el proyecto de TV Brasil en 2007, creador y promotor de DOCTV Iberoamérica, propuesta asociativa entre TVs Iberoamericanas para la producción de documentales; Daupará (Colombia), experiencias documentales de y desde las comunidades indígenas colombianas vistas por sus creadores, las producciones participantes en la 12ª Muestra Internacional provienen de los pueblos Nasa, Arhuaco, Kogui, Wiwa, Kankuamo, Wayuú, Awá, Embera y afrodescendientes.

El valor de inscripción para el seminario es de 120 mil para profesionales y 60 mil pesos para estudiantes, para mayor información se puede escribir al correo electrónico muestradoc@gmail.com. Para mayor información del documental Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí?, se puede consultar y www.diegogarciamoreno.blogspot.com.

viernes, 17 de septiembre de 2010

OPINIONES de directores y críticos sobre "BEATRIZ GONZÁLEZ ¿POR QUÉ LLORA SI YA REÍ?"


…El film es emocionante. Me gusta mucho la fluidez con que se entrelazan los diversos relatos: la palabra de Beatriz, las obras del pasado, las pinceladas, los archivos y la relación con los obreros en los Columbarios. Y, como si fuera poco, es un verdadero curso de historia: no aquella que nos cuentan en los libros, sino la del pueblo y sus sufrimientos.

Nicolas Philibert, documentalista francés

... después de ver este documental, la primera lección que aflora es la existencia de una gran artista, y su búsqueda incansable de todos los días durante cuatro décadas, ensayando formas atrevidas e imperfectas para no dejar escapar un ser de mil rostros y mil brazos…. la segunda lección del documental: el conocimiento del material del que está hecha esta obra, que es no es otro que nuestra historia.

…La tercera, es el documental mismo: tanto silencio, tanta discreción, tanto desaparecer para que aparezca el arte, es también arte...

Víctor Gaviria – realizador colombiano de cine

…Me fascinó la puesta en escena de su palabra en frente de su trabajo y confrontada a la historia reciente de Colombia. La película me parece el relato de una reflexión al mismo tiempo artística, política y humanística.

Luciano Barisone- Director Festival dei Popoli, Florencia, Italia

…Es afortunado que en este momento aparezca el documental sobre Beatriz González (su era de risa y su era de llanto) de Diego García Moreno. Es el resultado de la exhaustiva exploración de esta “artista de provincia” que durante cuatro años accedió a un monólogo interior hecho frente a una cámara muda, presencia que llegó a ignorar y que constituye en su cuidada edición el duro y veraz testimonio de una artista que se debe toda al país en que nació y cuyo arte es universal. …Gracias a Beatriz. Y a Diego.

Ana María Cano, editorialista, El Espectador

…Un documental que es luz y bruma, sol e invierno. Y que es lúcido y visionario. Dos artistas unidos por su capacidad de decir, de documentar nuestra realidad y trascender la anécdota. Beatriz González y Diego García dejan un fuerte testimonio de lo que está pasando en Colombia. Es el artista como relator de su tiempo.

Beatriz Mesa- Periodista- Generación “El colombiano”

…las imágenes se deslizaron por mi condición individual a manera de testigo que ha sabido de la historia reciente en Colombia, como un viaje cifrado por el desconcierto, la tristeza, el repudio ante la que ha sido nuestra forma desalmada de matarnos vs. la salvación que permite un documental como el tuyo para reencontrarnos en la pantalla.

Hugo Chaparro – escritor y crítico de cine

lunes, 30 de agosto de 2010

BEATRIZ por Ana María Cano

Ana María Cano Posada | 12 Agosto 2010 - 11:15pm

Beatriz
Por: Elespectador.com
CANSADOS ESTAMOS DE IDENTIFIcaciones socorridas con motivo de las efemérides y de palabras vacías pronunciadas para encontrar un hecho fundacional en este país ausente de referentes.
Se acudió a próceres y a historias patrias, a nuevos caudillos, sin que concurrieran en esta orfandad fuerzas más íntimas para poner en pie una voz ni una idea con la cual reconocernos como colombianos abarcados por un mismo legado. Esta insatisfacción de pátina política durante 200 años de república tiene un remedio a mano que debe suministrarse en la dosis indicada para ir conjurando la anomia que padecemos.
Y es que faltaba excavar en otra cantera para encontrar la persistencia y la coherencia de alguien que ha entregado su talento a la búsqueda de lo que Colombia siente e ignora. Por esto es afortunado que en este momento aparezca el documental sobre Beatriz González (su era de risa y su era de llanto), de Diego García Moreno. Es el resultado de la exhaustiva exploración de esta “artista de provincia”, que durante cuatro años accedió a un monólogo interior hecho frente a una cámara muda, presencia que llegó a ignorar y que constituye en su cuidada edición el duro y veraz testimonio de una artista que se debe toda al país en que nació y cuyo arte es universal.
A pocas naciones les ha tocado en suerte un artista que dé cuenta suya. Porque son escasos los que logran tener clara su obra y el sentido de lo que hacen como para ser representativos, sin que su propósito sea patriótico ni mucho menos encarnen la identidad nacional, términos peligrosos por los excesos que engendran.
Franz Kafka es Checoslovaquia como Van Gogh es Holanda y Goya, España. Buscar un artista en Colombia sin época ni moda ni lo reconocido que sea en el mundo, como el Botero de ayer o la Doris Salcedo de hoy. No es un asunto de galerías ni de circuitos comerciales, porque Andy Warhol es para Estados Unidos más que el testimonio del consumo y del sueño americano, es el dolor de sí mismo puesto afuera para ser explorado y por eso significa tanto para el mundo entero.
A Beatriz González en su comienzo la encasillaron en el arte pop y la llamaron de las bienales para que fuera controversial, cosa que le choca tanto como cuando le dicen que es muy inteligente. Ella sólo recuerda que su papá le mostraba paisajes y naturaleza y le decía ‘ahí viene la niña que va a ser artista’. A ella la nutre el gusto popular, la imagen vista a través de los medios, donde encuentra lo visto de forma no vista. Y motivos del arte universal, o recortes de periódicos, o corazones de Jesús o últimas cenas, con la sorna en el color y el sello de su pintura, que fueron sus motivos iniciales, se transformaron con el Palacio de Justicia al dolor que entró a protagonizar su obra honda y diversa. Los desplazados, las viudas, las masacres embargaron sus obras.
Esto está mostrado en el documental en sus propios tonos, con su propia voz, con la música que la inspira, como la lección que necesitamos oír de una maestra a sus alumnos. Esta tarea bien cumplida por un documentalista avezado como Diego García, se agradece. Pero apenas comienza la misión de entregar al país este gran retrato que le pertenece, de alguien que ha hecho una mirada colombiana, universal, penetrante, talentosa. Una letanía dolorosa que sabe entonar y que sólo una voz creíble y un ojo humedecido como el suyo pueden remover la sequedad renuente. Una peregrinación le espera a este documental de Beatriz González con la solidez de su vida y obra. Gracias a Beatriz. Y a Diego.

jueves, 26 de agosto de 2010

HUGO CHAPARRO carta tras ver el documental BEATRIZ G....

De: Hugo Chaparro
para: usuario

24 ago 2010

Diego querido,

No te había escrito antes sobre tu documental porque lo he visto varias veces y, justo anoche, en el peor de los insomnios, regresé a él y su visión, como la primera vez, me evidenció a través de la inteligencia formal y narrativa protagonizada por Beatriz González el hechizo al que hemos estado condenados desde siempre en este país que tan bien diagnosticaste con tu película cardíaca, El corazón. Suponía que te estarías preguntando qué sucedió con el entusiasmo que siempre ha despertado en este amigo tuyo el documental, más aún cuando siempre ha sido mi placer mantenerme como un espectador atento a tu trabajo. En el caso de ¿Por qué llora si ya reí?, mi demora en escribirte se debió a que las imágenes de la pantalla se deslizaron por mi condición individual a manera de testigo que ha sabido de la historia reciente en Colombia, como un viaje cifrado por el desconcierto, la tristeza, el repudio ante la que ha sido nuestra forma desalmada de matarnos vs. la salvación que permite un documental como el tuyo para reencontranos en la pantalla, reconocernos y pensar acerca de nosotros mismos a través del testimonio que ofrece Madame González. Leí entonces una semblanza que hizo de ella Carolina Vanegas en la que tu personaje asegura que sin humor "sería insoportable una realidad tan irracional como la colombiana". Surge entonces el sentido de la pregunta sobre la risa que se anula después de la tragedia del Palacio de Justicia en el 85: ¿Es posible reír cuando tenemos tras nosotros un pasado sembrado de muertos? Aparte que el documental apareció ante mis ojos como la construcción de otra pintura: con breves pinceladas fragmentadas a través de la edición, completas progresivamente la mirada de Beatriz González que se prolonga en sus cortinas, en sus pinturas vendidas a retazos, en la inteligencia abrumadora de una artista que supo descubrir con las visiones del mundo popular una posibilidad creativa, considerada antes de ella de forma desdeñosa por los académicos del arte en formato nacional. Sus Divinos Niños, sus materas con texturas de uniformes para el camuflaje militar, los recortes de prensa que mira y repasa en la película, revelan que ante nuestros ojos ha pasado la historia y su brutalidad como escenas pasajeras que se rescatan en el documental, con la misma eficacia en contra de la amnesia que tienen sus pinturas. Aparte, el contraste entre el lead de Schubert que escucha Madame González mientras trabaja y el país que espera al otro lado de la ventana, confirman que el arte y sus bondades permiten una salvación, quizás precaria, pero salvación al fin y al cabo que permite reinventar la realidad que nos ha tocado en suerte. ¡Y qué decir del proyecto que trata de encerrar a los muertos que aún vuelan por el aire viciado de los columbarios! ¡Cerca a un parque llamado Renacimiento! La progresión y la repetición en cada nicho del muertito cargado en una hamaca, estremecen por lo que al final de la película se pregunta Beatriz -si puedo llamarla así, de manera familiar y cercana, aunque nunca la haya conocido pero siempre la he querido-: "¿Por qué siempre en Colombia se le pide a todo el mundo que repita lo que dijo?". Acaso porque es necesario, pensaría yo, que no olvidemos lo que se nos dice y lo que nos dice, en este caso, la historia, describiéndonos en el ámbito del Sagrado Corazón de Jesús, seguramente dormido o extraviado en alguna estratosfera mística cuando ya sabemos que se olvidó por completo de cuidar a este país. Diego querido, gracias, como siempre, por filmar y recrear con el vigor de tus imágenes lo que significa vivir en este rincón del mundo. Con un abrazo del tamaño que tiene tu trabajo, es decir, enorme,

Hugo

lunes, 16 de agosto de 2010

Beatriz G. un texto-carta de Rodrigo Pérez Gil

Date: Sat, 14 Aug 2010 12:25:22 -0700
From: luzagosto2003@yahoo.com
Subject: la vuelta del Corazón
To: diegogarciamoreno@hotmail.com

Diego,
Es como si el documental El Corazón trajera replegado este nuevo documental sobre Beatriz González, pues el corazón es el órgano amoroso de la repetición. Si hay unarepetición que enferma, por ejemplo la de Fernando Vallejo en su última novela El don de la vida, que no sale de la representación alrededor del cordón umbilical del autor, hay otra repetición que alivia y es ésta de Beatriz y Diego en este documental. La pintora lo dice, "Hay que repetir", y lo hace una y otra vez con los cuatro grabados
sobre las bóvedas del Columbario que muestran a unos portadores llevando en andas, en cada grabado, un cadáver hacia una fosa común, por fin hallada de manera simbólica en el antiguo cementerio restaurado con este propósito, para "sellar sus auras", las de aquellos desaparecidos por fuerzas oscuras a plena luz del día o al amparo de la noche. Estas vueltas al Columbario a lo largo del documental que muestran el proceso
de su restauración hasta sellar las bóvedas con los grabados de la pintora, creo yo, son el hilo conductor del hermoso documental. Si los poemas se aprenden de memoria(by heart, par coeur) es porque el corazón es el órgano amoroso de la repetición. Eros debe ser repetido, no puede ser vivido más que en la repetición, y es Tánatos (o la muerte en Colombia) el que proporciona la repetición a Eros, el que somete a Eros a la repetición, al calor de las canciones de Schubert y las otras piezas exquisitas que acompañan el trabajo de la artista en su taller y que nos reconfortan
en la visión del documental, una visión del grito más bien que del horror que late desde el arranque del documental.
¿Cuándo tenderemos la oportunidad de ver de nuevo ¿Por qué llora si ya reí?,
Felicitaciones de nuevo en tu aniversario,
Ro.

domingo, 6 de junio de 2010

¡Tenemos el afiche!

SUSANA CARRIÉ, artista plástica, diseñadora, amiga y maestra colombiana de las artes gráficas, se ha vinculado a la producción del documental "BEATRIZ GONZÁLEZ ¿Por qué llora si ya reí?" ocupándose de todo el diseño gráfico que acompañará el lanzamiento de la película. Este es el afiche que fue aprobado por el equipo de realización con gran beneplácito de la maestra Beatriz G. ¡¡¡Gracias Susanita!!!

sábado, 5 de junio de 2010

Invitación a los amigos interesados en arte y documental

Bogotá, junio 7 de 2010.


Querid@s amig@s:

“¿Qué le pasó a la pintora Beatriz González, quien tantas veces nos hizo reír con la ironía de su obra, para que un día llegara a pintarse un autorretrato desnuda llorando? Desde hace tres años, mientras Beatriz elaboraba el proyecto Auras Anónimas, una faraónica intervención con nueve mil lápidas en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, me dí a la tarea de seguirla para contestar esa pregunta. El resultado es un documental que devela la ruta de una obra que acompañó el día a día de un país que durante más de medio siglo se ha deslizado hacia la tragedia...”

Realizar un largometraje documental de autor en Colombia puede ser visto como un acto quijotesco, patriótico o quizás esquizofrénico. Los apoyos para la financiación son cada vez más reducidos y los espacios de difusión casi inexistentes, pero a pesar de esas limitaciones, algunos estamos convencidos de la importancia que tiene este tipo de creación y no desfallecemos. Gracias a esa convicción me encuentro a punto de culminar un nuevo largometraje documental colombiano: “Beatriz González ¿Por qué llora si ya reí?”. El hecho es que esta odisea -que tal vez tiene algo de todo lo dicho anterioremente-, dejó muchas facturas pendientes y en un futuro cercano serán muchísimas las que tendrá que saldar para lograr la calidad técnica que requiere su empaque final, su promoción, lanzamiento y difusión.

La maestra Beatriz, quien durante todo el proceso de grabación no tuvo idea de lo que yo estaba haciendo, al ver el corte final de la película reconoció en el film algo importante: el respeto que le dimos a su trabajo, así como la lectura ética del papel del artista en el mundo que ella promulga, y la re-escritura que hicimos del camino hacia la tragedia del país que su obra ha ido narrando durante medio siglo de labor artística. Ella, sorprendida al enterarse de las condiciones económicas con las que se ha producido la película me dijo:” Por Dios, yo no quiero ser cómplice de la quiebra de su familia. ¿Cómo puedo ayudarles?” Su ayuda se concretó en el ofrecimiento del tiraje gráfico de una de sus obras:“Voy desapareciendo como sombra que se alarga” (Salmos/109.23).

Entonces fui al Taller Arte Dos Gráfico donde mi amigo Luis Angel Parra, le mostré la película y, sin vacilar, decidió colaborarme con el tiraje en serigrafía de una de las versiones de Yolanda Izquierdo que la película había sido testigo de su creación. Los galeristas que han difundido la obra de Beatriz desde sus principios, Alonso Garcés, Alberto Sierra de la Oficina de Medellín y María Eugenia Niño de Sextante, aceptaron generosamente realizar un evento para presentar la película e invitar a sus clientes a comprar una de las copias. A sabiendas de que la obra de Beatriz cada día se afianza más en el panorama internacional del arte, comprendieron que una invitación de este tipo representaría no simplemente una colaboración con la película sino una inversión económica que a no muy largo plazo rendiría sus frutos a los compradores, sin mencionar lo esencial: el disfrute que significa convivir con una imagen cargada del peso plástico e histórico que la Maestra le infunde con toda su contundencia.

Querid@s amig@s , quiero extender a ustedes la propuesta. Los invito de corazón a los eventos y a que consideren esta inversión en el arte y en un documental que sabemos importantísimo en la memoria del país.
Un abrazo,
Diego García Moreno.

Para tener información detallada sobre los eventos y la obra, favor contáctenme a través de los correos:
diegogarciamoreno@hotmail.com
diegogarciamoreno@gmail.com
lamaracaprod@yahoo.com

miércoles, 12 de mayo de 2010

La cama destendida

LA CAMA DESTENDIDA

Si la cama no está tendida el aire enceguecedor del mediodía es puro lastre. Y si el final de la noche fue un jolgorio de alcohol revoloteando en las encías no habrá bestia capaz de arrastrar la carreta de la vida. El apartamento se llena de suspiros de acordeón con fuelle roto y mi cráneo con aullidos de buses frenando en seco y alarmas de bomberos o ambulancias asesinas que ahogan con desprecio un motín acalorado de taladros.

Todo truena, los tenedores , los olvidos, y este chorro de humedad que intento acomodar en el vaso donde tu labial aun respira.

Me atacan estas ganas de llamarte, de invitarte a invadir esa cama destendida, de agarrarme a tus barandas limpias, a tu sabor a café amargo y naranja fría, de lubricar esta sequía entre la neblina calma, oscura, extensa, que conduce al mar donde supongo se disuelven los remordimientos , las vergüenzas, las mentiras.

Pero tus manos vagan en teclados blancos y lejanos. Tus pensamientos fabrican el pan amasando transacciones hasta que llega la noche y entras y suspiras y me miras con una pisca de desprecio y me hablas simulando la ternura:
-¡No jodás, querido! Tendé esa cama, limpiá la cocina, abrí la persiana, ponete las pilas… preparame la comida.

Mayo 12 de 2010

martes, 11 de mayo de 2010

11 de mayo

japiberdei.....
Mi hijo cumple hoy quince años
Pero hace siglos se lanzó al río

embolate......
Las que creía perdidas, las palabras,
Dormían en la misma almohada
Donde mis pesadillas tejían
Desilusiones macabras
Escarpines y carcajadas

internet.......
Cuando pienso en poesía
intento comunicarme con mi amigo
gabrieljota@hotmail.com
pero algo me avergüenza y vuelvo al chat

Relleno de olvido el escritorio
y espero
que su nuevo libro llegue ataviado de papel
envuelto en color de naturaleza muerta
espero
verlo armar nido junto al farol de la noche
vigilar el pacto en apariencia silencioso que
sellaron por costumbre unos ojos fatigados
y un alboroto desconsolador
de párpados y pupilas.


ciberespacio.......
Lanzando atarraya en la red
He pescado medusas y tiburones.
Un día, bruscamente caí de la canoa
Y la corriente me llevó hasta un puerto
Donde los náufragos virtuales
Con ojos desorbitados y sedientos
Devoraban las carcazas inodoras
De blogs escuálidos
Y amantes secas,
interactivas
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.