martes, 22 de enero de 2013

DJ papá



Nos acostamos a las 10. El despertador sonó a las dos y media de la mañana. Nos tomamos un café y con mucha decisión salimos para allá.
Tata-ta-ta-tá, Tata-ta-ta-tá, Tata-ta-ta-tá...
A pesar de la oscuridad y el hacinamiento, logramos armar camino hasta la mitad de la pista donde intermitentemente se dibujaban las siluetas en la tarima. Siente  el ritmo, gesticula, baila. Tata-ta-ta-tá, Tata-ta-ta-tá, Tata-ta-ta-tá...
Que por qué está usted aquí, me preguntó al oído una muchacha encomendada por unos extranjeros grandotes que movían su humanidad al compás atronador del hiper-repetitivo bajo electrónico. Dígales que seguramente por las mismas razones que ellos. Me dieron ganas de decirles que tal vez porque soy vendedor de pepas o de bazuco o que quizás porque me gustan los jovencitos como ellos o que a ellos qué les importa. Pero todo era cool y sonreí.
Unos tubos luminosos empezaron a bailar en la pared. Cuatro reflectores azules mandaban bocanadas de luz que rebotaban en las caras de la gente. Aumenté la mímica de mi danza. El sótano de la discoteca estaba repleto. Una muchachita sorpendida me miraba. En un instante de luz lanzó un grito inaudible:
-¡El abuelo!
Mis canas, arrugas y el perfil de la barriga  me habían convertido en  una atracción de circo. Aguanté, me disolví, bailé, no les conté que soy el papá del DJ.
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.