martes, 28 de mayo de 2013

¿PAISAJE ETERNO?


Cementerio de La Palma, Cundinamarca, Colombia.
La tierra entera es un cementerio. Cada ser vivo es paisaje y abono de un paisaje fugaz, volátil, pasajero. Son millones de años acumulando en la corteza del planeta los restos de esos particulares instantes animados de formas que llamamos vida. 

Me lo dijeron en el colegio: Los seres vivos son aquellos que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Me lo dijeron en los templos: polvo eres y en polvo te convertirás. 

Caen al piso las hojas de los helechos y los dinosaurios, los peces vela, las hormigas,  las flores, los tucanes.

El viento y las tormentas, la peste, el fuego y la fatiga, las aguas desbordadas o estancadas o profundas, la enfermedad, el hambre, el odio y el hastío y, sobre todo,  aquel extraño designio llamado edad, son cinceles de la muerte que esculpen los atuendos del planeta.

Es reciente esa costumbre de colocar sobre el ser muerto algún signo,  una piedra, una cruz, una flor, una palabra. Hace muy poco que una forma de vida añora la presencia de sus propios pasos y trata de coronar con geometrías su efímera existencia. 

Mi padre y mi madre optaron por ser incinerados y sus cenizas reposan en el sótano de una iglesia. Da igual. Otro manto invisible envuelve el paisaje y en vez de nube o penumbra lo cobija con llantos o sonrisas. Sigue el universo su ruta hacia el vacío y, por pura vanidad, para aburrirse menos, de repente se mira en el espejo.

Diego García Moreno
mayo28 de 2013- Bogotá.


He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.