domingo, 9 de febrero de 2014

1.Diario de viaje a Suramérica. Enero 2014. El despegue.

Abordaje.

El treinta y uno de diciembre de 2013, a las diez y media de la noche, Sally y yo nos embarcamos en un avión rumbo a Santiago de Chile. Durante todo el mes de enero de 2014 estuvimos viajando. Escribí un diario y tomé miles de fotografías. A partir de hoy lo publicaré ilustrado con algunas de esas imágenes.  Santiago, Valparaíso, Isla Negra, San Pedro de Atacama, el Salar de Uyuni, Potosí, La Paz, Copacabana y la Isla del Sol en el lago Titicaca, Puno, Cusco, el valle de los Incas, Machu Picchu y Lima, fueron escalas de este periplo.  Los buses, el mar, los camperos, el desierto,  rieles y trenes,volcanes, aviones, largas caminatas, nevados, dolores de espalda, restaurantes y plazas de mercado, el paisaje, la historia, los encuentros,  la fascinación, las piedras del camino y las talladas por los incas, los amigos, los sueños, los moteles, y otra vez los sueños, los hostales, los bed & breakfast, el deslumbramiento y los recuerdos se ensartan en un relato que quiero compartir con los lectores de este blog.  Es una invitación a empacar maletas y salir a viajar o simplemente una forma de ampliar la nave y abrirles campo con derecho a ventanilla para que nos acompañen en esta deslumbrante travesía. Saquen la cabeza y reciban el viento, despelúquense y sonrían. En caso de necesidad, bajo el asiento está la bolsa de mareo.  




I. En el avión del  31.
Cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. ¡Feliz año, mi amor! Chocamos los cristales, suena el baccarat aunque bebamos champaña francesa en copas acrílicas y nos damos un beso. Que sea el mejor de tu vida, corazón. Las dos pereiranas del asiento de enseguida levantan las suyas, las chocan contra las nuestras, nos  desean feliz año y les estampamos un beso en la mejilla. Y empieza la repartidera de abrazos a las azafatas, a los aeromozos, a los pasajeros de cualquier municipio o nacionalidad que se encuentren a nuestro lado. Sobre la profunda selva amazónica,  a 38 mil pies de altura, el aerobús 330, prosigue su rumbo con destino a Santiago de Chile.
-Donde estés, hijo, te va un abrazo, que tengas un feliz año.
Debe estar en Cartagena celebrando en un bar, en un centro de convenciones, en una playa. A lo mejor está moviendo el disco de acetato con sus dedos, dándole al punchis- punchis con toda la dosis de su ritmo aprendido y heredado. Bailen, bailen, bailen allá que pueden. Nosotros nos declaramos errantes por un rato, astronautas  a la deriva  en busca de galaxias desconocidas en un pedacito del universo llamado tierra. Vagabundos, mochileros, exilados, apátridas, ausentes, ausentes. Bienvenida la aventura.


-En nombre de Avianca  y toda la tripulación les deseamos un feliz año, dice el capitán a través de los parlantes.
No hay duda, estamos despegando el 2014 en las alturas, con una innegable sensación de dicha a una velocidad de crucero de 871 kilómetros por hora.  Cambiemos los rituales, querida. Vámonos. 
Faltando dos minutos para las doce, Sally dormía. La desperté suavecito, con cuidado, ella refunfuña cuando uno la despierta. Pero en esta ocasión no protestó, se frotó los ojos, sonrió y se alistó para el brindis. Mis padres nunca celebraban el feliz año. Se acostaban y a eso de las doce, cuando estábamos por ahí, corríamos a darles el abrazo, o los llamábamos por teléfono si el ágape era lejano.  Los despertábamos tan pronto había pasado la pelotera de los buenos deseos mejilla a mejilla, cuerpo a cuerpo. Creo que nunca ninguno de sus hijos  les dejó pasar de un año al otro sin darles el apretujoncito tierno. Quién sabe qué efecto producía en ellos esta fecha. A lo mejor, en una época anterior festejaron ocultos entre sábanas sus proezas, eso de traer ocho hijos al mundo de alguna forma debe celebrarse, no sé si entre ellos cabe la expresión  “hicieron el amor”, lo que sí sé es que con los años se dieron la espalda y luego separaron las camas y luego los cuartos. Avatares de los viajes de la vida. A cada uno en su tumba le va un abrazo. Feliz año pa, feliz año ma… Vaya a saberse en qué estará pensando Tomás.  

Gana el cansancio. Es hora de dormir.  Hay muchas sillas vacías en el avión. ¿A quién se le ocurre viajar en esta fecha?  La mayoría prefiere pasar la noche de año nuevo en familia, entre amigos, emborracharse en su cuadra o en su finca, al lado del mar o del cementerio donde reposan los suyos. Querida, Voy para la fila de adelante, allá podré estirarme.  Hasta ahorita. Feliz año.
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.