miércoles, 1 de mayo de 2013

ODA AL SOFÁ






Ganó la gripa y el sofá. Perdió el  Real Madrid y enterraron al Barza. La Feria del libro fue una noticia más en la tele y en la prensa. Por fortuna una buena entrevista a Saramago en un pasquín me deja más inquietudes que un paseo entre hangares enormes repletos de estantes y compradores. Aprendí en Nat-Geo que por lo menos un kilo de mi peso lo componen microorganismos, bacterias y, por supuesto, el nuevo virus que al parecer se fue o está muerto o purgando una condena por torturador y asesino, por haberme desaguado por la nariz y los ojos, por haberme postrado con mala saña a rumiar una nube de incertidumbre y tonterías. Un agripado es un tonto. Está envuelto en una nube de modorra y desaliento. Es un ser culpable y despreciado. Basta la expresión de quien cruza la puerta: Por Dios, estás vuelto mierda. Ni te arrimes. Te conviertes en un objeto contaminante, digno de la hoguera y el desprecio. Por fortuna tengo un sofá. Un sofá de cuero. La herencia más amable que me haya dejado la civilización depredadora. Sólida estructura en madera pesada, gruesa, amortiguada con espuma sintética, supongo, y el todo envuelto en un suave cuero de mamífero gigante, extinto y bondadoso. Bien cosido, bien curado y bien teñido. Reemplazó mi lecho nupcial y el abominable catre de hospital, mantuvo su temperatura a pesar de las gélidas ventiscas de la sabana. Soportó los torrenciales aguaceros de estos trópicos andinos. Me acogió con cariño, sin emitir chirridos ni crujidos, mantuvo su actitud de matrona  imperturbable mientras la piel de mis fosas nasales perdía, kleenex tras kleenex,  su tersura. Fueron centenas de estornudos, variables dramáticos de todos los "aachijas", "achúus" "aaachiiís". Miles de llamados quejumbrosos y suspiros profundos o rotos  que se perdían en el tiempo inútil de la gripa.  Resfrío, constipación, enfriamiento, catarro, romadizo, gripa, gripe, influenza, gripa aviar, gripa aH1N1, gripa H5N1... gripa A, gripa B, gripa C. Pobres humanos, qué debilidad, cuán frágiles somos. Bienaventurado aquél a quien el destino le ha deparado pasar su afección en el lecho voluptuoso de un sofá.
  • Diego García Moreno.
  • Bogotá, mayo 1 de 2013 
He sido un cultivador de cartas... pero se extinguen los huertos, las postales, los destinos. Busco materos, balcones, ventanas, lienzos libres donde pueda sembrar mis dudas, mis palabras, las cascadas de imagen que a veces se me ocurren. Dale hombre, me han dicho algunas fieles amistades, invéntate un blog, escribe. Ya verás que es un buen andén para compartir tu risa, tu silencio, tus desdichas. Curioso, dócil, ingenuo, acepto jugar a lo impreciso.